La sangre era demasiado espesa, pensó al ver el charco rojo alcanzar la suela de sus zapatos, se había imaginado la escena mil veces en su cabeza, pero jamás había reparado en los detalles, lo espeso de la sangre, el olor a pólvora quemada, el humo que se veía en el aire. Jamás pensó que las últimas exhalaciones de aire de un pulmón perforado serian así de ruidosas, ni de que una mirada pudiese quedar vacía sin pestañear.
Lo había imaginado tantas veces, que finalmente sucedió. Esa mañana al sentir los pasos en la puerta, se sentó en el catre y miro al piso, espero a que el entrase con las manos sosteniendo la bandeja, la saludo, luego giro lentamente, tan lento que el movimiento pareció un década, apoyando la bandeja en la mesa de luz, dejando el arma al alcance de la mano.
Tantas noches pensó en ese movimiento, tantas noches se imaginó desenfundando el arma, tantas veces vivió esa situación en su cabeza, se podría decir que el movimiento fue impulsivo casi inconsciente, fue la respuesta de una fiera herida.
Saco el arma, el giro intentando golpearla sin demasiada suerte, ella disparo sin dudar no una, no dos, disparo tantas veces como le fue posible, el quedo tumbado en el piso, mirando el cielo.
Durante tres años pensó en ese momento, el instante donde el muere, y ella nace.





Mabel
¡Impresionante! Un abrazo Beto y mi voto desde Andalucía