El Ministerio del Tiempo y los viajes hacia el triunfo del bien

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Hace dos años, llegaba a la programación española una serie de ciencia-ficción que abordaba algo insólito en la narrativa del país. Esto no era otra cosa que la posibilidad de desplazarse en el tiempo, siempre hacia el pasado, y con un único propósito: evitar que una serie de personajes, que aparecían con frecuencia y desde distintas épocas, alteraran los acontecimientos conocidos para su conveniencia.
El Ministerio del Tiempo se convirtió, rápidamente, en una de las series más admiradas de todos los tiempos. Los seguidores españoles, y de fuera de nuestras fronteras, se entregaron por completo al visionado y estudio de cada capítulo, no deteniéndose su interés en los hechos presentados, sino en toda la historia que rodea a cada episodio. De esta forma, comenzó a construirse un acontecimiento cultural que aún permanece en nuestros días.
El Ministerio del Tiempo es una excelente serie de ciencia-ficción y cultura, muy alejada de otras producciones españolas que pueden verse en cualquier canal. Su detallada narrativa, la cuidada puesta en escena, el rigor y seriedad con que se presentan todos los hechos, son característicos de un producto que ya se ha elevado muy por encima de cualquier otra serie realizada hasta el momento.
Y el Ministerio del Tiempo es también la presentación de una peligrosa realidad, conducida por la ausencia de moral que, no siendo posible, a día de hoy, por falta de medios, sí podría presentarse en tiempos futuros, devenir que aún parece lejano, pero que podría ser alcanzado en breve.
Estos hechos no son otros que la posibilidad de manejar la historia para lograr que el mal resurja de donde fue apartado, elevándose por encima de los hombres de bien.
El Ministerio presenta la posibilidad de obtener este beneficio atravesando unas puertas escondidas a lo largo de todo el territorio español, en sus diversas épocas, que conducen hacia un lugar concreto de nuestra historia pasada. Y, en cada episodio, encontramos que unos personajes, alejados de la rectitud con que debe conducirse toda criatura, han empleado estos medios para beneficiarse, perjudicando a otros, y a la propia historia; y es ahí donde interviene la variable patrulla del organismo, pero esto es cuestión aparte.
La realidad ficcionada, lejos de nuestro alcance, que ofrece este excelente producto cultural y de entretenimiento-que, lamentablemente, no es respaldado por los visionados necesarios para prolongar su existencia-, construye una situación que inquieta a muchos, y requiere una vigilancia para evitar que acontecimientos como los presentados en el serial no lleguen nunca a verse cumplidos. Se trata, como es natural, de la responsabilidad que viene siempre asociada a un progreso elevado.
Viajar en el tiempo, en cualquier dirección, no es algo que deba hacerse, aun teniendo la posibilidad. Los hechos deben ser aceptados como ocurrieron. ¿En qué situación quedarían todas las realidades que, por diversos motivos, fueron tristes y olvidadas, y su recuerdo no ha sido alterado? ¿Cuál sería el escogido criterio que permitiría, por ejemplo, elegir unos acontecimientos para ser transmutados, elevándose por encima de otros que no alcanzarían esa suerte? Sin duda, estas cuestiones bastarían para cerrar las puertas del viaje. Pero existe otra razón de mayor peso: si las puertas permiten el viaje al pasado, ¿no se esforzaría el hombre, igualmente, por dirigirse al futuro, construyendo un camino que sólo a él beneficiaría, y en donde podría encontrar el éxito? ¿No quedarían expuestos, de esta manera, los acontecimientos presentes, que a todos importan, y cuyo devenir ya no podría cumplirse, una vez que el escogido ha trazado sus designios para obtener un provecho?

Sí: la manipulación de los tiempos, sin duda le alejaría de sus iguales, le situaría en una posición de ventaja ante ellos, y le haría, como consecuencia, una peor persona, una criatura sin moral que, en algún momento, debería responder por sus actos.

Tal realidad puede contemplarse, del mismo modo, en mi obra Las tres creaciones insólitas de Klant Woss.

Se trata de una historia de ciencia ficción ambientada en el siglo XIX, con trazas de narrativa histórica, escrita siguiendo los valores e ideales de la escritura lejana y elegante de siglos pasados, construida con una prosa refinada, y largamente trabajada, evocadora de la narrativa del momento, y persiguiendo, siempre, la creación de un ideal de expresión. Al igual que sucede en el Ministerio del Tiempo, en mi obra, los inventos asombrosos permiten elevarse por encima de las limitaciones, alcanzar nuevos horizontes, y comprobar, también, que una capacidad imponente requiere un cuidado importante. Klant Woss, el protagonista, observa cómo las previsiones pueden ser alteradas, y lo que parecía seguro ayer, convertirse en aire mañana. Y es por ello que, una vez más, debe insistirse en la necesidad de examinar el conocimiento, custodiar la erudición, y resguardar el estudio en lugar seguro, donde no pueda verse comprometido por la carencia de rectitud.

El Ministerio del Tiempo es ficción: quédese esto aquí, y confiemos en que, al tiempo que la serie alcance todos los logros que merece, obtengan, los pronosticadores de inventos indebidos, los mayores fracasos, permitiendo continuar con una realidad que, si bien nunca es la mejor, sí ofrece, cuando menos, alguna seguridad. Que así se escriba, y así se cumpla.

 

  • Nombre: David Wern.
  • Género: narrativa histórica, ciencia ficción, aventuras.
  • Bio: David Wern (Madrid, 1978) es licenciado en Literatura y un gran aficionado a los autores de ciencia ficción: Jules Verne, Pierre Boulle, H. G. Wells… Su prosa persigue siempre la excelencia y el lenguaje vistoso y cuidado con que se escribieron las grandes obras de estos autores.

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