Andocogeando

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| 38 | 8 Comentarios

Cuando me incliné
puse fin a ese dolor,
acepté con claridad
esos ladridos tan míos.

Balancé la mordida
por tener entre manos
el grito sordo caliente,
ese destino de hogar
siempre en lo lejano.

Entonces me fue fácil
entregar el cadaver
de bebé reducido
al milagro y al misticismo.

Me hice positivista,

leyendo a Perls
me volví gestáltica,
bien loca y atrevida
aquí y ahora…

El jardín colgante
y cada uno de nosotros
con sus detalles
otra vez en la hoja.

Potencialmente
no importaba nada,
Dios siempre contagia
y esa es la trampa,
creer en falacias.

Ayer nos abrimos
el veneno y las venas
quedaron reducidos
a una pobre palabra.

Hojas de parra
sobre el ardor del sexo,
enmudecían el áurea
pero seguí bailando,
(cojeaba un poco).

Me corté un pie
rompí alas y el único ojo
del cual veía bien
lo arranqué de mi pecho.

Hoy seré nuevamente
aquella mujer feliz,
agridulce y mutilada
del cielo y el agua,
me verás sonreír.

Y si nos cruzamos
sabré quién eres
porque ese verbo
ya lo tuve en mi vientre.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    29 septiembre, 2017

    Muy buen poema. Un abrazo Amelia y mi voto desde Andalucía

  2. Esruza

    29 septiembre, 2017

    Buen poema, me gustó. Un tanto tétrico.

    Mi voto

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