La Isla (Capítulo 1 de 14)

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Capítulo 1.

 

Luego de varias horas soportando vaivén del barco que nos estaba transportando, al fin se detuvo el vehículo. Yo seguía sin ver nada, debido a la bolsa con la que habían tapado mi cabeza, así que me dediqué a aguzar el oído. Se escuchaban varios pasos sobre la cubierta del barco, pero ninguna palabra. Nadie hablaba. Había más gente junto a mí, encadenada y amordazada como yo, y ya no intentaban emitir sonido alguno. Los nervios me inundaban, y asumí que a ellos también, sobre todo considerando que ni siquiera sabíamos a dónde nos estaban llevando. E incluso menos sabíamos por qué.

De repente, se abrió la puerta del camarote en el que estábamos. Entraron dos o tres personas, a juzgar por los distintos ruidos de pisadas, y uno a uno nos fueron sacando las bolsas de la cabeza.

Cuando llegó mi turno, me di cuenta de que no había diferencia alguna entre tenerla o no tenerla;

La habitación estaba sumida en las sombras. Sin embargo, los tipos esos realizaban su trabajo sin chocarse entre ellos, y sabían exactamente en dónde estaba cada uno de nosotros. ¿Cómo hacían eso?

“Estarán acostumbrados, supongo” Pensé, y me invadió una oleada de miedo.

Poco a poco, mis ojos se fueron acostumbrando a la penumbra. Conté a mis… Compañeros, por así decirlo. Éramos doce, ya con la cabeza descubierta, pero aún encadenados. Por lo menos, habíamos llegado todos con vida. Éramos los mismos doce que habíamos subido al barco, hacía muchas, muchas horas.

La gente que nos quitó las cadenas lo hizo rápido y en silencio… Y se marcharon. Yo fui el primero en salir a cubierta, y el resto me siguió.

Sobre la cubierta, había tres personas. Lo que más me asustó no fue el hecho de que los tres estaban armados, sino el hecho de que no trataron de ocultar sus rostros. Eso sólo podía significar una cosa: No tenían intenciones de pedir rescate por nosotros. ¿Para qué se arriesgarían a ser denunciados si íbamos a volver a nuestras casas? El hecho de que no cubrieran sus rostros sólo podía significar una cosa, y eso me puso bastante nervioso.

Más allá del barco sobre el cual estábamos parados, se veía la costa de una isla. Luego, había un bosque, y más al fondo algunas montañas. No era nada especial, no era un paisaje bello, parecía  algo lúgubre, aunque quizás eso se debía al miedo que sentía. Lo más curioso de la situación era que parecía ser la única masa de tierra en varios kilómetros a la redonda. Por más que volteé la cabeza, no logré vislumbrar ninguna otra masa terrestre más que aquella cerca del barco. ¿Tanto habíamos viajado en ese maldito barco? ¿En dónde carajo estábamos?

El tipo del medio, que parecía estar al mando, nos indicó que bajásemos por una escalerilla fija al barco, hacia la playa. Tenía una ceja canosa y la otra de color negro, igual que su cabellera. Los otros dos tipos no tenían ningún rasgo destacable; Aun así, intenté memorizar sus rostros. Por si acaso.

En cuanto pusimos los pies sobre la arena seca de la costa, nos inundó el olor a salitre propio de la playa. No había olor a pescado, ni se escuchaba ruido alguno más que el que producíamos nosotros. Entonces, uno de los tipos esos nos dio un mapa a cada uno. Luego, se fue, junto con el resto de los secuestradores. Se alejaron de espaldas, apuntándonos con sus armas. En ningún momento abrieron la boca para decir algo.

La mayoría nos quedamos viendo como subían al barco mediante la escalerilla, sin siquiera pensar en seguirlos. Pero uno sí que lo pensó. Y lo hizo. Era un muchacho rubio, apenas unos años menor que yo en apariencia. Les gritó “¡esperen!” Y se lanzó tras ellos. Pobre de él.

Al parecer, esa gente era muda y silenciosa, pero no iba a permitir que abandonemos la isla.

Lentamente, casi con aspereza, uno de los tipos, el que tenía una ceja de cada color, le quitó el seguro al arma que cargaba. Era una pistola común, de esas que usan los policías. Fue lo último que el muchacho rubio vio.

El de las cejas raras le disparó una vez, con su mano derecha sosteniendo el arma, mientras que con la otra se agarraba de la escalerilla. La bala impactó al rubio en el pecho, y él se desparramó sobre la arena. Luego, con parsimonia, el asesino volvió a pisar la arena, y le disparó dos veces más al cadáver. El ruido de los impactos seguía resonando en mis oídos cuando levantó la vista, y nos miró, relajado. No dijo nada, pero todos entendimos. El tipo se dio media vuelta, y volvió a trepar la escalerilla. Nadie intentó seguirlo.

El barco se alejó de la costa, solo Dios sabía hacia dónde, y los –ahora- once chicos nos miramos entre nosotros, sin siquiera saber qué hacer.

Comentarios

  1. Luis

    4 octubre, 2017

    Buena propuesta de continuación en novela, es un buen argumento para lectores juveniles y no tanto. Un saludo y mi voto, Julián!

    • Juli

      6 octubre, 2017

      Gracias por las palabras. Es un argumento un poco trillado pero me pareció genial la idea para escribir esta historia. Un saludo !

  2. Sosias

    4 octubre, 2017

    Hola , Juli.
    Inquietante, se merece una segunda parte que solo tu considerarás oportuno.
    Saludos y mi voto.

    • Juli

      6 octubre, 2017

      Hola, Sosias, gracias por el comentario.
      La historia en sí ya está escrita, la utilicé en un concurso acá en Argentina, por eso ya sé exactamente cuántos capítulos va a tener, jaja.
      Un saludo !

  3. Mabel

    4 octubre, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo Julián y mi voto desde Andalucía

    • Juli

      6 octubre, 2017

      Muchas gracias, Mabel. Un abrazo !

  4. GermánLage

    5 octubre, 2017

    Como siempre, Juli, tu prosa es deliciosa; y lo más gratificante es que ofreces, al menos, trece entregas más. El tema, de gran interés.
    Un fuerte abrazo.

    • Juli

      6 octubre, 2017

      Bueno, si bien son catorce capítulos en total, algunos son tan cortos que los voy a subir de a pares, jajaja.
      Gracias por las palabras, Germán, como siempre suben el ánimo.
      Un gran abrazo !

  5. altair

    7 octubre, 2017

    Solo he entrado a darte todo mi apoyo y mi como no, mi voto y a portada, jajaj. Ya sabes lo que me pareció. Gracias de nuevo. Te debo una contestación, pronto la tendrás. Un saludo y un fuerte abrazo!!!

    • Juli

      11 octubre, 2017

      Muchas gracias, Sole, por el comentario y por el constante apoyo. Sos la única que conoce el final de esta historia… Por ahora, jaja. Un abrazo !

  6. Dori

    9 noviembre, 2017

    Me encanto!

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