Un placer conocerte

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Veo… caras… salpicadas de monotonía. Veo hogares abandonados. Veo… señales de incógnita. Baños… cerrados. Veo densidad. Respiraciones alteradas. Cursos desviados. Veo gente que mira hacia atrás. Veo cuerpos sacudidos por el frío, se nota que les hace falta una taza de chocolate o un acompañante para soportar las bajas temperaturas… veo dentro de mí, nada me place, le encuentro desmotivación a todo, desinterés. Veo que mi mundo está descontento, inconforme, que gira con más lentitud que siempre.

-Bien. Ahora, dime qué oyes.

 

Oigo. Muchas gargantas clamando un nombre. Oigo… voces repitiendo miles de veces esas 3 silabas, cada vez más fuerte, más énfasis. Oigo el ruido del motor del auto del frente, oigo el crujir en mi paladar, el crash de un vidrio que rompe el viento; oigo el sonido de sus cuerdas vocales aproximándose, guardándose la confianza, dosificando las oraciones. Su voz está administrada en todo momento, espero… la amortización de su timidez.

 

-¿Timidez?

 

Sí, es su timidez. Se reserva para los mejores momentos. No niega cuotas de accesibilidad, pero falta más. Lo sé por el aroma que respiro, por esa ráfaga de dulzura que se inhala por acá, que se incrusta en mis dolorosas cordales. Lo sé a pesar de mis dificultades por la gripe; huele a piel, lo sé pese a lo mal de mis fosas nasales. Hay un olor a inocencia alrededor, impregnado en los árboles. Huele a pureza.

 

-¿Sabes que es difícil encontrar a alguien así, puro?

 

Lo sé, pero yo confío en la gente, todos somos humanos y tras lo malo siempre viene algo bueno. Yo sé que al menos una persona buena debe haber, que me muestre algo bueno, una buena actitud, genuinamente…se está acercando y ya me doy cuenta: a pesar de la distancia se le sienten las ganas de simpatizar, el espíritu de pulcritud… pero también se nota distante, como si se estuviera asegurando de algo primero para no equivocarse. Siento las alturas que resguardan su corazón, un bloqueo que me separa de sus latidos. Y ya casi está frente a mí, a un cruce de labios, a una flexión de mis rodillas, se siente todo tenso cuando se acerca, ya está allí, la rectitud de su cara y la curvatura de la botella, toma refresco y se siente la gravedad de sus pasos, la amplitud del algodón en su ropa, la llanura de sus dedos entre mis dedos.

 

-¿Entre tus dedos? ¿Tocas sus manos? ¿Tienen contacto físico?

 

Apenas. Aunque en mis fantasías pasan más cosas.

 

-Pero lo que pasó ese día fue…

 

Está ahí, se detuvo frente a mí. Está a unos cuantos centímetros, cuando me ve se fija en mi mirada, se toca la nariz y levanta la frente. Saluda diciendo unas pocas palabras, descubro esos rasgos de miedo juvenil, esas muecas que delatan nervios alterados…yo sé que busca que todo esté tranquilo, pero con solo verme se altera el protocolo. Me sonríe discretamente, se corre el sobretodo y empieza a descartar hipótesis muy arriesgadas. Respecto a mí, aunque no quiera pasar por acá, debo hacerlo, me dice entre susurros y gritos, entre inercia y maratón, entre principio y fin. Yo también, le respondo con sorpresa y confusión, buscando respuestas esquivas y asumiendo que lo que está planeado nunca pasa, esos escenarios son tan comunes y tan improbables a la vez… sigue hablándome ya con más extroversión, sin pausas, baja la tensión y pronto ya sé lo más básico, aunque ya quisiera tener su número telefúnico… sí, ya sé cuál es tu sobrina, ya sé cuál es tu casa, me dice entre la grama y el cemento, ente el conocimiento y la ignorancia. Oye, ¿y a ti no te gusta la torta? Uf, me encanta. Y pienso si tomará la iniciativa, si le seguiré contando las historias que ahora le cuento, a otro nivel. Pero el miedo es natural, el fervor también… no me extraña nada, nada; es demasiado temprano, no me invitará a ninguna parte, al menos esta vez. Mucha amabilidad, entre firmeza y diplomacia, ente prudencia e impulsos… hace frío y tienes gripe, será mejor que te protejas, le aconsejo, arruga el cejo y responde ¿Qué más quieres que me proteja?… a mí también se me va el tenor a veces, pero quizás está justificado… de repente, como quien no quiere, me animo a preguntarle lo que siempre pregunto, una interrogante filtrada entre los detalles y la generalidad: ¿Crees en el destino?… hace una pausa, dramática, larga, incómoda; finalmente se muestra sin reservas, me confiesa: Empiezo a creer que tú eres mi destino…

 

-Ajá pero y ¿lo de los dedos? Trata de no emocionarte…

 

Trato pero su presencia me impone matices de intranquilidad. Las frases que salen de su boca son cada vez más fuertes, más frontales. Sigue ahí pero está a punto de irse, sus oraciones tienen ese acento de pronta despedida, de no quiero pero me tengo que ir; se le escucha el tono de sube y baja propio de nuestra ciudad, yo trato de no hablar así, pero es inevitable… ya se va y los codos me delatan, los tobillos me delatan, quedé con una buena impresión, mi voz se identifica con esto, las señales se identifican con esto, su timidez es mi timidez, su tos es mi tos, su alegría veraniega es también la mía. Quedé feliz con este encuentro y quisiera vivirlo otra vez, porque creo que darle la mano es como saludarme a mí, como conocerme a mí. Oigo el ruido del motor del auto del frente. Sé que ya se va, me da su nombre y las paredes lo repiten una y mil veces, cada vez más fuerte, las sílabas se traban en mi cabeza: Es – te - ban… Y yo presentía todo un escenario de trauma al conocer a alguien pero qué va, todo fue más fácil que un soplo al aire. Gi - se - lle, le respondo mientras suelto su mano, y sí, quisiera dejarla todo el tiempo junto a la suya, que mi encuentro diera para sus dedos y más, para sus abrazos, su compañía y el chocolate para el frío.

“Es solo un frenazo”; me dice a manera de secreto; ya no huele a pureza sino a pastilla de freno, ya no huele a su presencia sino a su ausencia, ya no está la tensión de su cercanía sino la expectativa de su distancia.

“Ya quisiera más que un frenazo, un auto estacionado siempre”; pienso mientras se aleja, mientras sube al deportivo dejando atrás minutos de grama y cemento, de encuentro y desencuentro, de risas y asombro, de confirmaciones y cancelaciones, de roces y cursos desviados…

 

“Un placer conocerte. Ha sido un bonito día para mí”.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    18 agosto, 2017

    La confianza que muchas veces se da y nos hace aparentar o disimular lo que no somos. A veces nos imaginamos algo que es inalcanzable y a la vez nos hace sentir y padecer. Un abrazo y mi voto desde Andalucía.

  2. Akare

    19 agosto, 2017

    Gracias como siempre Mabel por tus lindas palabras, vale decir que tus textos también me encantan

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