Las tres creaciones insólitas de Klant Woss.

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Buenos días a todos. Os dejo aquí el prólogo y capítulo I de mi obra Las tres creaciones insólitas de Klant Woss.

 

Sinopsis:

 

 

Siglo XIX. La Revolución Industrial está transformando el mundo. Las poblaciones abandonan su silencio, entregándose a la agitación, la actividad ajetreada, y las nuevas creaciones que se elevan cada día.

La ciudad de Ox, en Stent, conocida por su imperturbable tranquilidad, la ausencia de acontecimientos, y la serenidad de sus gentes, recibe, un día, la llegada de un personaje, cuyos asombrosos conocimientos serán, de inmediato, el asunto más importante del lugar.

Las tres creaciones insólitas de Klant Woss es un libro escrito siguiendo los valores e ideales de la escritura lejana y elegante de siglos pasados, construido con una prosa refinada, y largamente trabajada, evocadora de la narrativa del momento, y persiguiendo, siempre, la creación de un ideal de expresión.

 

 

                                         Las tres creaciones insólitas de Klant Woss. David Wern.

 

                                                                             Prólogo

 

           Ésta no es una historia verdadera; tan sólo una narración inventada.

¿Debe creerse, pues, que lo presentado en sus páginas es de todo punto imposible?

Es necesario discurrir por este camino.

El hombre no deja nunca de crecer y progresar. Entrega, hoy, creaciones que ayer serían insólitas. Se encamina a horizontes que un día parecían lejanos, pero que hoy encuentra al alcance de su estudio y esfuerzo.

Sin embargo, el conocimiento de las gentes posee fronteras infranqueables.

No existe la manera de producir los asombrosos efectos recreados en este libro. No se encuentra, al alcance del hombre, el asombroso vigor que le permitiría encontrar el éxito, donde tantos hallan fracasos, en cuestiones que siempre le han preocupado. Acaso algún día se logre, y podamos contemplar, entusiasmados, la transformación de aquel sueño remoto en realidad visible y palpable. Pero es preciso pensar que ese momento queda aún lejano, por lo que no encontraremos mejor manera de advertirlo más que con prosa y palabras.

Las circunstancias narradas aquí se corresponden con algunos hechos históricos que quedaron ya muy atrás.

Algunos episodios pasados encuentran, de manera más rigurosa, un eco lustrado aquí; otros, arrancando de tales momentos, se alejan pronto de ellos, presentando unas formas que, si bien nunca se vieron, podrían haberse observado. En cualquier caso, todos los episodios de ciencia, historia, geografía, y gobierno, proceden del deslumbrante mundo de la ficción; y a él nos dirigiremos cuando, llevados por la curiosidad, se busquen aquellas respuestas que la razón no puede entregar, y que, quizás, sea posible encontrar en las páginas que aquí comienzan.

 

 

 PRIMERA PARTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Que trata sobre lo que son, en realidad, las calles de cualquier ciudad.

 

La ciudad de Ox, en Stent, entre las villas de Rusten y Number, y no muy lejos de Fletri-City, no presenta nada de extraordinario.

Sus muros ofrecen el aspecto acostumbrado de cualquier urbe; sus calles, el habitual de una villa corriente.

Sus iglesias están alzadas, como suele decirse, “al uso”, tomando la terminología que emplean los locales. Sus calles, de tan corrientes, no han merecido la atención de ningún pintor, ni sus comercios se cuentan entre los más bellos del país.

Ningún arrojado personaje de tal lugar ha dirigido la mirada a los cielos, tratando de entrever sus secretos; ni a sus montañas, pretendiendo elevarse por encima de ellas; ni siquiera a esa conocida por los moradores como Cordillera Vern, en honor al célebre investigador francés, que tanto ha aportado en ese digno campo.

No se conocen músicos que hayan producido obras inolvidables, que todos entonen en la tranquilidad que da el hogar. No se encuentran importantes monumentos, levantados por ágiles manos, e ideados por mentes enérgicas, dispuestas a vencer los límites que las fuerzas del hombre encuentran, siempre, en algún momento.

En 1715, la ciudad, que comenzaba a caminar, recibió la llegada de italianos, ingleses y españoles; ello desarrolló su grandeza, y su prosperidad progresó conforme a las aportaciones que cada habitante traía consigo.

Alrededor de 1838, la creación de Robert Davidson, un vehículo sobre ruedas capaz de realizar desplazamientos pequeños, a baja velocidad, con el impulso que unas pesadas baterías le proporcionaban, trasladó a esas tierras parte del progreso que se asomaba en Europa.

Diez años más tarde, los franceses, que siempre colaboran en la creación de elaborados ingenios, entregaron a la ciudad la conocida máquina de fabricación de llaves, un ocurrente artefacto capaz de obtener un facsímil metálico del modelo inicial. El aparato, como ya es conocido, pasó a Europa, y luego al mundo, en clara muestra del importante carácter productor del pensador galo.

Aunque, en realidad, el acontecimiento más destacado, a nivel de desarrollo, que llegó a la ciudad de Ox, ocurrió en 1848. El 8 de febrero de aquel año, el importante autor científico, ensayista, narrador de crónicas, e informador de aventuras, el escritor Lujn Enr, renombrado por sus comentados testimonios, relator de invenciones de enorme ingenio, y el mayor talento narrativo del momento, visitaba la ciudad, en medio de un importante trayecto, muy largo y divulgado por la prensa, donde esperaba proveerse de conocimiento y anécdota para sus nuevos escritos.

La visita de Enr, que se inició en el continente europeo, le llevó, primero, a España, donde los locales le informaron sobre las costumbres, le dieron cuenta del aporte romano, visigodo, y árabe, en la construcción de su instrucción, le entregaron valiosos libros de la antigüedad, en los que se trataba de las más variadas cuestiones sobre su gloriosa historia pasada, y le ofrecieron excelentes muestrarios de cuanto el país producía: carnes del oeste, líquidos del este, pescados del norte, o los importantes instrumentos de acero de la ciudad de Toledo, cuya fama ha llegado más allá de cualquier tiempo. Ciertamente, el señor Enr marchó muy contento de su visita a las ciudades españolas, y la impresión que le causaron sus riquezas, la fertilidad de sus tierras, la generosidad de sus habitantes, y la importancia de su memoria, hicieron prometer a Lujn Enr que, en el futuro, al menos una de sus creaciones transcurriría en suelo hispano; y el tiempo, en efecto, conocería esa obra como “En Hispania”.

De España, Enr pasó a Italia, Grecia, y hasta la India, siguiendo las huellas literarias de otros grandes exploradores. Regresó de nuevo a Europa, donde los ingleses, siempre más fríos en la recepción del extranjero, no dudaron en ofrecerle su candor y afabilidad. Pasó allí varias semanas, entregado al estudio y recorrido de ese gran pueblo, muchas veces leal en la defensa del débil.

De Inglaterra a América, el camino no podía ser sino el siguiente. En el continente americano, Enr, cuyo itinerario se conocía por las reseñas de los periódicos que trasladaban al papel cuanto hacía, orientó su trazado dándole inicio por el este, donde las tierras de Nueva York reciben al viajero; atravesando luego las tierras calurosas de las regiones texanas, cuyos secretos, bajo tierra, emergen cada día en forma de nuevo hallazgo; las históricas extensiones de Utah, Arizona y Colorado, tantas veces habladas por las mejores plumas, territorios con misterios sin fin para explorar; y, finalmente, las amplias llanuras de California, escenario de historias que no hoy conviene contar, pues quedan reservadas para textos venideros. Son los cercanos vecinos de Ox quienes interesan ahora, y esto es lo que trajo la visita de Lujn Enr.

El día 8 de febrero de 1848, como se dijo, Lujn Enr llegó a la ciudad de Ox. Su miembro principal, el señor Lohn, avisado, por emisarios puntuales, de sus movimientos, sabía, con antelación, cuándo se encontraría en aquellas calles. La intención de Enr era la de visitar esta pequeña, pero cautivante, ciudad, perteneciente, como habrá podido deducirse ya, al territorio californiano, aunque muy lejos del bullicio que presenta aquel distrito.

En Ox, el señor Enr estaría de dos a tres días, tiempo más que suficiente para visitar su iglesia, su colegio, su comercio de alimentos, el de pescados y hogazas, la pequeña alcaldía, dos o tres casas más antiguas, de curiosa construcción, y la biblioteca local, alzada a la manera americana, con pocos, pero muy variados volúmenes, de conocimiento medio, suficiente, en verdad, para que las mentes regionales pudieran formarse. Poco más podía ofrecer la ciudad a quien llegara.

El señor Enr llegó en la fecha prevista, y se le recibió como cabía esperar. El señor Lohn, su segundo, el señor Butt, los profesores de literatura, matemáticas y formación general, el propietario de la pequeña botica- más bazar de hierbas que de productos químicos, si bien disponía de los elementales recursos para tratar a sus dolientes, para lo cual debía realizar, una vez al mes, desplazamiento a la gran ciudad, donde se proveía de todo-, e incluso el guardabosque Tynn, se presentaron al saludo con el ilustre viajero que-todo hay que decirlo- podría darles una buena difusión del nombre de la ciudad, y, por qué no, hasta incluirla en alguna de sus obras.

La visita transcurrió con gran satisfacción para las dos partes. El señor Enr, lejos de haberse convertido, por medio de la notoriedad tan bien ganada, en persona envanecida y apartada, era el mejor testimonio de la modestia. Alojado en una sencilla casa, en una pequeña habitación, con pocos, pero agradables recursos, recorrió las calles de Ox durante tres días, y se alegró mucho de encontrar aún , cuando todo el movimiento del hombre se orientaba al bullicio y al crecimiento mecánico, tranquilas personas que aún recogían sus cosechas con métodos antiguos, honorables docentes que, si bien no poseían la formación que puede verse en otros lugares, donde el progreso la ha llevado, se entregaban a su enseñanza con la mayor renuncia; y ciudadanos, en fin, felices con lo que tenían y con lo que eran; pues no puede haber, en verdad, mayor bienestar. Tal era la ciudad de Ox, y esos, sus habitantes.

El señor Enr marchó, pues, muy ufano de lo que encontró, y fueron otros, en los siguientes días, los que disfrutaron su compañía. La visita de este personaje se hizo notar en las publicaciones nacionales, y, durante algún tiempo, fueron muchos los que se acercaron a conocer el funcionamiento de una ciudad antigua, en un tiempo moderno. La ciudad, como es natural, recibió a todos con el máximo entusiasmo, y hasta hubo que establecer un pequeño despacho donde el llegado podía adquirir una placa metálica en la que, a cambio de algunas monedas, su nombre quedaba grabado como visitante de Ox. Aquel fue el mejor obsequio que pudo hacer el señor Enr a la ciudad, y todos lo agradecen aún.

Esto puede decirse en cuanto a lo correspondiente a progreso y perfección. Para terminar con la presentación de esta villa, y comprender mejor la naturaleza de los habitantes de Ox, hablaremos de lo que ocurrió en tal lugar, hace ya más de dos años, cuando el señor Enr ya había dejado sus calles. La importancia de este hecho reside en tratarse, sin ninguna duda, de lo más notorio que la población ha presenciado.

Estando el verano entrado, cuando, según algunos, el sol muestra mayor pujanza, un día de agosto de la referida fecha, encontrábase el principal ciudadano de Ox, empleado del Gobierno Central, y miembro de la Sociedad de Seguridad-cuyo principal cometido no es otro, salvando las diferencias, que el de las modernas policías de las grandes poblaciones-; estando, como se ha dicho, este personaje, el señor Math Lohn, gobernador de Ox, en la realización de sus labores, que tampoco le restaban demasiado tiempo para otras importantes cuestiones, ocurrió que llegó una misiva de los Comisionados del Norte, los más importantes representantes que la Jurisprudencia envía a cada provincia, cuando la gravedad de la situación alcanza cierta altura.

El despacho, recubierto de ese áspero papel marrón, tan seco a veces, pero que tan buenos resultados ofrece en la protección de los contenidos que custodia, decía lo siguiente:

 

“Al señor Lohn, gobernador de Ox, principal de sus calles.

 

Señor:

 

Apreciando, desde nuestra posición de privilegio, por encontrarse ésta en el norte del país, y, además, disponer de elevados observadores, construidos con manos fuertes por nuestros predecesores, la aparición de corrientes agitadas y de brisas inquietas, me encuentro en posición de comunicarle la llegada, a región tan apreciada como es la suya, de unos vientos de extraordinario vigor, de unas nubes de tonalidades vistosas, y de probables radiaciones en forma de chispa o centella. No es necesario suponer que, ante esta demostración del elemento natural, la provincia de Ox sabrá responder con la efectividad que la califica, y que el Gobierno remitente de estas palabras, asistirá, con su aliento, a todo cuanto allí pueda desarrollarse en los próximos días.

 

Con afecto, Mr. Sand. Gobierno Central de Hilley.”

 

Y, con todo ello, el señor Sand sólo quería decir que, posiblemente, llovería.

La famosa tormenta de Ox de aquel año, que incluyó relámpagos, fragores, y un caudal de agua nunca visto en la ciudad, sigue siendo, hasta el momento, y con la visita del señor Enr, lo más portentoso que han visto sus habitantes.

Nadie ha realizado, en definitiva, un sólo esfuerzo para distinguirse o significarse por encima de sus iguales. Si la voluntad ha faltado, o el ánimo ha fracasado, o no ha sido el deseo poderoso en lo necesario, es cosa que otros deben aclarar.

En realidad, no tiene tanta importancia lo que no haya sucedido aún en Ox. Es lo que está por venir lo que llamará pronto la atención de muchos, y de alguno que, en estas cuestiones, nunca se habría interesado.

 

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Comentarios

  1. Mabel

    28 agosto, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo David y mi voto desde Andalucía

  2. viky

    1 septiembre, 2017

    Interesante y curioso relato.

    • David Wern

      3 septiembre, 2017

      Gracias Viky, aunque no es un relato, sino mi primer libro (300 páginas), cuyo primer capítulo he ofrecido aquí.

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