El camino hacia el taxi

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El camino hacia el taxi

  El día no podría ser más normal, el sol de mediodía en todo su esplendor, la gente apurada y con cara de hambre, los profesores apurados por irse a almorzar y algunas caras recíén levantadas que llegan a las clases del turno de la tarde. Yo llevaba 6 horas de clases, pero aún así salir a este calor no era ningún premio ni mucho menos alentador. Nunca me gusto este clima, el calor que te rodeaba en todas partes, como si vivieras en un horno y las llamas pudieran atravesar las suelas mas gruesas en los peores días de calor. Iba con mis grupo de amigos hablando de cualquier cosa menos de las clases y temas que habíamos escuchado en todas las horas de la mañana. Empezabamos a planear la salida del viernes y alguna discoteca repetida para volver a disfrutar de la música y las luces, el humo que siempre me ahoga y el alcohol que me hace ignorarlo.

  Ya habíamos decido a dónde ir, ahora faltaba decir a quien invitar.

– ¿Le vaís a decir a Andrea?- Preguntó Marcos.

-¿En ella estaba pensando, pero sabes que la cosa esta extraña con Mara… – Respondió dudando Gabriel, refiriendose a la mejor amiga y cómplice de Andrea. – Sabes que ella no va a ir sola y mucho menos ir con otra persona.

-En verdad tienes que ponerte a hablar con ella- Le dije atajando el tema a media conversación.

Continué diciendo -Fue una sola noche, estaban ebrios, ya tienen 20 años o lo olvidan ambos o se ponen de acuerdo de que ocurrió, porque sabes el ínteres que tengo por ella- Le dije medio distraído hablando sobre Andrea.

-Lo sé, lo sé… pero ¿qué se puede decir después de algo como eso?

-Gabriel, a todos nos ha pasado o pasará alguna vez, estabas nervioso y borracho… dale gracias a Dios que llegaste al baño y no fue un vómito explosivo y espontaneo.

-Shh cállate, que te van a escuchar…- Respndió apenado Gabriel

…no es como si no lo supiera ya media universidad…

  En este punto ya había perdido el hilo e interes de la conversación, es cierto que había dicho que tenía un interés en Andrea, pero lo cierto es que era impulsado por su ínteres en mí y no tanto por la atracción que sentía hacía ella. Ya lo sabíamos, la naturaleza de nuestra atracción, pero nunca habíamos dado un paso real. Sólo una noche de sábado en una fiesta de películas, en las que ninguno se vió representado en las elecciones de las películas.

  Nos sentamos a tomar una Coca Cola en la cocina cuando me miraste con la desesperación de palabras ahogadas. Te miré y pregunté que te ocurría sin saber que respuesta iba a salir de tu boca. Me dijiste «No se como decirte esto, sabes que hemos pasado muchos años estudiando juntos y nos conocemos desde antes de empezar la universidad, lo cierto es que siempre fui muy respetuosa de las relaciones y como tenías novia nunca le di importancia a lo que pensaba, pero ahora que estamos acá, ha pasado el tiempo y en verdad, pues, quiero decir, en verdad nada, no se que quiero decir. No te quedes callado que piensas, dime no me hagas quedar como loca aca…» Lo cierto es que por muy bien que recuerdo sus palabras, las mismas no salieron tan elocuentemente, el nervio controlaba su voz y el miedo imponía pausas indeseadamente largas en sus oraciones.

  Puedo recordar cada pausa y tartamudeo de tus palabras, pero lo cierto es que no puedo recordar lo que te dije. Tu cara y mirada no se correspondían en las emociones ni en lo que deseabas. Siento que escuchaste lo que querías escuchar pero no sentiste lo que debías sentir. No te mentí, pero mis palabras no tenían la profundidad deseada, tu me mirabas con dudas y yo desentendido de mis palabras…»podríamos intentarlo…» creo que fue la palabra y la entonación clave de mi respuesta. Sabías a lo que me refería, que podíamos divertirnos juntos, pero aun no habían o quizás nunca habrían sentimientos.

  Nos tomamos de la mano y justo vinieron a buscarnos, porque debíamos encargarnos de las cotufas y bueno, ya nos habíamos olvidado, tanto por la terrible película que estaban viendo, como por la conversación que nació del oportunismo y el aburrimiento.

  Lo cierto es que pensaba en otra cosa, tenía una vaga idea de lo que podríamos hacer, pero en realidad no había nada más que hacer y por eso pasaba tanto tiempo en esto. Mi mente estaba distraída por el desinteres general con la vida, no me malentiendas, no tengo ideas suicidas, solo estoy mortalmente aburrido.

 Llevaba un rato sin saber a donde íbamos, pero por costumbre mi cuerpo se dirigía correctamente a donde debía. Me pierdo en los pasos acostumbrados, en los pensamientos reciclados, en las memorias repetidas y la misma banca gastada. Fue ahí, donde te ví.

Donde te ví a tí, Elizabeth

No sé si fue la primera vez que te ví, pero sin dudas fue la primera vez que te noté. Estabas sentada mirando los autos pasar, aburrida esperando a un taxí que te llevara a tu casa. Vestías un jean pegado y una blusa celeste, el pelo lo tenías recogido y el calor sin dudas se llevaba lo mejor de tu humor. Querías llegar a tu casa, se podía ver en cada centímetro de tu rostro.

Pero ese cansancio tan notorio me conquistó…

Tu piel natural de color marmol, teñida perfectamente con el bronceado natural de vivir en la Ciudad del Sol. Unos labios rosados, perfectamente diseñados, unos ojos marrones claros y un cabello marron con tintes naturales pelirrojos, que simplemenete mostraban una perfección agotada por una mañana de clases y un calor infernal. Tu cuerpo delgado y unas piernas que de algún modo parecían infinitas, una dulzura radiante y una simpatía dormida. Me viste pasar y me viste pasar, yo te pase por un lado pero más nunca me alejé de ti.

Quise verte sonreir, pero la casualidad no ocurrió y no se me ocurrió un modo de hacerte reir, pero sin dudas desde ese momento en adelante, mi mente se convirtió en una adicta a tí, mis pensamientos se obsesionaron en tus encantos y mi sueños de volvieron vaciós cuando no aparecías por ahí…

Espero volverte a ver, y te veré otra vez.

Comentarios

  1. Mabel

    10 septiembre, 2017

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

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