Matando el tiempo mientras el tiempo te mata

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Había una vez unos seres cuyo espíritu estaba rodeado de huesos y carne hechos de polvo de estrellas que iban montados en un pedazo de roca a toda velocidad por el universo adelante siguiendo una órbita alrededor de un sol de tamaño mediocre. Se llamaban a sí mismos humanos en algunas culturas. De hecho, la palabra humano, etimológicamente, significaba que provenían de la tierra. Y de la tierra venían, según muchos de ellos, y a la tierra volverían cuando muriesen, cosa que sucedía con más frecuencia de la que desearían. Y al tiempo entre el nacimiento y la muerte le llamaban vida, que era breve y no más que un guiño en el ojo de sus dioses. La  vida bullía en este pedazo de roca, desde los profundos océanos a las más altas montañas, desde el fondo de los ríos a los cielos donde los pájaros volaban. Y crearon pirámides, cuartos de baño, barras de pan y paraninfos. Crearon los lápices de colores, los libros de aventuras y otras cosas maravillosas.

Muchas veces, muchos de ellos, vivían con tribulaciones, sin darse cuenta de que la mayor parte de ellas eran problemas que otros sí desearían tener a cambio de comodidades materiales, como, por ejemplo, arreglar el grifo de la cocina, tener tiempo para tomarse unas copas un viernes por la noche, sacar un nuevo diploma o enamorar a alguien. Y se amaban entre ellos, caray si se amaban. Se regalaban rosas, compartían comidas, se escribían cartas y luchaban por lo que querían. Y se odiaban también, torturándose, matándose con misiles de corto, medio y largo alcance o asfixiándose con bloqueos económicos. Y todo era hermoso, como hermoso es un cadáver pudriéndose o una flor abriéndose a cámara lenta. Todo era hermoso, y ya.

Algunos de ellos se llamaban a sí mismos escritores y eran una especie de artistas con alguna tara afectiva que se dedicaban a expresarse usando las manos y callando mucho, como los sabios. Escribían, sobre todo, sobre sí mismos, sobre otros humanos y sobre el tiempo. Lo cual resultaba un tanto redundante. A veces escribían historias sobre animalillos pero no eran tan abundantes. Había escritores que se asociaban y había otros que no, que creían que el solitario era más poderoso, como Cézanne. Un tiempo después del fuego y la rueda aparecieron unos aparatejos sobre los que se encorvaban a escribir como buitres carroñeros, despiezando la realidad con destreza. Cuando estos aparatejos se pudieron unir a través de ondas a lo largo y ancho del mundo, nacieron páginas literarias en donde cada escritor podía subir sus textos sin pagar un duro pero pagando con parte de su intimidad. Y fluyeron ríos de tinta (o bits) abundantemente. Y fluyeron describiendo sentimientos y problemas, épocas pasadas y aún por pasar, dibujando el carácter de personajes o pintando lugares.

Y fue así que mataron el tiempo en este mundo que iba a la deriva por el universo. Y así el tiempo les mató a ellos también.

 

Comentarios

  1. Luis

    2 octubre, 2017

    Buen relato, Andrés, saludos y mi voto-.

  2. Mabel

    2 octubre, 2017

    Muy buen relato. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía

  3. AVM

    3 octubre, 2017

    Gracias, compañeros. Nos leemos!

  4. VIMON

    7 octubre, 2017

    Muy buen texto. Te dejo el merecido 10 con un saludo.

  5. Labrida

    9 octubre, 2017

    Grande como la roca que nos lleva a dios sabe donde, me ha gustado mucho compañero, sigue así, mi voto y un abrazo.

    • AVM

      10 octubre, 2017

      Gracias Labrida. Me alegro de que te vuelvas a pasar por mis textos. Un abrazo

  6. Lourdes

    19 octubre, 2017

    Muy en tu línea. crítico, ácido, irónico…muy divertido también!, me gustó lo de los lápices de colores. Yo tengo una caja metálica, con toda la gama de todos los colores. Me encanta! (la caja de colores, tu texto también).
    Un abrazo

  7. Mairim

    2 diciembre, 2017

    Me ha gustado mucho tu relato!! La verdad…cuántos más relatos leo en la página más me gustan y me enganchan….puede que me mate el tiempo o que sea yo la que lo haga…pero es un tiempo hecho de polvo de estrellas. Un saludo Andrés!!! Gracias!!!

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