Era una fría mañana del quinto día de octubre, al despertar, caminé en dirección a la única ventana que hay en mi cuarto.
Me quede observando a través de ella. Siempre he creído que el paisaje que enmarca es algo corriente, no es digno de presumir, no merece una fotografía, ni mucho menos que se escriba una historia sobre el.
Más equivocado no podía estar. Ese paisaje que consideré aburrido el día de hoy tenía una especie de magia que solo puede otorgar el otoño. En ese momento me dí cuenta que nunca había observado por mi ventana, simplemente me paraba frente a ella, mirando distraído un conjunto de imágenes carentes de sentido, sin valor, sin poner un gramo de atención en lo que realmente querían mostrarme.
Sobre mi rostro sentí el paso del viento, el lánguido calor de un sol apunto de despertar; el aroma de la naturaleza se abría por mis fosas nasales haciéndome recordar otoños anteriores. Pude escuchar el canto de los pájaros, el sonido de los árboles, el zumbido de los insectos. todo se conjugaba para formar una melodía única, una nueva interpretación de L’Autunno de Vivaldi.
Me encontré inmerso en el único momento en el que existo: El presente.
Enfrente de mi se veía un “Pobre” árbol que era fuertemente sacudido por el implacable paso del viento, como si quisiera hacerlo entrar en razón. Por un momento sentí un poco de lastima por él; simplemente se quedaba ahí, en el mismo lugar de hace 15 años, sin poder moverse, siendo azotado, para quedar desnudo ante los ojos de la naturaleza y de paso los míos.
A punto de maldecir al viento, al cual yo consideraba el villano de está bella imagen, cayó sobre mi todo el peso de la razón. No tenía que sentir lastima por el árbol ni odio por el viento. Ambos estaban en armonía, más que una batalla perdida, era un proceso de renovación, un cierre del telón que da comienzo a la última escena del año.
Comprendí que aquel árbol era incapaz de tirar por su cuenta todas sus hojas y de una u otra forma, necesitaba la fuerza del viento, necesitaba ser sacudido bruscamente para cerrar un ciclo.





Luis
Magnífico relato, Max, ciclo de renovación para lograr una mayor autenticidad en la vida. Mi saludo y mi voto-.
Max Gonzalez Rivadeneyra
Muchísimas gracias Luis, saludos.
Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Max y mi voto desde Andalucía
VIMON
Muy buen texto. Saludos con mi voto.
Max Gonzalez Rivadeneyra
¡Gracias, saludos de vuelta!
Esruza
Me encantó tu descubrimiento repentino, a veces miramos sin ver
Saludos y mi voto.
Max Gonzalez Rivadeneyra
¡Muchas Gracias, Saludos!