La bruja

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Ángela era una de las mujeres más bonitas, voluptuosas y sensuales que había conocido en su vida. Nada más verla se quedó prendado, deseó su cuerpo y sus rojos labios carnosos. No podía dejar de imaginarse tocando su piel,  mordiendo sus labios, perdiéndose en sus pechos, grandes, aunque no demasiado, y firmes como rocas.

No comía, había perdido el interés por todo, su mente se extraviaba en desvaríos sexuales, depravados. Soñaba con sus muslos marmóleos, con sus caderas ondulantes y se veía a sí mismo propietario de ese cuerpo perfecto.

Ángela, aparte de espectacular físicamente lo era también intelectualmente, una mujer leída, algo nada corriente en su época, se interesaba por la filosofía, la literatura y las matemáticas.

Se ganaba la vida como camarera en una taberna de mala muerte, dónde la había llevado el destino después de quedarse viuda de un conde tarambana que lo había perdido todo jugando a los naipes. Hasta la vida perdió por negarse a reconocer que hacía trampas. Como a Ángela no le agradaba nada el ambiente encorsetado de la nobleza decidió abrirse camino libremente y abandonó todo lo que de azul había en su mundo.

No le fue tan bien como hubiera deseado pero al menos era propietaria de su propia vida y aunque tenía que quitarse a los borrachos a patadas le compensaba la libertad que le proporcionaba no tener que depender de un hombre para sobrevivir.

Hilario, fortachón y analfabeto, bebía los vientos por Ángela, acudía todos los días a la taberna. Sus ojos lascivos provocaban en ella unos escalofríos que la recorrían todas las carnes del cuerpo, por lo que procuraba no acercarse mucho a esas manazas curtidas y negras de suciedad acumulada. Eso le exasperaba a Hilario porque no comprendía que un hombre como él, todo un verdadero compendio de músculos, no pudiera llamar la atención de la bella Ángela.

Cobarde por naturaleza, sobre todo ante las mujeres seguras y bellas, un día decidió esperarla en uno de los callejones por los que ella pasaba para ir a su casa. Y cual asaltante de caminos se lanzó sobre ella espetándole palabras soeces que él consideraba piropos. Intentó besarla, pero ella consiguió zafarse. De algo le había servido su entrenamiento entre borrachos ávidos de sus besos.

Hilario se quedó confundido y abatido. Como no podía quitarse de la cabeza aquellas caderas, aquellos labios, aquellos senos, aquel aroma, decidió que había sido embrujado. Aquella mujer debía de haber empleado sus malas artes para tenerle en aquel estado, porque un hombre como él, un macho en toda regla, no podía estar sufriendo de esa manera y menos aún ser rechazado por una hembra.

Así andaba  el aprendiz de asno, descabalado y aturdido cuando un buen día acertó a pasar por el pueblo  el Tribunal la Santa Inquisición, que con carácter itinerante pasaba por los pueblos para investigar a los lugareños y combatir la herejía.

Hilario estaba tan dolido con la bella Ángela que quiso vengarse del rechazo que sufrió su orgullo y sobre todo su entrepierna y fue a ver al alguacil al que contó confidencialmente que él sabía de una bruja que se había instalado hacía poco tiempo en el pueblo. Había aparecido por arte de magia, porque nadie sabía de dónde había salido ya que nadie le conocía parentesco ni procedencia y que a él le había echado un conjuro maléfico que le estaba volviendo loco. Le había sorbido el seso y no lograba concentrarse en su trabajo, algo que le iba a llevar a la ruina como continuara con ese mal.

Ángela fue detenida por la Santa Inquisición, registraron su casa, en la que encontraron lectura de todo tipo: historia, filosofía, libros de caballería, incluso unos pliegos de papel con números que nadie entendió (cosa de brujas). Por esta causa se le acusó de brujería  y por tener a los hombres embobados con sus hechicerías. Se le hizo un juicio sumarísimo al que asistieron todos los habitantes del pueblo. Nadie osó decir nada a su favor, todos callaron, no siendo que les tomaran a ellos por brujos también. Fue condenada y al día siguiente quemada en la hoguera.

Hilario se desprendió de su embrujo, porque ahora que no había cuerpo ya no había nada que desear, y él lo achacó a que el poder satánico de la bruja se había esfumado con su cremación.

Comentarios

  1. Viajero en el Tiempo

    18 octubre, 2017

    Hilario, pobre ignorante víctima de su orgullo, y es que, hay amores que matan.

    Fantástico relato @lourdesb, que me deja con cierta indignación ante el devenir de los sucesos.

    Buen ritmo y un argumento genial.

    Mi voto y un abrazo.

  2. Luis

    18 octubre, 2017

    …en los tiempos que corren, tan airados y drásticos, mucho más que oportuno tu relato, un saludo y mi voto Lourdes!!

    • Lourdes

      18 octubre, 2017

      Muchas gracias Luis, un honor que te guste y me leas, por supuesto. Un abrazo

  3. GermánLage

    18 octubre, 2017

    Un texto impecable, Lourdes, cuyo mensaje sigue hoy tan vigente. Supuso la gran sorpresa de esta tarde anodina.
    Un fuerte abrazo.

    • Lourdes

      18 octubre, 2017

      Querido Germán, me alegra muchísimo haberte sorprendido y haber alegrado un poquito tu tarde. Un inmenso placer tenerte entre mis lectores. Un beso enorme. Gracias!

  4. Mabel

    18 octubre, 2017

    ¡Excelente Cuento! Un abrazo Lourdes y mi voto desde Andalucía

  5. Esruza

    18 octubre, 2017

    Aun el hombre más feo e ignorante piensa que merece la más bella de las mujeres, este es el caso. La ignorancia atroz que acabó con una vida útil y bella.

    Felicitaciones y mi voto

    • Lourdes

      18 octubre, 2017

      Muchas gracias por pasarte y por tu comentario. Un abrazo

  6. Sosias

    19 octubre, 2017

    Hola,Lourdes, un placer saludarte, y decir que en esos tiempos era una temeridad ser mujer y dueña de su destino.
    Un oscuro pasado que adquiere tintes de actualidad en tu maravillosa pluma.

    Felicidades y mi voto.

  7. gonzalez

    19 octubre, 2017

    Qué lindo es leerte. Te dejo mi voto y un fuerte y cariñoso abrazo.

    • Lourdes

      19 octubre, 2017

      Mi querido amigo Gonzalez,no sabes como me alegra verte por mis letras, con lo abandonado que te tengo!!!. Gracias! gracias!, Un beso enorme!

  8. JAB

    19 octubre, 2017

    Lo triste de la moraleja es que a día de hoy esto no ha cambiado mucho, aunque hay ciertos matices que pintan esperanza y dejan huellas para las futuras generaciones, como la de mi pequeña leona que esta jugando un partido de hockey, mientras en el descanso leo tu cuento, excelente texto Lourdes, un saludo.

    • Lourdes

      19 octubre, 2017

      Querido JAB (permíteme que te llame querido, ya llevamos un tiempo compartiendo nuestros escritos) no sabes la ilusión que me hace que te gusten mis relatos, y este en concreto. Nunca estoy segura cuando cuelgo un texto de que pueda gustar, o que sea más o menos bueno, y que alguien a quien admiro me diga que es excelente pues me lleva a volar entre las nubes. Gracias!
      Es cierto que se va avanzando, se van consiguiendo cosas, pero mientras haya hombres que crean que pueden poseer a una mujer como si fuera un objeto no podemos dejar de denunciarlo.
      Mucho ánimo para tu pequeña leona.
      Besos

  9. XaviAlta

    5 noviembre, 2017

    ¡Qué alegría entrar de nuevo en Falsaria y leerte!
    Como sueles, muy bien escrito; como sueles, hiriente, sorprendente y sensible.
    Eres una de mis escritoras de referencia… pero eso ya lo sabes.

    • Lourdes

      7 noviembre, 2017

      Muchísimas gracias Xavi. Siempre es un placer y un honor tenerte entre mis lectores. Un abrazo enorme

  10. Vladodivac

    5 noviembre, 2017

    @lourdesb Un cuento precioso, lleno de actualidad, que desearía no lo fuera, con un ritmo vibrante y texto magnifico. Te mando un gran abrazo y mi voto por supuesto.
    Semper Fidelis.

    • Lourdes

      7 noviembre, 2017

      Gracias de corazón por dedicarme un ratito de tu tiempo y por tus palabras tan alentadoras. Otro gran abrazo para ti

  11. The geezer

    14 noviembre, 2018

    Me ha gustado mucho este relato, ni una palabra que falte, ni que sobre, y además con un mensaje potente y muy importante, ¡cuántas veces habrá ocurrido realmente! Saludos
    César

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