La Isla (Capítulo 5 de 14)

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Capítulo 5.

 

Marchamos por casi dos horas (en realidad era difícil decirlo, ya que nadie tenía reloj, y por supuesto nos habían sacado nuestros teléfonos celulares, pero todos coincidíamos en que aproximadamente era ese el tiempo que había transcurrido) y pronto comenzaron los problemas.

El más urgente era la sed, y en menor medida, el hambre. Todos estábamos acalorados, y no habíamos tomado ni una gota de agua desde que nos habíamos subido al barco, hacía varias horas —aunque parecía haber pasado todo un día ya— momento en el cual nuestros captores nos habían dado de desayunar. El hambre no nos afectaba tanto, pero pronto sería un problema, puesto que necesitábamos energías para seguir con la marcha. La mayoría de nosotros podría aguantar un día de marcha sin comer, pero no podíamos esperar que Sofía y los hermanos pequeños lo aguantaran también. Y nadie decía nada, pero supongo que todos pensamos lo mismo en algún momento: “¿Encontraríamos comida en algún lado?” No había animales para cazar (y de todos modos, en caso de haberlos, nadie nunca había cazado ninguno) y no había cabañas ni casas en el bosque. De hecho, la isla parecía desprovista de todo tipo de vida. En los momentos en los que nos detuvimos para descansar, no logramos escuchar ni un mísero sonido que no provenga de nosotros.

De pronto, vimos el fin del bosque. Si bien el terreno que se presentaba más adelante seguía salpicado de árboles aquí y allá, la vista se abría lentamente y había más luz. El terreno no era llano (tal como mostraba el dibujo), sino que había varios desniveles en el suelo, generando pozos o colinas en distintos lugares. A lo lejos, vislumbramos las montañas, que presuntamente estaban en el centro de la isla. Aunque a esa altura ya no confiábamos tanto en el dibujo del cual disponíamos.

Nos detuvimos en la primera colina, y nos sentamos a descansar, formando un círculo. Diego fue el primero en hablar.

— ¿Cuánto nos desviamos del lugar marcado en el mapa?

Todos miramos a Martín. Él se encogió de hombros y dijo que no sabía, que era malo para orientarse.

— Mierda. Estamos jodidos. —Diego, desanimado, comenzó a arrancar el pasto sobre el que estaba sentado.

Pedro colocó su mapa sobre el suelo, en el centro del círculo que formamos al sentarnos. Luego, agarró una piedrita del suelo, y la puso un poco a la derecha del lugar marcado.

— Estamos acá. —dijo, señalando la piedrita— Generalmente me ubico bien, considerando la posición del sol y el tiempo que caminamos… Estamos a una hora de distancia de ese lugar, si caminamos en línea recta. Lo cual no se va a poder, obviamente…— tenía razón, el terreno no era para nada llano. — Pero creo que en menos de dos horas llegaríamos ahí, si salimos ahora.

— Gracias a Dios que sabés ubicarte —le dije a Pedro. Luego, me dirigí al resto del grupo. — ¿Qué creen que conviene hacer? ¿Ir ahora hacia allá, o seguir adelante en diagonal y luego ir al lugar desde atrás?

Se me quedaron mirando. Nadie entendió lo que decía, a excepción de Pedro y Martín, a juzgar por la expresión de sus caras.

— Quiero decir, que si conviene llegar al lugar marcado desde la derecha o desde atrás. Sabemos que nos están esperando de frente (en caso de que alguien efectivamente nos esté esperando)  pero no sabemos si los demás flancos están o no vigilados.

— Si hay gente esperándonos— comenzó a decir Martín— y no llegamos rápido, se van a dar cuenta de que algo pasa. Y capaz… Es probable que salgan a buscarnos.

— Es verdad— le contestó Laura. —Vayamos ahora. Lleguemos por el lado derecho, y los tomamos por sorpresa.

— ¿Y qué hacemos? — preguntó Pedro.

— Supongo que, si tienen armas, tratar de agarrarlas antes que ellos. O golpearlos si están desprevenidos. No sé. ¿Alguno sabe usar un arma?

Todos me miraron, y luego negaron con la cabeza. Genial. Estábamos muy mal posicionados en esta situación.

— ¿Y si no vamos ahí?— preguntó Leticia.

— ¿Y a dónde iríamos?

— No sé, Martín. Quizás hacia el…— le echó una mirada rápida a su mapa—…oeste haya más costa, y podamos ver otra isla hacia la cual ir. O encontremos ayuda. O encontremos…

— …Más tipos como los que nos trajeron acá. —la interrumpió Martín. —Si actuamos rápido y vamos al lugar en donde nos esperan, quizás el factor sorpresa nos permita aturdirlos y controlar la situación. Si vagamos sin rumbo, nos podemos perder, podríamos morir de hambre, o por deshidratación… Ya sé que es una mierda la situación, pero creo que ir hacia allá es nuestra única chance de sobrevivir.

Nadie habló. Todos, en el fondo, coincidíamos con él.

— Vamos, entonces— dije, poniéndome de pie. Todos se incorporaron. —sigamos. Espero que todo salga bien.

En ese momento escuchamos un ruido que nos heló la sangre. Era un grito que parecía humano, pero que evidentemente no lo era. Era algo que ninguno de nosotros había escuchado nunca. Todos miramos en derredor buscando la proveniencia del ruido, pero nadie vio nada. Excepto por Mateo.

Paralizado, miraba hacia el bosque con una expresión de absoluto terror. Seguí la dirección de sus ojos, pero no vi nada.

— ¿Qué viste, Mateo?

El chico no contestó. Le puse una mano en el hombro. Giró su cabeza y me miró, con los ojos bien abiertos. Pero siguió sin contestar.

Luca le habló, pero tampoco a él le contestó. Ese día, se había presentado al grupo cuando nos introducimos en el bosque, y esas fueron las últimas palabras que emitió.

Al ver que no nos iba a contestar, nos pusimos en marcha. No queríamos quedarnos quietos, menos considerando la posibilidad de que haya un animal salvaje rondando el lugar. Caminamos en paralelo al bosque, prestando atención a ver si aparecía lo que fuera que había hecho semejante sonido. Mateo temblaba de pies a cabeza, pero seguía nuestro ritmo. Su hermano lo abrazaba mientras caminábamos, también consternado. Mierda, todos estábamos asustados.

Ahora, Pedro encabezaba la marcha, en vista de que era el mejor guía que podíamos tener. Junto a él estaba Juan, y detrás estaban las gemelas, con Sofía entre ellas. Martín y yo nos colocamos uno a cada lado de los hermanos pequeños, y Diego cerraba la marcha. En silencio, caminamos hacia nuestro destino. De haber sabido lo que nos esperaba allí, hubiésemos ido a cualquier otro lado. Aunque quizás hubiese dado lo mismo.

Comentarios

  1. GermánLage

    10 octubre, 2017

    Otro excelente capítulo, Juli. Esperando a mañana.
    Un abrazo.

    • Juli

      11 octubre, 2017

      Muchas gracias, Germán, ya subí los cuatro siguientes. En breve va a terminar y voy a subir otras cosas, jaja. Un abrazo.

  2. Mabel

    10 octubre, 2017

    Muy bueno. Un abrazo Julián y mi voto desde Andalucía

    • Juli

      11 octubre, 2017

      Muchas gracias, Mabel. Un abrazo !

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