El Señor X.K. (I Parte)

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El Sr. X.K. era un escéptico por experiencia. Nunca había tenido emociones provocadas por situaciones paranormales, si es que existían. Tampoco parecía haber sido abducido por alguna inteligencia extraterrestre o intraterrestre, aunque él mismo podría ser el resultado de algún experimento de alguna entidad desconocida. Dada algunas catástrofes en su vida personal, no había lugar en su mente para considerar la existencia de una presencia divina, misma que le diera un empuje en momentos apremiantes, como pregonaban muchos seguidores de diversas doctrinas religiosas. Mas bien, la existencia del Sr. X.K. era movida por los hilos de una vida rutinaria.

Sería un error suponer que era feliz; experimentaba emociones de inconformidad con su entorno, no obstante, sentíase incapaz de cambiar el curso del engranaje del cual formaba parte y cuyo fin estaba más allá de su comprensión.

Una mañana de otoño se encaminó al metro subterráneo, el mismo que tomaba diariamente para llegar a su trabajo. Como de costumbre, tuvo que hacer fila, esperar, abordar y soportar la sofocación de la multitud apretujándose …Una vez dentro del vagón se acomodó, con gran esfuerzo, en la parte media para no obstruir a los demás usuarios y, sobre todo, no ser incomodado. En contadas ocasiones podía haber obtenido un asiento, no por altruismo sino por mera conveniencia, él prefería ir de pie.

En esa ocasión, reparó en un hombre mayor vestido de blanco y negro que iba sentado frente a él. A pesar de su edad aparente, mostraba escasas arrugas y una canosa, pero bien cuidada barba, complementaban su apariencia de persona respetable; tal vez un profesor retirado. No parecía incomodarle el ajetreo matutino del metro y leía absorto un periódico de circulación local, cuyo contenido era reconocido por su amarillismo.

El contraste entre la probable personalidad del pasajero y el contenido característico del rotativo, hizo al Sr. X.K. formularse algunos cuestionamientos. Lanzó un vistazo al periódico del desconocido; el encabezado de un anuncio atrapó su atención: “Cambie su vida….”. Hizo un esfuerzo para obtener los detalles… estaba a merced del lector y de los movimientos ondulantes de la página, además, una parte de la mano del viejo cubría el cuerpo principal del anuncio. Debió, sin embargo, ser muy obvio en sus movimientos por intentar leer el anuncio que, abruptamente, el anciano bajo el periódico y le dirigió una sonrisa forzada al Sr. X.K. quién instintivamente desvió su mirada hacia la ventanilla que le devolvió su propia imagen distorsionada. El movimiento, sin embargo, había dejado al descubierto el cuerpo del mensaje, mismo que el Sr. X.K. tuvo la oportunidad de leer en un segundo intento.

Sintió de pronto, un deseo irrefrenable de experimentar vivencias fuera de lo ordinario. Dudó hasta el último segundo en que debía apearse en la estación cercana a su centro de trabajo. Dejó pasar su estación y decidió continuar su viaje; el metro le dejaría por los rumbos del domicilio mencionada en el periódico.

Los usuarios del metro, fueron desocupando los vagones en cada parada, que al llegar a la última estación del metro eran ya escasos los pasajeros que finalizaban el viaje, y entre ellos, ya no se encontraba el anciano del periódico. La memoria del Sr. X.K., en esta ocasión, había retenido con gran claridad la dirección que promocionaba el cambio de vida. Nunca antes había tenido la necesidad de caminar por aquellos rumbos desconocidos; en todo caso, contaba con la aplicación de su Smartphone para ubicarse.

Caminó por calles maltrechas y desconocidas. Sentía adentrarse en un mundo caótico, donde el paisaje urbano era formado por casas semiderruidas y cuyas fachadas eran adornadas por grafitis; se decía que contenían simbolismos solo comprensibles para quienes estaban inmersos en ese mundo de trazos carentes de belleza artística; al menos para él. Cantidades ingentes de basura se acumulaban por doquier, que el viento fresco de otoño se encargaba de arrastrar de un lado a otro. Veía grupos de personas que cavilaban y le dirigían miradas retadoras. Imaginaba escuchar pasos a sus espaladas; cada vez más, tenía la rara sensación de ser abordado de un momento a otro con oscuras intenciones. Por precaución decidió prescindir de la ayuda del GPS y confió en su habilidad para ubicarse.

Varias veces pensó en abandonar su proyecto; tantas otras veces se reanimó a proseguir su búsqueda. La desesperación ya había hecho estragos en su ánimo inicial, cuando alcanzó a leer un anuncio que colgaba en una puerta: “Cambie su vida..” algunos símbolos esotéricos complementaban el cartel. Una especie de persianas cubrían la entrada de la puerta. Nuevamente dudó en pasar…

-Pasa, no hay compromiso por preguntar-se escuchó una voz femenina con un acento inclasificable.

Detrás del mostrador observó estantes con frascos llenos de líquidos con nombres de lo más extraños. . Más aun, la apariencia de la señorita que le atendió era único: su tez era aperlada, de complexión delgada, rondaba los treinta años a lo mucho, una liga intentaba mantener a raya su abundante pelo desaliñado y una bata blanca impregnada con manchas de diversos colores y quemaduras, completaban su atuendo. Mantenía una sonrisa permanente. Esto se alejaba de la imagen que tenía de personas dedicadas a tales actividades.

Al exponer su deseo de una consulta, se le hizo pasar a una sala contigua, donde se mostraba un pequeño escritorio. Era una habitación sin ventanas. No encontró elementos propios de actividades esotéricas. En una mesa aledaña, en lugar de recipientes con incienso aromáticos, había retortas que contenían líquidos que burbujeaban y emitían aromas propio de esteres y ácidos, muy difícil de concluir que su objetivo fuera el de producir una relajación de los sentidos, sino alterarlos. Las velas brillaban por su ausencia; la iluminación de la sala provenía de bombillas de baja luminosidad, dándole a la estancia un aspecto sombrío.

- Siéntate y cuéntame porque deseas cambiar tu vida-le interrumpió la mujer

Se quedo perplejo, como sabía que quería cambiar…Aunque después de todo, podría ser un deseo humano más común de lo que él podría suponer…además claro, el anuncio, eso lo explicaba. Se perdió en unas explicaciones absurdas del porque deseaba un cambio. La mirada escrutadora de la mujer le hizo sentirse incómodo, mas aun le tomó por sorpresa su próxima comentario.

- Mi especialidad es cambiar vidas, - continuo - si estas decidido, solo tienes que firmar un contrato y proporcionarme una identificación oficial.

¿Un contrato?, desde cuando un negocio informal le daba tanta importancia a un asunto más propio de negocios legalmente fundados.

Meras formalidades,- prosiguió - si estás completamente decidido a cambiar de vida, puedes estar seguro que los términos y condiciones solo te garantizan lo que te ofrezco o, en caso contrario, aún puedes declinar.

¿Era acaso una clínica clandestina más que un centro esotérico? tal vez había malinterpretado el anuncio. Recordó algunas cirugías practicadas en centros al margen de la ley. Decidió aclararlo. Las disertaciones de su interlocutora le resultaron hasta cierto punto incomprensibles. Pudo, con esfuerzos, concluir que el cambio no incluía mutilaciones o distorsiones de formas a partes especificas de su cuerpo. Lo que se le ofrecía traspasaba lo físico, cayendo en el terreno de lo intangible. Muy raro pero, dentro de las explicaciones no había referencias a lo espiritual, sino a una clase de psicología práctica.

No había letras pequeñas en el contrato, en apariencia todo era claro. Solo leyó algunas de las clausulas, tales como : “No somos responsables de daños sufridos por su cambio de vida ni de efectos colaterales”

Después de todo, estaba atrapado en el fluir de una vida monótona. Eso le parecía más terrible que el experimentar con una promesa de vida diferente. Por primera vez, una clase de optimismo se asomaba en sus confusas pretensiones. El Sr. X.K. tomó el papel y, con la mano aún temblorosa, estampo su firma y entregó una identificación.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    7 agosto, 2017

    Una historia misteriosa. Un abrazo Alberto y mi voto desde Andalucía

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