Bueno, vamos, no es para tanto. Cálmate, tranquilo… ese documento que tienes en las manos no es un papel cualquiera. Arréglate la corbata, alísate el pelo. Respira profundo varias veces y espera, espera un momento, eso te devolverá la calma.
Ya lo has pensado mucho y estas convencido que es lo mejor. Bueno, cuando menos sabes que no hay otro remedio. Pero no hay que considerarlo de manera negativa, esa es, a pesar de todo, la mejor decisión.
Tranquilo, eso es. Ese papel que te baila entre las manos es tu renuncia. Ya lo sé, ya lo sabes. El licenciado se va a sorprender.
Primero se levantará de su asiento y te dirá: ¿Qué es ésto? Sus ojos se habrán desorbitado y su cara se habrá puesto muy roja. Como de costumbre gritará, en vez de hablar.
Cuando las muchachas se enteren también se van a sorprender. Y Armando y Agustín y Cristina. Sí, la dulce y tierna Cristina, que por fin sabrá quién eres y de lo que eres capaz.
Nadie piensa que puedas tener el valor de llegar a ese extremo. Ni a ése ni a otro. Así te desvalorizan, ya lo sabes, ya lo saben. Tú eres el “bueno” de la oficina; el dócil, el dúctil, como te dijo el licenciado el otro día: eres el fácil.
Lo que no saben, lo que no sabes, es que dentro de ti hay todo un carácter que nunca se ha revelado. Lo que no saben, pero tu sí, es que para todo hay un límite en esta vida y éste es el límite de tu vergüenza.
No renunciar ahora significaría no solamente seguir siendo el fácil, el dúctil, el bueno, sino ser, además, el idiota de la oficina. Y tú no eres ningún idiota. Eso lo sabes tú, lo sé yo y hoy lo sabrán todos los demás.
De manera personal lo sabrá el Licenciado cuando abras la puerta, camines hasta su escritorio y, mirándolo fijamente a los ojos, coloques el papel sobre las cosas que parece estar firmando.
Puedes también aventárselo, si quieres. Al fin estás renunciando y ya no te puede correr. ¡No te puede hacer nada!
Vamos, no te acobardes ahora. Abre la puerta y entra. El licenciado no está besando a Cristina, sentada sobre sus rodillas, y tú le entregas tu renuncia en un papel y no sacas la pistola, porque casi nunca la traes contigo y no disparas, José, te juro que no disparas.





Sosias
Muy serio en el fondo y muy tierno en la forma.
Toda una declaración de fraternidad que se hace a una persona muy desesperada ,en un caso tremendamente serio ,cuando el sentido común se ofusca y alguien te devuelve al camino de la razón.
Puede ser también un auto convencimiento.
Perdiendo se gana.
Me emocina.
Saludos y mi voto
VIMON
Asì es, Sosias, me alegra que te haya emocionado. Saludos.
Pitus
En tu estilo, amigo. Muy bien llegado y con buen desenlace.
VIMON
Muchas gracias, Pitus. Un abrazo.
Mabel
¡Excelente historia! Um abrazo Vicente y mi voto desde Andalucía
Mabel
¡Perdón, quise poner un y me ha salido con m!
VIMON
Muchas gracias, Mabel, y un abrazo desde Monterrey, México.
Esruza
Muy bueno, interesante. Dejas a la imaginación algunas cosas.
Saludos y mi voto
VIMON
Esa es la idea, Esruza. Gracias por pasar y comentar.
Alcibiades
Muy buena historia. La posibilidad de hacer lo imposible.
VIMON
Muchas gacias por pasar y dejar tus comentarios. Saludos.
Luis
Me gustó mucho, Vimon, aunque el final, lógicamente, me desconcertó un tanto. Mi saludo y mi voto!
VIMON
Me alegra que te haya gustado, Luis, y reconozco que el final es un tanto desconcertante, porque en realidad es un final abierto. Saludos.
Juan.Pablo.González
Muy bueno, Vimon!!!
VIMON
Muchas gracias, Juan.