Mi piel es una prisionera de guerra
que en un rincón de la noche tose recuerdos
mastica lágrimas perfumadas de silencio
y se duerme con el deseo acalambrado de soñarte.
Mi boca pronuncia sin errores cicatrices de invierno
que abren las alas como mariposas de hierro
posándose en las ramas de la madrugada
tan seca de vos que parece una masacre de amor.
Mis manos delirantes se reniegan ante el vacío
detestan cualquier forma que difiera de tus pechos
ya no acarician ni bajo amenaza
lo que antes esgrimían como consuelo.
Estoy amándote desde este infame cielo
desde un paraíso desquiciado donde reina la ironía
donde mordí la manzana de las tormentas
con tal de no perderme ni tus infiernos.
No sé nada de éste planeta y sus laberintos
no comprendo de libertades que no me encarcelen a tus pezones
no me importa sobrevivir a los holocaustos humanos
no quiero un destino donde tu nombre sea un susurro del pasado…
No me desames amor, no me desames.





Mabel
Muy buen poema. Un abrazo Fernando y mi voto desde Andalucía