La Isla (Capítulo 2 de 14)

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Capítulo 2.

Dos chicos, que parecían ser menores incluso que el muchacho rubio, estaban tirados en la arena, con la mirada fija en el vacío. Una piba morocha y de ojos saltones se golpeaba el rostro susurrándose a sí misma  “Despertate… Despertate…”. Unos tres o cuatro chicos más daban vueltas por la costa, observando todo con aire ausente. El resto del grupo y yo, que parecíamos seguir dentro de nuestros cabales a pesar de la consternación, nos juntamos en una ronda para analizar la situación. Era la primera vez que escuchaba sus voces.

— ¿Qué carajo acaba de pasar?— preguntó una chica morena, más al aire que a alguno de nosotros.

— No sé— le contesté, al ver que nadie abría la boca. —Pero esto es algo serio. Al principio pensé que era una joda que nos estaban haciendo, o algo así. Pero nos transportaron durante horas hasta acá, y andá a saber en dónde estamos… Y acaban de matar a ese pibe. Y lo peor es que se fueron… Tengo miedo de adentrarme en la isla.

— Es verdad— dijo la otra chica. Era una versión exacta de la primera chica. — Si esto es un secuestro… ¿Por qué nos dejan solos? ¿Y por qué carajo lo mataron?

Todos estábamos asustados. El último muchacho que estaba en esa pequeña reunión, un pibe flaco que fácilmente pasaba el metro noventa, abrió la boca para dar su opinión, y aunque nadie dijo nada, todos notamos el temblor en su voz.

— Quizás es porque no es un secuestro. Quizás saben que no podemos escapar, y lejos de la costa nos esperan otros…

— Basta. —le corté— No sirve pensar en eso. Tenemos que ver qué carajo vamos a hacer.

— Podríamos nadar…—dijo una de las gemelas, mientras miraba hacia las olas— el tema es que no sé hacia dónde.

— No podemos, Lau. No se ve tierra a lo lejos. ¿Sabés lo feo que debe ser morir ahogada en mitad del océano?

— No, no sé, pero me gustaría alejarme de acá. ¿Vos querés adentrarte en ese bosque?

Dejé de escuchar la discusión de las hermanas, y miré hacia el bosque. Era tan frondoso que no se veía qué había más allá de él. Y la verdad era que la respuesta me preocupaba.

Uno de los chicos que estaba vagando por la costa, vino hacia nosotros, con el mapa que le habían dado desplegado.

— Miren, chicos… —nos dijo, en voz baja, casi un susurro— tengo este lugar marcado en el mapa. ¿Ustedes tienen lo mismo?

Todos nos fijamos en nuestros respectivos mapas. Era un dibujo a mano alzada bastante preciso en algunos lugares, como la parte en donde se vislumbraba la costa, el bosque que teníamos al lado, un gran espacio llano y unas montañas al fondo. La silueta de la isla estaba representada como un gran óvalo, y salvo el bosque y las montañas, no había ningún detalle. Todos teníamos marcado el mismo lugar en nuestros mapas: Un punto justo en donde el bosque chocaba con la llanura.

Nos miramos en silencio. Luego, una de las gemelas (la que no era “Lau”) susurró, consternada:

— Quieren que vayamos ahí.

— Ni en pedo— le dije. —Nos dejaron acá a nuestra suerte, y ya mataron a uno de nosotros. ¿Por qué iríamos ahí?

— ¿Qué diferencia hay? —dijo el chico que se había acercado con el mapa. —Los escuché cuando venía, y tienen razón. No podemos escapar nadando, y claramente no podemos quedarnos acá en la costa para siempre. Algo tenemos que hacer.

El pibe alto me miró, como preguntándome qué opinaba. Las chicas también me estaban mirando.

— No sé. Podríamos ir a cualquier otro punto de la isla, y ver con qué nos encontramos. Si nos dieron el mapa con ese lugar marcado, es porque quieren que vayamos ahí… Pero si vamos a otro lado, quizás consigamos ayuda.

Todos se miraron entre sí. En algo estábamos de acuerdo: Ninguna opción era buena. Teníamos miedo, aunque nadie lo dijera, y ya habíamos presenciado una muerte. Nadie se había acercado luego de los disparos, lo cual indicaba que no había gente cerca, o que, en caso de haber, nadie estaba interesado en ayudarnos.

— Tenés razón— dijo finalmente Laura, hablando por todos. — Vamos a cruzar el bosque por otro lado. Después podríamos acercarnos al punto marcado para ver bien de qué se trata.

Todos asintieron. Después de todo, era la mejor opción. Las chicas fueron a tranquilizar a los dos chicos menores y a la chica que parecía en estado de shock, y el resto nos agrupamos cerca del bosque para charlar el plan entre todos.

Cuando el sol nos castigaba desde el centro del cielo, los once nos metimos en el bosque. Ninguno volvería a pisar esa costa.

Comentarios

  1. Mabel

    5 octubre, 2017

    ¡Muy buena historia! Un abrazo Julián y mi voto desde Andalucía

    • Juli

      6 octubre, 2017

      Muchas gracias, Mabel.
      Un abrazo !

  2. GermánLage

    5 octubre, 2017

    ¡Vaya modo de captar el interés, Juli! Esperaré la próxima entrega.
    Un abrazo.

    • Juli

      6 octubre, 2017

      Muchas gracias, Germán, ya están subiéndose los siguientes capítulos. Siempre que me vaya haciendo un hueco entre el trabajo y la facultad, voy a poder subir un capítulo cada día.
      Un abrazo !

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