Cada mañana, camino de la escuela, saludaban a aquel hombre que sonreía fumando una pipa.
Pero llegó la primavera.
La zanahoria se la comió el perro de Tino, la escoba se la agenció la abuela de Julia, y la roída bufanda ondea en el pajar que les sirve de castillo.





Mabel
¡Me encanta! Un abrazo José y mi voto desde Andalucía
VIMON
Buen micro, José. Saludos con mi voto.