Sherlock Holmes se presentó ante sus semejantes como el más destacado pensador deductivo de su época, un prodigio de hombre capaz de ver lo que otros no podían, y de entregar la respuesta que todos buscaban. Esta realidad, construida desde la ficción, esconde, en verdad, una certeza innegable: el asombroso vigor del intelecto, el extraordinario empuje de la razón, son las mayores fuerzas que pueden llevar a las gentes corrientes a elevarse por encima del resto.

Si la ciencia deductiva que ofrece el detective resulta sencilla, una vez explicada, y sus procedimientos parecen ligeros, no lo es el esforzado ejercicio que permite estos éxitos. Hay, naturalmente, largos periodos de disciplinado empeño, y muchas jornadas entregadas al estudio y la construcción de un camino fiable y duradero que permita prolongar, hasta lo deseable, la obtención de estos logros.

Sherlock Holmes no es la consecución del esfuerzo de un hombre aislado.Muy lejos de esto, el personaje supone la conclusión de un afán que se muestra firme, y que puede encontrarse en cualquier personaje corriente.

Sherlock Holmes es el triunfo resonante de la voluntad escondida que albergamos en nuestro apartado recorrido. Su ciencia de la deducción, el camino que sigue el detective hasta alcanzar la cima del éxito y el respeto, no es diferente que el que otro pueda trazar en su actividad diaria. ¿No es, acaso, el mismo trayecto al que se enfrenta, cada día, la gran mayoría de entidades? ¿Aquel que, mediante la aplicación de esfuerzos constantes, supone el abandono de las limitaciones iniciales? Sin duda, se trata de pasos similares y, aunque la celebridad no se acomode en nuestra existencia, es posible obtener parecidos provechos, que a todos agradarán.

En mi obra Las tres creaciones insólitas de Klant Woss se exponen, de forma fiable, estos hechos. Se informa del incansable esfuerzo que conduce a lo más alto, y de la necesidad de mantener constancia para mantener el logro. Klant Woss, como Sherlock Holmes, se eleva por su voluntad; pero, llegado este punto, será necesario recordar que, si la voluntad ha faltado, o el ánimo ha fracasado, o no ha sido el deseo poderoso en lo necesario, es cosa que otros deben aclarar.