El espacio vacío

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E L   E S P A C I O   V A C Í O

Una casa; la casa en la que viví mis primeros años. Ahora, aunque está delante de mí y la reconozco –sin dudas e inmediatamente- como algo entrañable de mi pasado, no le echo más cuenta; porque sólo parece estar aquí para situar el lugar al que me lleva mi ensueño.

A su lado hay una explanada. Una parcela de tierra –sencillamente sin edificar-informe, reseca, estéril y polvorienta; en la que juegan unos críos –quizás, yo entre ellos-, con el poco brío y entusiasmo que el cansancio y la tarde-ya- yéndose, dejan en el ánimo. Al otro lado, las otras casas que conforman esta parte del barrio.

La imagen es como una foto antigua –fija, inerte y enmortecida- que sólo se mueve y aviva cuando recordamos lo que éramos y hacíamos. Pero, ahora, desde un rincón enfondado del lugar, pegado a mi casa y, apenas, insinuado; llega una corriente de vida que alegra este tiempo desaparecido.

Es una arboleda la que ha cambiado el momento; un sendero interior que se abre ante mí, en el que de pronto he surgido sin haberme adentrado en el bosque.

Son troncos y tallos esbeltos, cimbreantes, apretados y entrecruzados: emergiendo en una tierra dura, húmeda, sembrada de hierbas; y culminando en copas cuajadas de ramas y hojas que recorren el cielo, lo retazan y caen enracimadas.

Desde esta arboleda, el verdor, la suavidad, la caricia, la frescura, el tersor del suelo humedecido… me embrisan el pecho llenándolo de un calor   calmado, mullido y pleno; que me adormece el alma en un suspiro de dicha anhelada.

Pero también hay otra sensación; y yo, desde lejos de la arboleda. –a la vez que estoy dentro- recuerdo este paraje: una vereda flanqueada por unos escasos árboles que nos llevaba a una huerta para conseguir cañadú –caña de azúcar- y deleitarnos saboreándolo… Y sólo había esto: un huerto, un sendero, un vallado; mientras todo lo demás que lo rodeaba, era zona desconocida, casi inexistente…

…El camino interior en el que aparecí se muestra –cuando estoy dentro de la arboleda- como una senda hacia algo –o lugar- que quiero tener y que he tenido; aunque siento embargo, prevención, extrañeza; un cierto impedimento.

En cambio –cuando la arboleda ya ha extasiado mi alma- sigo hacia dentro; no sé si andando ahora, recordando el pasado ó en sueños.

Dos senderos, dos sensaciones, dos emociones, quizás dos tiempo y dos realidades mías; se encuentran superpuestas al recorrer el camino.

En una, al avanzar, mis pasos suenan alegres al pisar la hierba entre las piedrecillas y el suelo; cualquier rincón o brecha en la espesura me atrae y contenta íntimamente; y la ida por el sendero mantiene mi alma presa de un anhelo que está consumándose. Luego el terreno –clareándose de vegetación- se abre en una explanada; en la que vislumbro una casa de madera y una pequeña elevación de la tierra a su lado, como una estancia al descubierto para animales o huerta.

En la otra, el camino y mi paso por él son anodinos, inatendidos, prosaicos. Tuerce hacia la derecha –el anterior, seguía recto- y acaba en un claro de cruce de veredas; en el que un hombre nos atiene, se mete en el cañaveral y nos da el cañadú. Después desandamos el recorrido y, sin más salimos del lugar. Salvo un pequeño dasasosiego, extrañeza y alguna mirada a hurtadillas al paraje; todo es rutinario, rápido y como un mandado –un recado, una compra- para nosotros o algún otro…

¿Qué une a los dos caminos; el del ensueño y el de la realidad recordada como vivida?… Éste, aunque sea tan común a un quehacer humano sencillo y trivial; provoca un sentimiento y una sensación –propios de un niño-, ante ese lugar desacostumbrado, recóndito y presentido cercano aunque ignorado;…un lugar que atrae como una maravilla encubierta; pero, luego, esto queda encerrado en el mundo misterioso que acompaña todo lo que existe, y que no es necesario –estrictamente- para vivir… El niño, después, se sentirá embargado con su recuerdo, nada más; aunque, al decírselo, prescindirá de esa emoción.

El otro camino lo siento, ahora, como la búsqueda de esa realidad que se presentía en el entorno de la huerta. El lugar, además de alejado y no cotidiano, era un paraje en el que la Naturaleza aparecía –para mí- selvática; con su cañaveral casi sin resquicios, espigado, ocupando hasta el horizonte, exótico; sus senderos inesperados, profundos y sinuosos; su soledad hasta de gente; y ese pálpito de sentirlo algo mío pero ausente o escondido en mi ser.

Aunque el niño –al menos, yo- no entendiera más que “aquello que iba a hacer allí”; el sitio quedaba marcado con esa emoción y ese sentimiento; por lo que muchas veces, parajes semejantes provocarían el mismo sentir extraño. Y, en ocasiones, caminaría –soñando o no- dentro de ellos, buscando lo que parece estar “dentro del bosque”; como en los cuentos

…¿Qué hay en la casa?…Es de madera, huele a humedad, parece grande pero tal como una cabaña; su puerta abierta enseña la oscuridad de estar vacía, y si tiene ventanas son pequeñas y muy arriba. La imagen de un barracón militar –y después de un vagón viejo de tren de mercancías- la está precisando en mi mente; y me acuerdo, ahora, que siendo niño –aún sin andar- viví en destacamentos del ejército. Hay otra escena de entonces; pero me estoy sintiendo tenso y entristecido, abstraído en estos recuerdos y alejando la vista de la casa.

Parece nostalgia –una pérdida- este sentimiento que la vivienda ha provocado hacia el pasado….Embargo, vacío, pena; después, pregunta, búsqueda, casi rastreo del lugar escudriñándolo sin verlo realmente…

La tierra –la pequeña parcela- anexa a la cabaña, que borrosamente me sugiere un huerto y animales; se muestra tersa, dura y húmeda –como el sendero de la arboleda- pero con sólo unas hierbas pequeñas y desparramadas. Otro recuerdo, aunque separado del de la casa, me llega en su lugar; porque este de la tierrecilla solamente trae la sensación, casi impersonal, de un erial sin vida…

…La zona en la que imagino es un claro de bosque. El sendero por el que llegué, aparentemente abierto desde la explanada en la que estaba mi casa; se enc ontraba dentro de la arboleda. El resto del lugar, a uno y otro lado, es otra espesura de árboles más altos, oscuros y viejos. Pero detrás de la vivienda la fronda es variada, verdosa, suave y menos cerrada; como si todo el lugar, una vez abierto, diera paso a otra vida…

Al final, entraré en la casa… Subo unos escalones de madera, empujo la puerta, y una tenue claridad de sol penetra conmigo dispersándose dentro. Ahora, su olor es cálido, tibio de atardecer, y su aire puede verse irisado en la luz que está llegando. Estás vacía, pero como si lo que había antes, hubiera quedado en su tiempo; pues aunque no hay ni un pequeño rastro de cosas, si hay una imagen de ellas intuída en cada sitio, aún sin concretarse.

El impulso –nervioso y rápido- con el que entré casi se ha desvanecido. Extrañamente, el embargo ante lo desconocido se está volviendo tierno, de dicha saboreada, de encuentro deseado, de presente viviéndose; pero que todavía no ha llegado a la mente…

…Yo he vuelto a la casa; no a la que no está ya en pié porque el pasar de los años la ha destruído; sino a la que tiene su propio alma creada en el mero hecho de existir, pese a no estar viva. Y yo he vuelto porque ella ha vuelto.

Ahora, una visión esparcida y cargada de cosas, de rostros, de gestos, de momentos, de sentires, de afectos…está frente a mí revoloteando –no sé si dentro, fuera; real o imaginada-; y despertando recuerdos todavía enmarañados y formándose.

Me estoy sintiendo dichoso, enternecido y recobrado, al recorrer la habitación; a pesar de que sigue el escarceo de pasados sin posarse en ningún sitio. Uno de ellos es el rostro de mi padre ya envejecido; mi madre –joven, hermosa y feliz- parece haber sido sorprendida en su casa; y no hay hermanos. Sillas de comedor, una máquina de coser, aquella mesa camilla; todas, como danzando en su espacio y risueñas;-también, mi padre-…

¿Qué es esto?…¿Un delirio mental; un simple juego; una falsa recuperación del pasado; un encuentro real con su tiempo?…Y ¿qué me da esta dicha..; si cuando hemos estado juntos, no los he querido con igual fuerza que la que me trae el reencuentro?…

Me acerco a mi padre. Su cara semeja jugar conmigo. Es travesura, burla inocente, guasa con mi seria preocupación, broma con sus años y achaques; lo que me está diciendo el gesto de su rostro. Y esto me deja desconcertado, porque con esa edad sólo se le veía pasar el tiempo echándolo fuera; y   ahora parece reírse de lo que le va a llegar, como si fuera algo vivo y deseado; y no, muerto y temido.

Mi madre, en otra zona de la habitación –y en otro momento-, se comporta despreocupada como él y desbordante de energía. E, igualmente, todo lo que hay aquí dentro se mueve ajeno a lo que siempre han hecho; causando una mayor extrañeza…

No hay recuerdos propios de ellos, no hay realidad acabada, no hay lógica en este espacio de tiempo…Y paso de esta perplejidad y de mis preguntas al desasosiego; después, el vacío de respuestas me siembra de dudas, sobre si realmente está sucediendo algo fuera de mi mente; y, al poco, -despacio, apagado y engestado-, vuelvo a estar sumido en la pesadumbre…

Pero, las imágenes no se han ido aún. Me acuerdo de que, otras veces, visiones surgidas en momentos similares: cuando han llegado a silencios e incomprensiones y –por mi parte-tristeza; se han ido enlenteciendo y difuminando, hasta desaparecer. Sin embargo, ahora, no sé si se iban porque no existían o porque yo –falto de fuerza y entusiasmo- las hacía marchar; al notar –ellas- que así no sucedería nada.

Miro y ahí están. Parece la misma escena, con igual sinsentido de gestos, momentos, mezcolanza y actividad; aunque esta vez lo que me sorprende, además, es la sensación de que me llaman a su mundo –a éste- de aparente arrebato.

Mi padre, con su mirada en mi presente, es el que me alienta a seguirlo; mi madre, ajena a los otros, abre un paso extraño en el tiempo. Las cosas de la casa, hacen engañosa la realidad que idean nuestros sentidos…Y entre todos, me crean un mundo completamente cuerdo desde lo que parece locura.

Avanzo hacia lo que está –supuestamente- delante y entro en él. El espacio –antes plano como una pantalla- se abre, me rodea y se divide en compartimentos separados por paredes casi inmateriales y luminosas; una para cada apariencia…

…Las tres parecen estar en sitios o momentos diferentes; aunque para mí, no ocurre así. Algo ha unido tiempos, lugares, seres y estados de tal manera; que no hay límites o barreras que impidan pasar de unos a otros, y que todo sea uno…

No hay dolor o miedo en la muerte, ni siquiera ésta; no hay penar en la vida; no hay mundo animado e inanimado; no hay espacios, sino espacio; no hay tiempos, sino un tiempo –tampoco éste-…Y todos lo saben; aunque parecía que lo ignoraban: sencillamente no tenían que preocuparse por manifestar algo; tan sólo era así…

Esto   no sé si ha llegado a mi mente, si ha salido de ella; si ha alcanzado a otro yo o si se ha despertado. Pero, ahora, no estoy perplejo; sino aguardando lo que ha de sucederme; y lo que   siento es el embargo y la tensión ante lo desconocido…

…Las tres apariencias han desaparecido; el espacio se ha vaciado de todo lo que no es él y sus límites; y no queda nada dentro que puedan percibir mis sentidos. Sin embargo, la sensación de que estoy en lo que antes era él; es clara, fuerte, fija y segura; aunque sólo prendida en mi interior:…es real.

Pese a esta lucidez, su pequeñez –frente a lo que ya hay, desde hace tanto, guardado en mi mente- es inmensamente minúscula; y las ideas, Las experiencias, los recuerdos, hasta las explicaciones no pedidas; tratan de quitar, interpretar y ocupar esta realidad: Un lugar solitario en las afueras del hombre, pero reconociblemente terrestre; un sendero que puedo recorrer hasta que logre encontrar algo; un paraje de otro tiempo en el que buscarme; una playa, embellecida por el amanecer, que me acerca personas, seguramente, desaparecidas; una llanura de otro planeta para hallar mi origen;…una detrás de otra, como si mi razón estuviera probándolas, para tener un camino que seguir fuera de este espacio enajenado del mundo.

Pese a este empujar de posibilidades, yo no me muevo detrás de otro engaño. Ahora, estoy -lo intento- distraído de lo mío que viene de fuera: sólo tengo sonidos sin nombre, un ruído sordo parado en mi cabeza y la sensación de vacío en el cerebro; mientras que del cuerpo únicamente llega su estar conmigo. Y, además, la imagen, como un fondo de escenario, que inevitablemente sigue colgada en mis ojos: la del espacio hueco en el que espero y el horizonte que aparece lejano; tal como el nombre de lo que puede venir…

…La pérdida de la casa ha movido su tiempo hasta este presente. Es, ahora, cuando trato de ver –como si todo lo sentido desde que surgió la arboleda, no fuera más que ensueño, o tuviera que traerme aquí después de mostrarme lo que presencié-. Por eso, no sé si empiezo de nuevo o parto de una verdad conseguida…

Igual que mi cuerpo, se deja notar con pulsos continuos que me unen a él; la mente semeja hacerlo desplegando una secuencia incesante de imágenes. Al principio, son similares o relacionadas con la que se inició el bloqueo; después, no tienen nada que ver, ni en la forma, ni en la evocación, ni siquiera con mi realidad. Son porciones -.a veces, mínimas- de una o varias cadenas, de las que parecen desgajarse –casi deshilachadas- aparentemente de forma caótica. No sé sus porqués, pero no me dicen nada; por lo que espero sin más que se acaben; si se acaban de una vez. Sin embargo, el cansancio de esta tensión inservible puede acabar, desafortunadamente, reducido al adormecimiento; y, entonces,…lo que acontezca no dejará rastro en mi conciencia; a menos que el sueño… el sueño –de cada noche- nacido, enraizado y nutrido en esa lejanía que, a veces, se nos acerca-…consiga devolverlo a mi mente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. VIMON

    1 septiembre, 2017

    Mucha nostalgia en este excelente relato.

    • microescritor

      26 septiembre, 2017

      Te agradezco lo de «excelente». No sé si logro expresar lo que siento o «veo», pero sé que no es nostalgia – al menos-humana.

  2. Mabel

    1 septiembre, 2017

    Muy buen Cuento. Un abrazo José Luis y mi voto desde Andalucía

  3. ANTONIO A

    3 septiembre, 2017

    Cuando un relato está trabajado con pasión se agradece leerlo.

  4. veteporlasombra

    11 septiembre, 2017

    Si no recuerdo mal, esta historia la leí ya. Presente, pasado, ensoñamiento, niñez, adultez, realidad, imaginiación… Tu relatar, con anécdotas ajenas a mí, me conduce a un estado de melancolía y de rememoración propios. En mi opinión, ése es tu mejor mérito. Un saludo…

    • microescritor

      26 septiembre, 2017

      Co compañero de escritos te has hecho muy especial para mí; porque pareces que entras en el fondo de lo que me lleva a escribir; pero trato de que lo humano no oculte lo existencial

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