La verdad era que no podía sacarlo de mi cabeza… Su voz penetrante, su acercamiento sin estar cerca… Simplemente no podía concentrarme en clases. Entonces, por más que quise evitarlo… sucedió…
Por Dios, es que si pudieran leer nuestros pensamientos; el mundo entero me hubiera juzgado por todo lo que imaginé…
Cuando sonó el timbre, lejos de alegrarme estaba nervioso y avergonzado. Si me hubiera incorporado en ese momento mi erección si hubiera notado. Hice un gran esfuerzo para obligar a mi mente a pensar en cosas asquerosas y así bajar mi evidente intensidad.
Pero caminando por la calle, no pude evitar pensar en aquello, otra vez. No me reconocía a mí mismo, pero que podía hacer, era inevitable…
—¿A dónde vas? —preguntó. Y di un salto.
No lo podía creer.
—A mi casa —dije entre dientes.
— ¿Y si vamos a otro lugar? Me interesa charlar contigo.
¿Qué podía hacer? Ya lo dije, él era más de lo que yo podía aspirar… Me dejé llevar, a quién sabe dónde…





Mabel
Muy buena historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Luis
Interesante comienzo, si es tal, un saludo, mi voto!