Imagina

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Está lloviendo, es un día cualquiera de lluvia, para algunos un día insípido, triste, caótico, melancólico, todos adjetivos negativos, para otros justo lo contrario. Para nuestra protagonista los días así le encantan, es un día para estar de buen humor, salir a la calle con paraguas, sentir la lluvia caer, relajarse con ella, mirarla como una boba durante un buen rato como si estuviera pasando algo increíble, alegrarse por el campo y por el mundo, de cómo lo agradece la tierra este bien tan preciado. Pero justo hoy no es un día para estar alegre y disfrutar de la lluvia, sino al revés, nuestra protagonista está muy deprimida y el poco ánimo que encuentra es escuchando a su cantante preferido, Cristian Castro, lo sigue desde que escuchó su éxito “Azul” por primera vez en la radio, desde ese mismo momento, Cristian Castro ya contaba con una seguidora fiel e incondicional.

Lleva media hora escuchando música y trabajando en su nuevo proyecto mientras la lluvia se estampa contra los cristales de la ventana de su estudio, que por cierto mucho interés no está mostrando en la realización de los planos porque está dibujando la escalera de su próxima construcción donde no corresponde. Suena la canción “Imagina”, se echa a llorar desconsoladamente. El motivo, muy sencillo, mal de amores.

Esa era su canción, la favorita de los dos, significaba mucho para ambos, se sentían tan identificados con la letra. A ella esta canción le gustaba mucho, pero era una canción más. Al conocerlo, dejaba de serlo y se convirtió en su canción. Una canción que le marcaría de por vida, un recordatorio constante del momento que compartió con él. Lo sencillo hubiese sido eliminar la canción de todos los sitios dónde la tenía grabada, así el dolor sería menor en ese instante al no escucharla pero ella no quería, le encantaba la canción, tan romántica, la forma de cantar de Cristian, esa voz tan melancólica que la envolvía y enamoraba, tan Cristian, que no podía quitarla, era como si al hacerlo le quitasen algo de su cuerpo. ¿Qué estúpido verdad? Pues nuestra protagonista es así.

No se habían conocido en persona, pero llevaban tanto vivido que parecía como si así fuera. Tanto tiempo compartido, charlas interminables hasta altas horas de la madrugada frente al ordenador. Empezó como cualquier conversación por internet en una página de contactos, con el hola que tal… pero desde la primera conversación vieron que tenían mucha química en sus palabras y las horas se les pasaban como si fueran tan solo unos segundos. Hablaban de cualquier tema, desde temas triviales hasta otros personales y profundos. Poco a poco, los segundos ganaban terreno. Un día, ella le envío una canción que acababa de sonar en su mp3, le encantaba, pero nunca se había parado a escuchar el significado de la letra hasta ese momento. Le pareció escrita para ella y para esa historia que empezaba a dar sus primeros pasos. Cuando él la escuchó, dijo que esa sería su canción, la de los dos, que siempre les representaría, donde estuviesen, a miles de kilómetros o a tan solo un milímetro, siempre, siempre sería su canción, porque las conversaciones desde que empezaron a profundizar en algo más que una amistad, habían sido así, como el título de la canción, Imagina. A partir de ese día, él siempre le escribía los primeros versos de la canción a modo de saludo.

Imagina las cosas que pudiera hacer contigo

Imagina la paz y la ternura que sentimos

Imagina lo dulce y lo divino que sería

Imagina que juntos estaremos algún día

Soñaban cómo sería el primer encuentro entre ellos, qué se dirían, qué llevarían… Ella ya tenía impregnado ese encuentro cómo si hubiera pasado en realidad. A parte de llevar puesto su vestido favorito con los complementos a juego, llevaría consigo mucha timidez, nerviosismo, alegría, emoción y un sinfín de sentimientos guardados en un bolsillo de su corazón. Él, por el contrario, lo había imaginado como un encuentro relajado, distendido, con mucha complicidad y sonrisas por todas partes.

Imagina la noche en que te duermas en mis brazos

Imagina besar todo tu cuerpo muy despacio

Imagina todito lo que tengo en mí guardado

Imagina, te entrego el corazón, no te lo doy, te lo regalo

Imagina querernos con locura y sin medida

Imagina vivir con tanto amor toda la vida

Llevaban planeando quedar bastante tiempo. Habían pasado 2 años desde que comenzaron a hablar, pero ninguno puso una fecha para el ansiado encuentro. Entonces él, le escribió otros versos de la canción para pedirle conocerse por fin en persona. Ella se quedó bloqueada, tanto ansiaba que llegase ese momento pero a la vez sentía terror por el encuentro, en que un día se hiciese realidad. Le contestó con la verdad, que estaba entusiasmada con verse pero que a la vez estaba aterrada. Él intentó apaciguar los temores de ella y le propuso fijar una fecha conveniente para los dos sin que se dilatase en el tiempo, así ella podría asimilar el encuentro. Ya había pasado tiempo suficiente conociéndose a través del ordenador, necesitaba tocar su piel, darle un beso… no sólo en su imaginación, sino que todo eso pasase en realidad. Pero había otros inconvenientes más poderosos que la timidez, el terror de que no saliese como lo habían planeado… la distancia y el dinero. Ella trabajaba de becaria en un estudio de arquitectura mientras terminaba la carrera y él seguía estudiando la suya de historia del arte por lo que los ingresos de ambos no eran muy boyantes que digamos. Les separaban 600 kilómetros.

Estaba decidido, él sería el que viajase a conocer a nuestra protagonista, ya que desde que su canción formaba parte de sus vidas, compró una hucha y todos los días echaba un euro por lo que tenía un dinero ahorrado. El día llegó y los nervios estaban a flor de piel. Habían quedado en un café muy acogedor. Él le envió unos versos de su canción para que supiese que ya había llegado.

Mi amor, imagina un mundo y una vida para estar juntos

Siempre juntos

Imagina, si puedes, imagínate mi amor

Cuanto te amo

Ella llegó a los 10 minutos. Estaba tan nerviosa que había olvidado ponerse el pañuelo que había comprado para él. El corazón le latía tan rápido que lo sentía como golpeaba contra su pecho. Temía que se le parase en cualquier momento. Se saludaron y él dudó si besarla en la boca o darle un casto beso en la mejilla. Tenía pensado darle un beso en la boca nada más verla, había soñado con eso la última semana pero al final le dio uno en la mejilla.

La velada transcurrió con muchos nervios, silencios, que en vez de ser incómodos, eran todo lo contrario. Nunca se habían visto en persona. Las palabras no eran necesarias, todo lo que se tenían que decir en esa cita, se lo decían con la mirada, a veces una mirada tímida, otras, en cambio, eran de lo más pícaras. Cada segundo que pasaba, se sentían más relajados, la tensión del principio no existía y comenzaban a ser ellos mismos. Estuvieron toda la tarde juntos, dieron paso a la cena en un rinconcito de un restaurante que acababa de abrir y que ella había acudido varias veces con sus amigas. De ahí, se fueron a la casa de ella a seguir con la conversación. Llevaban toda la tarde hablando además de los dos años y pico que lo habían estado haciendo a través de sus pantallas de ordenador. Parecía que les habían dado cuerda desde que empezaron a destensarse y no paraban de hablar de esto y de aquello, como si solo tuvieran esa noche para decirse todo porque al día siguiente ya no existirían.

Al llegar a casa, ella puso música y empezó a sonar su canción, porque fue esa misma canción la última que había escuchado antes de marcharse para imprimirse ánimos, pero no sé si le funcionó o incluso la puso más nerviosa. Entonces él, la agarró por la cintura y la sorprendió con un beso cálido, apasionado, dulce a la vez, que la dejó sin respiración y totalmente desubicada. Hasta el momento todo iba bien, pero él sintió que se había precipitado y decidió huir. Ella se quedó de pie, inmóvil frente a la puerta sin saber muy bien lo que había pasado y empezó a sentirse mal porque creía que era la causante de que él hubiese salido disparado de allí sin tan siquiera despedirse.

Pasaron los días y no obtuvo respuesta de su enamorado. Ni en la página donde hablaban todos los días, ni en el email, ni en las redes sociales, nada. Estaba claro que él no quería volver a verla y mucho menos hablar, aunque solo fuera mediante la pantalla del ordenador. Estaba convencida de que ella era la culpable de esa marcha cada día que pasaba, por no haber sabido reaccionar a tiempo y haber impedido que se fuera. Tal vez esperaba algo más, pensaba.

Después del llanto, llegó la calma, se tranquilizó e intentó poner en orden el proyecto que estaba realizando, cambiando todo lo que tenía mal. Cuando terminó se condujo a su casa bajo la lluvia, no tenía paraguas, no importaba, necesitaba sentir la lluvia, como si la lluvia la ayudara a limpiar sus lágrimas que había derramado apenas una hora y toda esa tristeza y decepción que llevaba arrastrando las últimas semanas. Cuando dobló la esquina que daba al portal de su piso, vio a alguien sentado en el escalón de la puerta de entrada. En ese instante no lo reconoció, pero a medida que se iba acercando, se percató de quien era. Alguien que desde hace días, incluso semanas no había vuelto a ver ni a saber nada de él. Al verlo, no siguió andando, hasta hizo intentos de salir huyendo, pero estaba petrificada, le pesaban las piernas como si fuesen de cemento. Entonces, llegó él hasta ella. Nuestra protagonista hizo intentos de hablar, pero él fue más rápido y le tapó la boca con un dedo y le dijo:

- Déjame explicarte. Antes de nada te quiero pedir perdón por irme así la última vez y no haber dado señales de vida durante estas tres semanas. Fui un completo estúpido, me asusté, pensé que me había precipitado, que te había asustado con mi beso, pero en realidad el que se asustó fui yo. Si no te he escrito ha sido porque necesitaba aclarar mis ideas, y no sabes cuánto te he echado de menos. Nuestras charlas hasta bien entrada la madrugada, tu apoyo, virtual, pero lo sentía como si me lo dieses en persona, todo… Cada vez que pensaba en ti, no había un minuto que no lo hiciese, se me encogía el corazón y me entraba mucha congoja y tristeza. Esos sentimientos han sido mis compañeros todos estos días. Me he dado cuenta que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, eres mi complemento. Llevamos un tiempo conociéndonos, no de la manera tradicional, pero para mí como si lo fuera. Quiero que sepas que estaría dispuesto a mudarme a esta ciudad para seguir conociéndonos y afianzando nuestra relación, si tú quieres, claro. ¿Qué me dices?

- No sabes la falta que me has hecho, lo sola, triste y culpable que me he sentido estos días. Creía que como no reaccioné a tu beso, presentiste que no me había gustado y que en definitiva yo no te había gustado y por eso me habías dejado, que no querías saber nada más de mí…

La calló con un beso inesperado. Ambos necesitaban sentirse cerca para poder estar vivos. Sus corazones empezaban a latir de nuevo, como si ese beso fuese una inyección de vitalidad. Mientras, sigue lloviendo y ellos están en medio de la calle empapados. No les importa la lluvia, que en este momento cae con fuerza, así apaciguan ese fuego interno y la pasión que sienten el uno por el otro. Al fin, su canción se había hecho realidad.

Mi amor, imagina un mundo y una vida para estar juntos

Siempre juntos

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    11 septiembre, 2017

    ¡Qué hermoso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

    • altair

      14 septiembre, 2017

      Gracias Mabel!! Un abrazo y un saludo

  2. Esruza

    11 septiembre, 2017

    A veces la distancia parece que difumina los sentimientos, pero no es así, pueden crecer más y hacerse realidad. Una hermosa historia.

    Saludos y mi voto

  3. altair

    14 septiembre, 2017

    Gracias Estela!!! Sí, así es, hay veces que la distancia puede ser más poderosa para hacer un amor más fuerte. Un abrazo y un saludo.

  4. Imagen de perfil de Sosias

    Sosias

    4 octubre, 2017

    Hola, altair.
    Es como las novelas románticas, no hay sobresaltos, terceras personas,tan solo… Imagine.
    Imposible no enamorarse y soñar.

    Saludos y mi voto.

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