ME VOY A HACER EL CICLO PEDRO ALMODÓVAR
Siempre tuve la sensación de que llegué tarde. De que nací tarde. A veces lo pienso, y aunque sinceramente dudo de que, si hubiese sido suficientemente joven en la época donde sucedió todo ese movimiento cultural y social de enormes dimensiones, jamás vuelto a ver en España, hubiera ido al meollo de todo, o hubiese sido asidua a todos esos “saraos” y presentaciones con representaciones y espectáculos y fiestas y noches sin pausas, y un largo etcétera, o me hubiese introducido del todo sin hacerme daño o también hubiese expuesto mis aptitudes y disfrutado de las de los demás, me hubiera encantado vivirlo y estar allí. No lo sé. Ya os digo que cuando sucedía yo aún tenía que nacer, o iba en pañales. Pero siempre me he quedado anonadada con ese fenómeno, y creo que es de las pocas veces que me he sentido orgullosa de ser española.
La movida fue un movimiento liberalizador donde todos dieron rienda suelta a su arte con la fuerza que te da el haber sido sometido y callado, donde confluían mil estilos y mil edades y todos ellos se hablaban, surgieron modalidades únicas y nuevas tipologías dentro de lo ya visto, prefirieron la creación libre a la técnica, y pusieron la tolerancia como estandarte (hablando de mayoría). Se lo metían todo y lo daban todo. Sin prejuicios y sin miedo. Parecía que todo lo reprimido hasta entonces tenía que salir a grandes bocanadas. Y lo mejor de todo es que, tirando de hemeroteca, puedes ver cómo en una misma mesa convivían como camaradas un tipo con chupa de cuero y pose chulesca, una punk, un tipo con pelo crespo y traje de purpurina, uno que se maquillaba y se ponía un pendiente en la nariz, varias drogas, varias inclinaciones sexuales, un pijo trajeado vestido de Armani, hijos de toreros, ricos y otros herederos, mucha gente con mucha cultura sin ningún problema de convivencia, pero con mucho interés, mucha curiosidad y todavía más ganas.
Y hablando de cine, y aunque él en estos momentos lo quiera ver como un rasgo del pasado del que ni se enorgullece ni se avergüenza, uno de los estandartes en este medio e icono de la época en cuestión fue Pedro Almodóvar. Que en esa época hacía fotonovelas, historias para revistas, se montaba duetos estrambóticos y transgresores con Fabio McNamara, su partenaire, y aparecía pintado como una puerta y con peineta mientras rodaba con súper 8 para sus amigos, acababa estudios tardíos como cineasta y trabajaba como funcionario en la Telefónica. Muchos pensaban que Pedro era una “loca” sin ton ni son, fruto de improvisación, que vomitaba y plasmaba en una cámara cualquier cosa soez por el mero hecho de escandalizar y sin un anterior sopesar. Se ve que luego hablaban con él y se encontraban con un hombre serio, perfeccionista, meticuloso y muy claro en lo que concernía a su trabajo, y les desmontaba el discursito. Se daban de bruces con la realidad, y descubrían el nuevo universo de un controlador nato que sabía muy bien qué quería conseguir, a quién quería y conocían a alguien a quien no le importaba esperar un año o más si con ello conseguía su objetivo, sin alteración o influencia ninguna.
Así pasó con Pepa, Luci, Bom y otras chicas del montón, una ópera prima fruto de la financiación que numerosos amigos de Maura y Almodóvar se prestaron a abonar, invirtiendo en el proyecto y teniendo fe ciega en el incipiente director.
Pedro dirige en su totalidad. Él sólo. Lo han tachado de presuntuoso, egoísta y egocéntrico, pero, queridos, esos son los rasgos de un director de alto calibre. Un universo propio creado a medida: pues si no fuera así, su mundo no cotizaría con el adjetivo “almodovariano”. Se llamaría Pedro, Antonio, Marisa, Ángel, Carmen, Verónica, Victoria, Penélope y otros muchos más chicos y chicas del montón. Pedro es un tipo que cantaba travestido Quiero ser mamá mientras realizaba una crítica atroz mediante anuncios publicitarios metidos dentro de unas películas que se movían entre el drama y la comedia bajo una copla satirizada, plasmando la realidad de una España rural con toques desenfrenados de imaginación desbordante, y que también te creías. Siempre escogió él mismo una música adecuada para cada escena, puso las frases adecuadas a sus personajes y cuidó mucho la fotografía y la decoración. Estas dos últimas las cuidó tanto que implantó un nuevo estilo a nivel mundial, unos fotogramas repetidos de tacones que van y vienen, colores llameantes, un art-decó muy propio, un kitsch surrealista, mujeres en balcones reflexionando sobre su vida, callejones de Madrid, suburbios de Madrid, primeros planos que explicaban historias, ironías hasta en las mayores tragedias, canalillos envidiables, humor negro a raudales, pisando terrenos muy pantanosos, nunca pasando de puntillas por ninguno. Sin miedo y sin juzgar. Hasta hablando del peor de sus personajes, el más reprobable, siempre afirma con cariño: “cada cual tiene sus circunstancias, todos tienen sus motivos”. Y así se hace una película.
Ahora que Pedro Almodóvar ya es mayor, ahora que le vemos con una legión de chicos y chicas que llevan su apellido como denominación de origen, que tiene hasta una canción de Sabina dedicada, a quien nos hemos acostumbrado a ver más sosegado, con el pelo blanco y las perpetuas gafas de sol -no es divino, es fotofobia- ya se puede hablar de una trayectoria con cuatro etapas:
a) La etapa experimental, la que más compartió con Carmen Maura:
Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón
Laberinto de pasiones
Entre tinieblas
Tráiler para amantes de lo prohibido
¿Qué he hecho yo para merecer esto?
b) La etapa de perfeccionamento formal. Aquí entran Victoria Abril, Antonio Banderas, Miguel Bosé, Marisa Paredes o María Barranco.
Matador
La ley del deseo
Mujeres al borde de un ataque de nervios
¡Atame!
Tacones lejanos
Kika
c) Etapa social. En esta etapa incluye la trilogía de la memoria, que engloba Todo sobre mi madre, Carne trémula y La mala educación. También entrarían La flor de mi secreto y Hable con ella.
d) Etapa introspectiva.
Volver
Los abrazos rotos
Julieta
La piel que habito
Y….bueno….los amantes pasajeros fue un error enorme que hay que meter en algún lado.
Pienso revisionarlas todas (bueno, los amantes…. no) porque me ha dado una dosis nostálgica. Hace mucho que le sigo, desde mis tiernos 14 años. La primera película adulta que hurgué detrás de un sofá y de madrugada era suya, y Miguel Bosé medía dos metros y algo porque estaba encolomado sobre unos tacones vertiginosos y cantaba Un año de amor. Y luego se volvía muy atractivo, varonil, con voz profunda y una madre un poco loca que coleccionaba recortes de crímenes. Y porque quiero ver a Chus Lampreave, que sale en casi todas porque ambos siempre se fueron fieles.
Almodóvar es mucho más que travestis y homosexuales con historias rocambolescas. Ya os digo…nostalgia y razones personales. Que no me toquen a Almodóvar…he dicho.





Luis
Siento diferir enormemente, en esta ocasión, contigo, querida Estefanía: mi interés por la cultura madrileña y su movida de los 80′, carece de firmeza intencional. Mientras que Pedro Almodovar, no me parece un gran autor, aunque sí, liberador por instantes. De todas maneras, espléndido texto. Saludos junto a mi voto.
Pitus
Un buen ejercicio periodístico, joven. No entraré en más detalles.
Mabel
Me encantan todas estas películas realizadas por este gran cineasta que ha llegado tan lejos en una época en la que todavía no se atrevían a mucho, pero es así la sociedad ha ido avanzando y este gran autor de tantas y tantas películas es digno de admirar. Muchas de estas películas las he visto y me encantan. Un abrazo Estefanía y mi voto desde Andalucía.
VIMON
Tienes razón: Almodovar es uno de mis directores favoritos. De España él, Carlos Saura y, por supuesto, Buñuel. Un abrazo con mi voto.
.MARI TU
Hola Esteff, lo primero: me gusta mucho cómo está escrito el texto y me parece que has hecho un análisis muy acertado de Almodóvar y sus películas (por cierto, a mí también me gustan mucho). La verdad es que para mí, en su día, fue todo un descubrimiento: tenía una visión muy original de nuestra cultura y nos la ponía en bandeja con una soltura y una naturalidad maravillosas. Por otro lado, la movida madrileña, así en general, a mi no me dijo mucho, la verdad. Me parecieron mucho más sugerentes y emocionantes las nuevas ideas y formas de entender el mundo que surgieron entonces. Un abrazo (¡madre mía, vaya rollo que te he soltado! ¡Lo siento! Para compensarte tienes mi voto)
Ada
Yo estuve allí y…en fin ….la memoria siempre nos miente o la cantidad ingente de estupefaccientes que tomábamos nos ha hecho olvidar la mitad. En cualquier caso buen artículo.
Fiz Portugal
Hola Esteff, tuve la gran suerte de vivir la Movida en Vigo, una de las ciudades donde esa ola cultural tuvo más fuerza. La movida convulsionó todas las fuerzas culturales que ya latían en la ciudad y arrastró a pintores, músicos, intérpretes durante poco más de año y medio y después, rápidamente, se quedó sólo en una moda que explotaron algunos establecimientos de hostelería. Su principal virtud fue decirle a algunos artistas de aquí que podían hacerse un hueco en España y dejar algunas obras de mérito que recrean el ambiente cachondo y libérrimo del movimiento.
Fiz Portugal
Hola Pedro, disculpa por el error. Lo siento. Las épocas que nos producen una emoción intensa nos confunden cuando las recordamos.
Esruza
Muy buen texto, aunque tengo que decir que no me gusta Almodovar, de cualquier forma tienes mi voto, saludos y felicitaciones.
Estela
XaviAlta
Como es habitual, Esteff, tu crónica está escrita de maravilla.
Respecto a Almodóvar, disiento. Directamente no lo soporto, aunque le reconozco el mérito de haber puesto en órbita el cine español en una época en que éste era lamentable (con contadas excepciones).
Yo soy más de Aranda, por ejemplo, más denso pero más profundo.
Pero lo importante es que me encanta leerte.
GermánLage
¡Vaya! Como que quien llega tarde soy yo. Pero nunca es tarde si el texto es tan bueno como éste, Steff. El día 30, con un nieto en quirófano, no estaba yo para falsarias, y los dos siguientes fueron de viajes.
Hasta tu estilo refleja tu admiración por Almodóvor y su época. Yo, ciertamente no lograría poner tanto entusiasmo ni por el uno ni por lo otro. La “movida” la viví en directo en aquel Madrid sorprendente y creo que tiene más de iluminación externa que lo que tuvo de fuerza real; y respecto a Pedro, ya fue más el interés que sentí por él que el que siento.
De todos modos, la fuerza y belleza de tu texto sí los aplaudo.
Un fuerte abrazo.
veteporlasombra
Almodóvar me merece mucho respecto como artista. En mi opinión, hay realizadores que simplemente trasponen un guión a imágenes, sin aportar ninguna reflexión intelectual. Personalmente estoy más que harto de las historias repetitivas a lo estadounidense, tan previsibles, tan llenas de héroes y de ira. Sin embargo, en las películas de Almodóvar siempre encuentro historias inesperadas, con personajes cotidianos muy latinos e ibéricos. El espectador común se queda, como dices, en la anécdota de los travestidos y maricones, como quien mira al dedo cuando el sabio apunta a la luna. Pero yo sólo veo a personajes que afrontan sus sueños con ganas de vivir, a pesar de sus neuras y circunstancias. Otros, más temerosos del vértigo y de las emociones, recorremos la vida como porteras testigos de Jehová: sin pena ni gloria, cuchicheando sobre las vidas ajenas que no nos atrevemos a encarar. Las pelis de Almodóvar son una prolongada movida madrileña.
Me quedo con lo de “prefirieron la creación libre a la técnica”. Por cierto, es “encalomar”, creo. Un saludo…
Marisa Béjar
Qué gran comunicadora y escritora eres! Me enganchó tu artículo desde la primera línea.
Felicidades y mi voto.
Lauper
Me ha encantado leerlo, está excepcionalmente escrito y es que además aunque también llegué tarde, soy muy fan de la Movida jeje. Un abrazo y mi voto.
Adeodatus
En latinoamerica admiramos a Pedro Almodovar es un gran artista y sus obras originales, lo percibo intimista y también marcado por el surrealismo. El texto me ha impactado por la menera de abordar un tema polémico sobre un artista contemporáneo de gran relevancia, Este escrito es bello, original y esclarecedor, contiene una información relevante, la forma de la narración es amena, poética