La reliquia

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Por fin…

Después de seis años buscando y excavando por medio desierto allí estaba.

Una de las reliquias más deseadas del mundo.

No creía que fuera real, pero ahí estaba.

La Lanza del Destino.

O lo que quedaba de ella.

Estaba rota y oxidada pero era la reliquia. Estaba segura.

Podía sentir su poder. Un poder capaz de convertir en dueño del mundo a quien la poseyera.

Por eso Hitler la quería. Por eso le había pagado una fortuna para encontrarla

Y por eso mismo debía evitar a toda costa que la tuviera. La Orden había sido clara. Infiltrarse, recuperar la reliquia y llevarla bien lejos de ese loco.

Miriam se sacudió la ropa llena de polvo y echó hacia atrás un mechón rubio que se había escapado de su trenza.

¡Dichoso pelo!

–    ¿Han encontrado algo?

Con un gesto rápido tapó la reliquia con un trapo viejo y se giró para sonreír al hombre que acababa de interrumpirla.

El coronel Wolfram von Sievers. Alemán, rubio, alto y nazi. El estereotipo favorito de Hitler. Y uno de sus perros encargados de vigilar las excavaciones y el segundo de la Deutsches Ahnenerbe o Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana.

Ahora tendría que averiguar cómo darle esquinazo. Claro que si su plan seguía según lo previsto, eso estaría resuelto.

–    No. Aun no. Pero hay buenas expectativas. Estamos en el buen camino, sin duda. Pronto podremos dar buenas noticias al Führer.

El coronel estrechó los ojos, como si no la creyera pero dio media vuelta y salió de la cámara. Dando un suspiro de alivio, cogió con cuidado la reliquia y la observó con detenimiento.

Lo que quedaba de la Lanza del Destino. Solo quedaba la mitad de la punta. Como si alguien la hubiera partido en dos. Estaba cubierta de oxido y tierra, pero aun podía notarse el poder en ella.

La Lanza del Destino… la lanza que Longinos usó para matar a Cristo… el objeto que llevaría a la victoria a todo aquel que la portase…

Debía alejarla lo antes posible de las manos nazis.

Esa misma noche el grupo de tuaregs que había pagado para seguirles y había avisado en un despiste de los guardias, acudió al campamento y aniquiló a todos los soldados que les acompañaban.

Luego la escoltaron hasta El Cairo donde tomó un barco rumbo a Estados Unidos.

Jamás llegó a su destino…

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    7 septiembre, 2017

    ¡Excelente historia! Un abrazo Eva y mi voto desde Andalucía

  2. VIMON

    7 septiembre, 2017

    Muy buen relato, Eva. Saludos con mi voto.

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