Reunión en el Cáucaso

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REUNIÓN EN EL CÁUCASO

Fantasía en sol menor para vientos y cuerda floja.

Sería una reunión secreta, o, para ser más exactos, ultrasecreta. Todos los invitados conocían el lugar; el mismo donde siempre se celebraban las reuniones secretas.

El primero en llegar fue el ministro del ejército, que no quiso esperar a los demás ministros. Hizo el viaje en por carretera, conduciendo él mismo su propio carro. Desde que el gamberro de Matías Rus aterrizó en la Plaza Roja no se atrevía a subir a ningún avión, y menos si era del ejército.

Muchas horas después comenzarían a llegar los subdelegados, el personal auxiliar del partido, y algún personal secundario de las delegaciones internacionales. Los delegados, nacionales e internacionales, no llegarían hasta el día siguiente. Los Ministros, el Secretario General del Partido y el propio Primer Ministro asistirían, como de costumbre, solamente al acto de clausura. Con ellos acudiría también el enviado especial de Pravda, en representación del propio diario y de todos los medios de comunicación, quien ya tenía en su poder las conclusiones del congreso, y las había enviado a la imprenta.

El acto inaugural fue presidido por el Secretario General Adjunto del Partido, representado en la ocasión por uno de sus dobles, sin que hubiera sido aclarado si se trataba del segundo o el tercer reserva. (Como es bien sabido por los sovietólogos, el doble titular actúa solo en los actos que se celebren dentro del propio Kremlin).

Terminadas las palabras de bienvenida y salutación a los camaradas asistentes, el Portavoz de la Asamblea (representado por el tercer reserva de su doble) invitó a todos los asistentes a participar activa y libremente en las deliberaciones para llegar a las conclusiones expuestas por el Comité Central del Partido en el comunicado oficial que Pravda al día siguiente daría a conocer a todo el mundo. A continuación otorgó la palabra al Camarada Ponente, viceprimer secretario del segundo subsecretario del partido, Alexánder Alexándrovich Ipolitov Ivanov, quien no desaprovechó la ocasión para largarse el siguiente discurso:

Camaradas: es bien sabido de todos nosotros que el capitalismo es la causa de todos los males que padece la humanidad, y, de modo muy especial, de los que afligen a la Unión Soviética, porque, si no fuera por la diabólica resistencia que a todas nuestras acciones obstinadamente viene oponiendo esa lacra, hace ya mucho tiempo que El Partido hubiera logrado su propósito de dominar el mundo, y toda la tierra no sería hoy sino una maravillosa isla de felicidad. Pero todo se andará, camaradas. Porque está decretado que esa carroña del capitalismo, por más que se resista, ha de morir, derrotado por nuestro sistema de progreso, que tan profundamente ha transformado ya a todos los pueblos que integran nuestra gloriosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Todo se andará, camaradas. Y para asestar a tan insensata resistencia el golpe definitivo, el Soviet Supremo ha tomado muy sabiamente la decisión de cambiar su estrategia. Sí, camaradas; cambiar de estrategia. Porque, como dijo hace siglos el lacayo de un oligarca capitalista, el fin justifica los medios. Y, para el fin de derrotar definitivamente esa lacra que es el capitalismo, cualquier medio es bueno, si el partido así lo decide.

Los creadores del capitalismo, también conocidos como El Imperio, inventaron en su día un sistema político al que llaman “democracia”, con el que pretenden frenar nuestro avance, extendiéndolo por todo el mundo. ¿Comprenden, camaradas, por qué les llaman El Imperio? Dicen que su democracia es la libertad, cuando todos nosotros sabemos que la libertad solo puede florecer bajo la Dictadura del Proletariado. Hacen malabares con la palabra dictadura para acusarnos de dictadores, pero olvidan que la nuestra es una dictadura ejercida por el pueblo. Entre nosotros quien manda es el pueblo, donde todos son iguales. Y sin igualdad no hay libertad. Una igualdad que solo existe bajo nuestro sistema de sumisión absoluta al Partido y a los Líderes del Partido, donde nadie rechista ni tiene nada propio porque todos los bienes son del Estado. Esa es la grandeza de nuestro sistema, camaradas: todos iguales porque nadie tiene nada. Solo bajo estas condiciones de igualdad puede haber libertad.

¿Os imagináis, camaradas, ese corrompido maremágnum de envidias que es el podrido mundo del capitalismo donde los que no tienen se pasan la vida envidiando a los que tienen, y éstos odiando a aquellos? ¿Cómo puede hablarse de libertad donde todos obran instigados únicamente por la envidia y el odio? He ahí, camaradas, los asesinos de la libertad: el odio y la envidia. Donde estos dominan aquella no puede florecer. Solo bajo las condiciones de igualdad que garantiza El Partido puede hablarse de libertad, sin odios ni envidia. Por vuestra propia experiencia, camaradas, sabéis ya que en eso consiste la verdadera libertad, y no en las aberraciones que los capitalistas del Imperio quieren extender por el mundo con el nombre de democracia, con su pluralidad de partidos, donde cada uno piensa como quiere, puede elegir la profesión que se le antoje, vivir donde encuentre apartamento e inscribirse en el partido que le de la gana. ¿Es eso libertad, camaradas? ¿Es eso libertad? Yo voy a deciros lo que es eso. Caos. Caos, camaradas. Caos y nada más que caos. Democracia es aceptar libremente lo que dice El Partido, y El Partido es su Líder. Eso es democracia, camaradas. Eso es libertad. Y en ello radica nuestra fuerza; nuestra gran ventaja, como a continuación les voy a demostrar.

Gracias a su inconmensurable sabiduría, nuestros Líderes han descubierto cómo aprovechar las ventajas que nos ofrecen esos brutos capitalistas con su sistema caótico al que llaman democracia; han sabido encontrar sus puntos vulnerables, que son muchos, y, sobre este descubrimiento han cimentado el diseño de la nueva estrategia con la que, sin lugar a dudas, conseguiremos infligirles la más aplastante derrota, que será la definitiva. No sabemos cuándo, es cierto; pero sí sabemos que los vamos a derrotar.

En el sistema democrático de esos brutos capitalistas tiene cabida cualquier partido, incluido el nuestro, El Partido de la igualdad y la libertad, el Partido Comunista. Son tan brutos que ni siquiera se dan cuenta de la ventaja que con ello nos conceden. No se dan cuenta de que merced a esa ventaja nos hemos instalado sin esfuerzos en el corazón de sus democracias y, con persistencia y astucia, vamos extendiendo por todo su organismo social nuestros tentáculos, avanzando como un cáncer silencioso que un día no lejano acabará por destruirlas. Habrá llegado entonces el momento de nuestra victoria; el mundo entero será nuestro, y la humanidad habrá alcanzado, bajo nuestro dominio, el máximo posible de felicidad.

Vosotros, camaradas, venidos de las democracias de todo el mundo capitalista, sabéis que así será. Y lo sabéis porque esa penetración ha sido obra vuestra, fruto de vuestro trabajo incansable. Y, porque lo sabéis, vuestro entusiasmo no decae, sino que día a día se renueva, para seguir trabajando con denuedo, avanzando sin desmayo hacia el objetivo final. Vosotros, camaradas, venidos de todos los rincones del mundo, sois la prueba de que lo que digo es verdad; la prueba de que el sistema de nuestros enemigos es débil, vulnerable y, por tanto, no podrán impedir que un día les venzamos. Vuestro trabajo y vuestra fe son la garantía de nuestro triunfo.

Llegados a este punto, camaradas, he de confesar que me siento estremecer ante la inconmensurable magnitud de la nueva muestra de sabiduría de nuestros Líderes, que no es otra sino la misma sabiduría contenida en los principios que nos legaron nuestros sabios: el agua cristalina de la síntesis manando de los torrentes de la tesis y la antítesis; o, lo que es lo mismo, la paradoja, como fundamento científico de la nueva estrategia ideada por El Partido, y que, en breves instantes, comenzaremos a debatir. La paradoja, camaradas, como expresión de la sabiduría y fundamento de la nueva estrategia: morir para vencer. Esa es, camaradas, la paradoja, y también la nueva estrategia. Sí, camaradas; morir para vencer. Morir para resucitar un día con nuestro sueño realizado de conquistar el mundo y todos y cada uno de sus países. He ahí la nueva estrategia, camaradas, en la que vosotros, especialmente los venidos del mundo exterior, de todos esos países que hoy soportan el pesado yugo de la democracia capitalista, habréis de desempañar el papel de actores protagónicos, ya que por vuestra acción habrá de llegar el triunfo.

Sí, camaradas. Lo que vais a oír es cierto. El Soviet Supremo, el órgano máximo del Partido Comunista Soviético ha tomado la decisión de disolver la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Sí, camaradas; habéis oído bien. La URSS debe morir. Esta es la nueva estrategia. Esta es la sabiduría. Estrategia, porque no es una derrota, sino una retirada estratégica. Sabiduría, porque fue tomada sabiamente para continuar la lucha por otro camino más ventajoso y más directo hacia el triunfo.

Todos vosotros, camaradas, sabéis que la URSS se estaba cayendo a pedazos debido al gigantesco esfuerzo que durante setenta años hemos venido manteniendo contra las fuerzas infernales del capitalismo. De haber continuado la lucha con la misma estrategia que hasta hoy habíamos venido aplicando, nuestra derrota hubiera sido inevitable. Mas, con la sabia decisión de nuestros líderes ya hemos obtenido el primer triunfo: hurtar al enemigo una victoria segura con las inevitables secuelas de persecución y aniquilamiento del vencido, que seríamos nosotros. Va a morir la URSS para que el comunismo siga viviendo. He ahí, camaradas, el primer gran triunfo obtenido por el cambio de estrategia adoptado por nuestros líderes.

El segundo triunfo, mayor aún, si cabe, que el primero, es el de recuperar la capacidad de maniobra. Con la nueva estrategia haremos que el enemigo se confíe; los demócratas, creyéndose triunfadores y embriagados por su triunfo, mirarán hacia otro lado, concediéndonos de ese modo el tiempo y las energías suficientes para reorganizar nuestras fuerzas conforme a nuevos criterios, hasta volver a estar en condiciones para librar la gran batalla, en la que ahora no podemos fallar. En lugar del ataque frontal, en el que inevitablemente llevábamos las de perder, la acción desde dentro, aprovechando esa gran debilidad que es la multiplicidad de partidos políticos.

Cabalgando sobre esa aberración, un día llegaremos al poder en alguno de esos países, luego em otros, hasta alcanzar a todos para ir poco a poco, y desde dentro, transformando sus democracias capitalistas en democracias verdaderas, pues no otra cosa es la dictadura del proletariado, la forma suprema de la democracia.

Esa es vuestra labor, camaradas: transformar desde dentro cada una de las democracias capitalistas, hasta imponer en todo el mundo la dictadura del proletariado. Y esa labor comienza ahora. En cuanto esta reunión concluya y regreséis a vuestros respectivos países, habrá llegado para vosotros el momento de actuar. Pero no temáis, camaradas, porque no vais a estar solos. El Gran Hermano seguirá vigilando por vosotros. Tal vez cambie su rostro, mas no su función de Gran Hermano. De él, como siempre, seguirán emanando sabias instrucciones. Lo que vosotros habéis de hacer es cumplirlas y, en silencio, seguir trabajando infatigables HASTA LA VICTORIA FINAL. Lo ocurrido hasta ahora ha sido tan solo una batalla; mas la definitiva es la que comienza ahora. Gracias, camaradas”.

Alexánder Alexándrovich Ipolitov Ivanov, viceprimer secretario del segundo subsecretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, se sentó; extrajo del bolsillo izquierdo de su pantalón un reluciente pañuelo rojo y se secó el sudor que a chorros corría desde su frente, atravesaba sus mejillas coloradas y se perdía en el cuello de la camisa. Con movimientos rígidos y austeros se irguió entonces el Secretario General (tercer reserva de su doble), y, con un sobrio movimiento de la máscara de cemento que tenía por rostro, anunció:

Camaradas; queda abierto el diálogo. Ahora corresponde a ustedes debatir libremente para llegar a las conclusiones que el camarada Alexánder Alexándrovih Ipolitov Ivanov acaba de exponerles con extremada claridad y que, previamente, han sido aprobadas por el órgano supremo del partido. Gracias, camaradas”.

Allá, al fondo, al extremo izquierdo de una fila en los bancos del lado izquierdo visto desde la tribuna, se puso en pie un hombre delgado, de piel tostada y porte altivo. Dijo que provenía de un país lejano, del que pocos de los presentes habían oído hablar, llamado Argentina. Hubo dificultades para conseguir un intérprete, y, aún así, no resultó fácil entenderle porque éste apenas si conocía su idioma.

Camaradas, empezó diciendo; debo comenzar por felicitar al Comité Central del glorioso Partido Comunista de la Unión Soviética por su decisión, tan sabia como oportuna, de adoptar una nueva estrategia para lograr nuestro objetivo irrenunciable de conquistar el mundo, y que con tanta claridad acaba de exponer el camarada Alexánder Alexándrovich etc. Gracias a tan diáfana exposición, colaborar en la nueva etapa no será un esfuerzo, sino un placer. Pero, además, camaradas, me voy a permitir la osadía de extender mi felicitación de modo muy personal al propio camarada Alenxánder Alexándrovich por la claridad y rotundidad con que supo exponer las razones en que se fundamenta la inevitabilidad de nuestra victoria final, y que no son otras sino la magistralmente expuesta contraposición entre igualdad y diversidad. Sí, camaradas. Diversidad es sinónimo de división, de debilidad, y, por tanto, de derrota. Igualdad es sinónimo de unión, fuerza, victoria. Dos términos opuestos que se niegan y excluyen entre sí. Diversidad es capitalismo, multiplicidad de partidos, de opciones. Igualdad es socialismo, donde nadie tiene nada porque todos los bienes son del Estado; la negación de la democracia capitalista. Nosotros somos la igualdad, y en ello se fundamenta la certeza de nuestra victoria. Cuando todos seamos iguales no habrá en el mundo nada más que nosotros. Habremos vencido. Felicitaciones, camarada Alexánder Alexándrovich Ipolitov Ivanov”.

Estas palabras, aunque no todos estuvieran seguros de haberlas comprendido, arrancaron un estruendoso aplauso, el primero que se oía en la sala aquella tarde.

A continuación se puso en pie otro delegado, al extremo opuesto, situado también a la izquierda, pero viéndolo desde el fondo de la sala. Era de otro país de por allá, que hablaba el mismo idioma con acento distinto, pero que nadie había notado, por lo que se decidió utilizar el mismo intérprete. Era más bajito que el anterior, con la piel más oscura y el pelo muy negro. Comenzó también felicitando al Comité Central por la sabia decisión de cambiar la estrategia, si bien su convicción en la victoria final se apoyaba en otros fundamentos. A éste siguió otro, y luego otros oradores, todos ensalzando la sabiduría del Comité Central y lo inevitable de la Victoria Final, con el mismo argumento expuesto de mil formas distintas.

Se puso finalmente en pie una señorita (o señora, vaya usted a saber), en el centro de la sala, que también quedaba a la izquierda si se la observaba desde el punto adecuado. Era alta, rubia, de ojos azules, vestida con falda y chaqueta a juego con los ojos, y el pelo recogido en un moño detrás de la cabeza. Era polaca, y tuvo, de inmediato, un excelente traductor a sus órdenes.

Comenzó felicitando efusivamente al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética por la sabia decisión de cambiar de estrategia para alcanzar de modo infalible el objetivo final, mas, dando éste por descontado, se limitó a preguntar si estaba ya decidido quién iba a ser el gran Líder que asumiera la pesada carga de dirigir hacia la victoria la nueva etapa que estaba por comenzar.

Alexánder Alexándrovich Ipolitov Ivanov miró al Secretario General (tercer suplente de su doble); éste le miró a aquel; ambos a los asistentes; los asistentes se miraron entre sí, hasta que todas las miradas se centraron en una misma persona, sentada en un sitial de honor, y todos se preguntaron por qué le habrían otorgado el honor de ocupar aquel sillón. En virtud del don profético de que goza todo revolucionario, todos supieron que aquel era heredero de aquel gran Líder que, en 1.962, se había atrevido incluso a dar jaque al gran coloso del Norte. Y, habida cuenta de que nada que provenga del Mando Supremo ocurre por azar, se hizo la luz en las mentes y toda la sala prorrumpió en vítores al predestinado para asumir la ardua tarea de liderar la nueva etapa que inevitablemente habría de conducir A LA VICTORIA FINAL.

 

Percibió entonces un suave toque en su hombro, y abrió los ojos sin tener clara conciencia del lugar donde se hallaba.

El orador está a punto de terminar, Presidente. Me permito recordarle que estamos celebrando la tercera cumbre del ALBA, y ahora le toca hablar a usted”.

¡No pensará que he estado durmiendo!”

De ningún modo, Presidente. Era tal la felicidad dibujada en su rostro que más bien diría que estaba usted soñando”.

      Caracas, 21 de Febrero de 2008.

 

Comentarios

  1. Mabel

    9 octubre, 2017

    ¡Excelente! Un abrazo Germán y mi voto desde Andalucía

  2. Esruza

    9 octubre, 2017

    ¡Hola, Don Germán! Muy buen texto.

    Saludos y mi voto

    • GermánLage

      11 octubre, 2017

      Hola, Esruza; gracias por tu amable comentario.
      Un cordial saludo.

  3. Vladodivac

    10 octubre, 2017

    @germanlr Querido amigo, un texto sorprendente, narrado de una manera perfecta. Encantado de volver a leerte, un abrazo y mi voto por supuesto.

    • GermánLage

      11 octubre, 2017

      Hola, Vladodivac; gracias por tu lectura y tu comentario.
      Un fuerte abrazo.

  4. Manger

    10 octubre, 2017

    Todo un gustazo leerte, tocayo. Mis más sinceras felicitaciones. Un fuerte abrazo.

    • GermánLage

      11 octubre, 2017

      Gracias, tocayo, por estar siempre ahí con tu comentario opprtuno.
      Un fuerte abrazo.

  5. Sosias

    10 octubre, 2017

    Hola ,Germán.El relato es sorprendente e intenso.
    Creo entender que se habla de dominar el mundo, esta es la finalidad de aquellos que creen estar en posesión de la verdad absoluta.
    El fin justifica los medios,decía Napoleón .A día de hoy todo sigue igual, lo estoy viendo y no me lo puedo creer pero así es ¡Extemecedor!
    Permite una reflexión mientras hago la comida : ¡Dios mio! Con lo difícil que es llevar una casa tratar de gobernar la del vecino ¡Que pereza!

    Gracias por deleitarnos con tu buen hacer.
    Saludos y mi voto.

    • GermánLage

      11 octubre, 2017

      Cierto, Sosias; son los que se creen en posesión de la única verdad y con el derecho a imponerla a todos. Pero están ahí con su nueva estrategia y habrá que tenerlos en cuenta, porque destruir es muy fácil.
      Un fuerte abrazo.

  6. Ratón

    13 octubre, 2017

    Muy buen texto, Germán, aunque yo me tomaría más en serio, hoy en día, a los muslim. Saludos.

    • GermánLage

      13 octubre, 2017

      Tienes razón, Elko; son los dos grandes grupos que se creen en posesión de la única verdad y, por tanto, con el derecho a imponerla a todos. Si yo me ocupé de uno y no del otro fue porque ese texto lo escribí en 2007, en Venezuela, en pleno avance del chavismo y en vísperas de abandonar yo aquel país; y si hoy lo publico es porque hoy, en España, estamos siendo víctimas de su ataque. Y pienso que, en México, no haríais mal en ir tomando precauciones, por si acaso.
      Un fuerte abrazo, Elko.

  7. gonzalez

    14 octubre, 2017

    Qué placer volver a leerte, querido Germán. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

    • GermánLage

      14 octubre, 2017

      Gracias, González; poco a poco recobraremos la actividad.
      Un fuerte abrazo también.

    • GermánLage

      14 octubre, 2017

      Gracias, Valentino, por haber leído mi texto y por tan elogioso comentario, que valoro tanto más por venir de quien viene.
      Un fuerte abrazo.

  8. JAB

    14 octubre, 2017

    Excelente texto Germán, un saludo.

  9. Fiz Portugal

    14 octubre, 2017

    Solo he tenido la oportunidad de conocer a los comunistas reconvertidos en euro comunistas. Algunos se caracterizaban por su romanticismo, otros estaban contra un mundo injusto, cruel y sin más remedio que una política totalitaria y anuladora de la libertad del hombre y la mujer. En fin, que hay que estar alerta. Sabes que aprecio tu prosa y tu sentido del humor.

    • GermánLage

      14 octubre, 2017

      No cabe duda, Fiz; haríamos bien estando alerta. No vaya a ser que, como está ocurriendo en Venezuela, luego sea tarde.
      Gracias por leerme y por tu amable comentario.
      Un fuerte abrazo.

  10. VIMON

    14 octubre, 2017

    Un excelente texto, Germán, aunque para mí todos los «ismos» son iguales. Un abrazo con mi voto.

    • GermánLage

      16 octubre, 2017

      Cierto, Vimon, que todos lis «ismos» son iguales, aunque mi experiencia venezolana me dejó claro que algunos son más «iguales» que otros.
      Gracias por leerme y por tu amable comentario.

  11. GermánLage

    14 octubre, 2017

    Cierto, Vimon, que todos los «ismos» son iguales, aunque mi experiencia venezolana me dejó claro que algunos son más «iguales» que otros.
    Gracias por leerme y por tu amable comentario.

  12. Viajero en el Tiempo

    16 octubre, 2017

    Fantástico relato Germán, una buenísima disertación sobre el comunismo, inspiradora y con un toque final divertido.

    Mi voto y un abrazo.

    • GermánLage

      17 octubre, 2017

      Gracias, Viajero, por haber tenido la amabilidad de leerme y por comentario.
      Un fuerte abrazo.

  13. Lourdes

    21 octubre, 2017

    Querido Germán. Te admiro un montón como escritor, como alguien que conoce y maneja el lenguaje magistralmente, pero he de decirte, y con todo el dolor de mi corazón que no he podido terminar de leer tu relato. Ya al principio me ha parecido un poco cargante con toda la enumeración de altos cargos, mandos, etc , pero he decidido continuar porque esperaba uno de tus maravillosos relatos, pero me encuentro con un ensalzamiento del capitalismo a través de una disertación destructiva del comunismo. Pones ambos en paralelo y vas comparando las bondades del uno con respecto a las perversidades comunistas, de una forma muy irónica y ácida con tintes de adoctrinamiento. No soy comunista y menos aún ese comunismo dictatorial pero desde luego estoy en contra totalmente del capitalismo que disfrazado de democracia nos domina e igualmente nos somete sin que seamos conscientes de ello.
    Te pido disculpas si mi sinceridad puede ofenderte de alguna manera.
    Un abrazo

    • GermánLage

      24 octubre, 2017

      Hola, Lourdes, @lourdesb ; ¿Molestarme tu comentario? En absoluto; el contrario; te estoy sumamente agradecido por la sinceridad que entraña. Por eso, te ruego que, a su vez, me permitas también una observación.
      Me parece que, desde el mismo subtítulo, queda claro que el artículo fue escrito en clave de humor, y en clave de humor uno espera que sea leído. En este sentido, la referencia en tono de parodia a la URSS y a la propaganda, tanto a favor como en contra, del momento, es clara; lo cual no implica ninguna comparación entre comunismo y capitalismo, ya que todo ello está incluido en un discurso humorístico puesto en boca de un dirigente de comunista, y, al final, resulta ser solo un sueño de un determinado presidente que se queda dormido durante una cumbre internacional. Me temo, por tanto, que, si hubieses tenido la paciencia de llegar al final del artículo, tus conclusiones hubieran sido otras.
      En cualquier caso, infinitas gracias por tu interés y tu comentario.
      Un fuerte abrazo.

  14. Walter Alan

    22 octubre, 2017

    Estimado amigo Germán:

    Me alegra volver a leerte y espero que mi último correo lo hayas recibido sin dificultad, no tuve contestación de vuestra parte, pero lo importante es que ya estamos aquí.

    Yo he nacido en un país que aspira a ser comunista, entiendo en cierta manera vuestra posición, sin embargo podría agregar con toda certeza que todo régimen está hecho para controlar a las masas partiendo de su propia verdad.

    Respeto vuestros criterios y les entiendo sin embargo esto es un ejemplo de la crisis del marxismo en cuanto a su aplicación, sin embargo la teoría marxista continúa respondiendo a nuestras inquietudes.
    El comunismo es algo incompleto y la verdad suele ser una descarada que se hace de la mano de cualquiera que la haga para si.
    Mi voto por supuesto, no por estar o no de acuerdo, ni por la amistad que nos ata, sino por e excelente relato que nos acaba de regalar que es lo que me interesa.
    Mis respetos.

    • GermánLage

      24 octubre, 2017

      Gracias, una vez más, Walter, @walteralannielf , por leerme y por tu amabilidad. Respecto al verdadero sentido del artículo, me permito remitirte a lo que acabo de decir a Lourdes en el comentario anterior.
      No tengo conciencia de haber dejado ningún correo tuyo sin contestar; de todos modos, voy a comprobarlo y a continuar por allí la conversación.
      Un fuerte abrazo, amigo Walter.

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