Era ella una hoja llevada por el viento. Apenas liviana, un tanto seca ya y con muchas añoranzas. El árbol del que había caído mudaba por la estación. Ella fue de las últimas, o al menos eso pensó mientras navegaba con los aires fríos del invierno. Pero no, fue y es la última que se despegó de las ramas. Esa era la razón de que en su viaje ligero no se encontrara ya con nadie más.
Desde luego en algún momento la boca de los ráfagas se cerro, haciéndola caer con una suavidad vacilante en lo que era ahora una charca. No se hundió pero no tardaría en hacerlo. Ya en la quietud mucho más cerca del suelo se preguntaba muchas cosas. Como: ¿porque había caído si aún estaba medio verde? o ¿porque no había logrado despegarse tan bien como las otras hojas con los primeras ventiscas?. Sin darse cuenta se cuestionaba como si de un ser pensante se tratase.
La noche siguió al día. Nuestra hoja permanecía quieta sobre el agua e intentaba dormir. Pero era muy difícil porque a ratos otras criaturas pasaban cerca, correteando o bien bebiendo del agua salpicándola y dándole sustos terribles. Porque si bien desde que nació nunca se había puesto a pensar en como acabaría, se dio cuenta que no ansiaba terminar sumergida, justo en el fondo. Toda hoja debe morir en la tierra. Era lo que correspondía.
Se vicio entonces con una idea, la de llegar a un extremo de la charca. La cultivo tanto que en cierto momento logró poder moverse por su cuenta. Era un simple balanceo pero lo suficiente como para manejarse cuando el agua se movía. Estaba navegando utilizando la fuerza que le salía y la que le llegaba. No siempre sin embargo iba hacia la dirección que quería. A veces incluso se quedaba suspendida sin poder hacer nada. Entonces lloraba. Recordaba que solo era una hoja venciéndose a si misma.
La luz se fue aclarando. El amanecer trajo consigo una rocío intenso. Las pequeñas gotitas comenzaron a almacenarse en el dorso de la hoja. El peso la hizo estremecer, seguramente se hundiría. Pero resulto ser que ante esta nueva adversidad surgió una oportunidad. Cada gota al caer salpicaba, haciendo hondas poco visibles que cimbraban como un corto eco sobre el agua. Otro pensamiento salido del anterior le nació. Usaría las vibraciones a su favor. Se convenció de que llegaría finalmente a la orilla.
De un lado hacia el otro, inclinándose, levantándose, sumergiéndose y arriba de nuevo. Así iba surcando. Era aquella lucha una danza deleitosa al punto que los seres que pasaban terminaban con la mirada puesta en ella. Todos la miraban con encanto. El deseo de la hoja llegaba sin palabras hasta otros transformándose en nuevas plegarias. -Ojalá lo logre, para que llegue a la tierra-, se decían algunos. –Que no llegue para verla por siempre-, pensaban otros. Era sin darse cuenta la actriz de un acto improvisado, inspirado por su tenacidad a la muerte que consideraba digna.
Bailo tanto que sintió que flotaba de nuevo sobre las copas, cerca de las nubes. Ya no sentía ningún peso. Ya ni siquiera se daba cuenta de que era una hoja. Se movía entre sueños donde todo callaba y las imágenes que le llegaban eran dulces como los recuerdos. Era verde de nuevo. Las aves la rozaban con sus suaves plumas y el calor del sol la cubría. Escuchaba el coro se sus hermanas silbando cuando se mecían por el verano. Tonada hermosa y tan familiar que le hacía palpitar aún si no tenía un corazón. Era feliz.
Armonía. Susurro el invierno y la hoja se detuvo. En el horizonte del filo del agua la danzarina barca comenzó a desaparecer. Lentamente el telón fue desplegándose para traer el final. Era una despedida. Con la misma gracia volteó su cuerpo una vez más para hacer una reverencia ante su público. Su grácil cuerpo se hundió girando, con tanta o más belleza que antes. Era triste, pero de poca razón compadecerse. Ella falleció desde el momento en que dejo su rama. No lo sabía, nunca lo supo. Pero que gran hazaña, amar tanto a la vida que tenerla como último y final sueño. La última hoja, la que vive a pesar de los abates del desespero. Esa que deja huella sin conocer su destino.




Mabel
¡Qué hermoso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida
Natalia Ikchel Rodríguez
Muchas gracias
Adeodatus
Muy bello relato, destaca su originalidad, la poética de la narración, con sus formas bellas. analogía con el ser humano que piensa, siente y ejecuta acciones. Felicitaciones
Natalia Ikchel Rodríguez
Viste al humano dentro de la hoja!! Gracias!!
VIMON
Muy buen relato. Saludos con mi voto y mi bienvenida.
Natalia Ikchel Rodríguez
Gracias mil!!!
Sarasvati
Qué precioso relato lleno de lirismo. Mi voto y, por supuesto, te sigo.
Natalia Ikchel Rodríguez
Gracias! Espero escribir constantemente de ahora en adelante y seguir practicando.