Mágica fiesta infantil

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<<El esperado día de la solidaridad infantil, la fiesta que tanta gente buena prepara durante el año, para que los niños más desfavorecidos pasen una jornada inolvidable, se hace por fin realidad.

Las gradas del Palu Sant Jordi, emblema de la Barcelona olímpica y del espíritu de unión que se vivió esos días, se pueblan lentamente de un bullicioso público de niños y mayores, llenos de una alegría desbordada.

Claudia y Diana llegan temprano, muy ilusionadas con la distinción que han tenido con ellas, eligiéndolas madrinas de un evento tan hermoso.

Son recibidas en la entrada al recinto, por los capitanes de los equipos contendientes, que participan en la organización de este festejo.

Un equipo formado por una extraña unión de bomberos y policías nacionales, se enfrentará en el campo a un rival constituido por una asociación más anacrónica aún, de mossos de esquadra y guardias civiles.

Luis y Rubén como capitanes de este último equipo y responsables del nombramiento de las madrinas de la celebración, son los encargados de hacer los honores.

Saludan a las magistradas con dos besos, las piropean por lo guapísimas que están y se las presentan a los capitanes del otro equipo.

Los chicos no son capaces de apreciar peinados, vestidos y zapatos. Admiran embobados lo preciosas que son y están las madrinas, que es lo que tiene la lengua de Cervantes, que permite piropear dos veces.

—Muchas gracias por aceptar ser las madrinas de esta fiesta solidaria, de nuestra parte y sobre todo de los niños, profesores y voluntarios —les agradece reiteradamente su presencia el teniente López, en representación de todos.

—Gracias a vosotros por invitarnos, es un enorme orgullo, somos las mujeres más agradecidas del mundo —expresa muy emocionada Claudia, los sentimientos de las dos amigas.

Luis las acompaña a su puesto en la presidencia, se pone serio y las presenta a las autoridades con la ceremonia que corresponde a una jueza y a una secretaria judicial, otorgándoles su sitio frente a mucho politiquillo y funcionario con ínfulas de superioridad.

Las jóvenes responsables del juzgado se lo agradecen sinceras en su interior, con gesto de orgullo contenido. Luchan diariamente contra la presión de un mundo machista que a menudo les niega sus méritos.

Se despide de ellas con gesto cómplice y del resto con indiferencia, dejándolas con pena entre autoridades tan encorsetadas.

No puede evitar una sonrisa taimada, al observar muchos gestos de mal disimulado disgusto por el protagonismo de las jóvenes.

Javier, como corresponde a su obsesiva puntualidad, ha sido uno de los primeros en acceder al espectacular recinto deportivo, con el pase solidario que compró a su amigo.

En la soledad de la grada piensa que esta vez las autoridades han dado un buen ejemplo, al ceder gratuitamente estas magníficas instalaciones a los organizadores del evento. Se entretiene con el análisis de la arquitectura del edificio, mientras duda si bajar a saludar a sus amigos policías.

Su mirada distraída se cruza revoltosa con la de las jóvenes ya situadas en el palco. Las saluda desde lejos, no se atreve a acercarse, al verlas rodeadas de tantas autoridades. Claudia le responde expresiva desde lejos, con un gesto de que ya se verían después, que reconoce agradecido.

En su observación curiosa de todo lo que acontece, descubre por la parte baja de la grada la aparición de la familia Pelayo.

Se acerca a saludarlos, choca la mano con Rubén, da dos besos a Pilar y saluda a las pequeñas, sin conseguir un beso, su atención está distraída, alucinadas con el palacio de deportes y el gran número de niños.

El joven mosso acompaña a su mujer y las niñas a un lugar privilegiado en el recinto, junto al banquillo de su equipo y pide permiso para llevar a las niñas a ver a Luis y al resto del equipo.

Pilara se resiste, las pequeñas ya están bastante nerviosas con tantas novedades.

— ¡Ve tú a cambiarte!

—Si quieres voy con ellos y las niñas se vienen luego conmigo —intercede Javier

La mujer accede, más por la insistencia de las pequeñas que por convencimiento, se imagina la que pueden liar.

Cuando aún no han llegado a los vestíbulos previos a los vestuarios donde estaban los jugadores, las gemelas se escapan de la mano de su padre y se va a abrazar a su tío, para seguidamente organizar una auténtica revolución entre policías y bomberos, no dejan a ninguno sin saludar. Su padre y algunos compañeros las persiguen sin mucho éxito, por el interior de los vestuarios, donde se han colado.

Mientras acontece este divertido suceso, Luis da un abrazo a su amigo, que aprovecha para picarle para el partido que van a disputar.

—Vas a dejar el pabellón de Carabanchel por los suelos.

Luis no se da por aludido, sabe que a su amigo le hubiera gustado participar.

Los jugadores logran, no sin esfuerzo, controlar a las niñas, algunos ya pueden dar por realizado el calentamiento. Rubén entrega a las pequeñas a Javier para que las lleve con su madre, que las recibe aliviada.

—Las hijas de un mosso con un padrino Guardia Civil, han hecho más en unos minutos por la coordinación entre los cuerpos de seguridad del estado, en su intento de cogerlas, que los políticos y mandos en años —reflexiona divertido Javier.

—Me imaginaba el zafarrancho que se iba a liar —expresa divertida, con su gracioso acento gaditano y una sonrisa pícara.

Javier aprovecha su pase VIP y se acopla definitivamente en la zona cercana a los banquillos, para no perderse detalle.

La fiesta deportiva comienza con un ordenado desfile de los verdaderos protagonistas del evento, que no dura mucho, porque al verse los niños en un recinto tan espectacular, los nervios rompen las filas.

Pasado el momento de ilusión festiva de los chavales, los educadores y voluntarios logran organizar los dos equipos.

Sitúan a cada uno en su banquillo y en la zona próxima de la grada, por el elevado número de jugadores.

Se enfrentan dos equipos totalmente heterogéneos, más o menos distinguibles por sus camisetas, que a unos les quedaban bien y a otros no tanto. Chicos y chicas de diferentes edades se cambian continuamente, para que todos puedan participar en el partido.

Nadie sabe el resultado, las jugadas divertidas se suceden cerca y lejos del balón, milagrosamente alguno hace una bonita jugada que es correspondida inmediatamente por una barrabasada de otro.

El aparejador intenta hablar con Pilar sobre la oposición, algo difícil mientras cuida de las gemelas, que se lo pasan en grande y quieren saltar a jugar con el resto de niños.

— ¿Qué tal la oposición?

—Estoy casi segura de aprobar, aunque no es oficial —le cuenta en un rato de calma de las pequeñas.

— ¡Enhorabuena!, te lo mereces, me alegro mucho por ti y por tu chico que estaba más nervioso que tú.

—Lo ha pasado fatal, sabe que me hace ilusión y lo necesito.

— ¡Te quiere mucho!

La afirmación emociona a la mujer del mosso que sigue muy enamorada.

Mientras se hace el caótico cambio de campo a Javier se le viene a la cabeza imágenes de un partido de futbol sala en un centro de menores en Madrid, donde hizo una sustitución navideña como educador.

Trabajó con chavales que han vivido en pocos años toda una vida a la carrera, de los que miran a los ojos y te hielan el corazón.

Recuerda que invitados por los educadores, fueron un día a jugar un partidillo que les sirviera de entretenimiento. Se presentaron con un equipo demasiado bueno y sin apenas querer, en unos minutos les habían metido un par de goles que despertaron su orgullo de calle.

Sólo la rápida intervención de los educadores y la reorganización de los equipos y la mezcla de jugadores, evitó que tuvieran que venir los antidisturbios a sacarles del Centro.

Era imposible estar a todo lo que pasaba y todo era divertido, policías, bombero, familiares y amigos habían dejado de animar a sus equipos, no podía dejar de reírse, tampoco sabían cuáles eran los suyos.

Terminada la fiesta deportiva de los chavales, sin que nadie supiera el resultado final y cuando los ánimos de los niños se tranquilizaron, empezó el partido “serio” entre los dos equipos de policías y bomberos.

Los inicios del partido fueron los que corresponden a dos buenos equipos, pronto el ánimo de los niños en la grada y sus risas, terminaron por quitarle todo orden. Los protagonistas apostaron más por el espectáculo que por el marcador. Se animaron a intentar jugadas fantasiosas con algún resultado digno de los videos de risas. El partido mantuvo a duras penas su tensión, por lo incierto de un marcador que llegó empatado al final.

Como había unos trofeos que entregar se decide resolver el partido a penaltis, sin prorrogas porque los niños están ya muy nerviosos por su fiesta y sus regalos. Para que participaran los chavales, se decide que tiren ellos los penaltis, cada equipo mantiene únicamente a su portero.

Reclutados los lanzadores ente muchos voluntarios, se realiza el lanzamiento de los penaltis, que depara un espectáculo de más calidad de la que se podía suponer. La victoria se decanta para al equipo de los bomberos y la policía nacional.

Seguidamente se procedió a la rápida entrega de trofeos, para que todos pudieran ir a la fiesta que se había preparado a las afueras del pabellón.

Claudia como madrina mayor del evento, es la encargada de entregar el trofeo al equipo ganador, lo que hace con cordial seriedad.

Diana por su parte entrega el trofeo a los perdedores, por ser más abierta o por la confianza que tiene con Luis y Rubén, les planta dos besos en las mejillas.

Su espontánea actuación provoca que los vencedores reclamen los suyos a Claudia, que cumple la demanda, mientras mira con una sonrisa de reproche a la liante de su amiga.

Fue un momento mágico, en el que los partícipes, parecían estar en una burbuja emocional ajena al protocolo exterior.

Seguidamente salieron todos en dirección a la fiesta que se había preparado a las afueras del recinto, rompiéndose rápidamente el protocolo, si alguna vez lo hubo.

Según acceden los niños al recinto festivo, los cuidadores les entregan una mochila con accesorios del colegio, obsequios de las empresas colaboradoras y dos cheques regalo, para cambiar por juguetes y ropas al gusto de cada uno, aportados por diversos patrocinadores.

En el exterior de Palau se habían organizado unas mesas con comida abundante, preparada por cocineros voluntarios, de la que gusta a niños y mayores, con bebida para todos.

Los cuidadores y voluntarios lo tienen todo controlado, lo pasan mejor que los niños, al ver su alegría reflejada en todas las partes de su cuerpo. Era fácil verles saludarse entre ellos con lágrimas de alegría en los ojos. Conocen de primera mano, la vida tan dura que tienen los pequeños y lo que supone esta fiesta para ellos, por el tema emocional y por las donaciones recibidas.

Diana, espontánea y enamoradiza, pronto se libera de responsabilidades institucionales y se dedica a torturar a los jóvenes policías y bomberos.

A Claudia le es más difícil independizarse de las personalidades, para integrarse en la fiesta con su amiga.

Javier que está un poco aislado, por no conocer a casi nadie, se apercibe de la situación de su amiga y se lo comenta a Pilar, que manda a las niñas a salvarla.

Las pequeñas logran traerla junto a su madre, liberándola de aburridos compromisos.

Claudia saluda a Javier con un par de besos y éste le presenta a Pilar como la mujer de Rubén.

—Tus preciosas niñas me han salvado del aburrimiento —le agradece el gesto.

—Ha sido cosa de Javier —le da el mérito a su amigo.

— ¡Gracias por salvarme! —expresa con una mirada sincera.

—Te vi un poco aburrida rodeada de tanto trepa.

—Tú marido es un chico fantástico, aunque habla un poco raro —se dirige Claudia a Pilar.

—En casa nos reímos mucho con él cuando vienen sus abuelos y mi familia de Cádiz, lo malo es que se lo pega a las pequeñas.

—Pilar es Ingeniera Industrial, pronto tendrá una plaza en Barcelona —presume Javier de su amiga.

La magistrada, que sabe lo duro que son las oposiciones y la espera de los resultados, le da ánimos y confianza.

— ¡Seguro que lo consigues!

En ese momento se acerca Diana a buscar a su compañera, da dos besos a Javier, mientras Claudia la presenta a Pilar y a las pequeñas.

—Nos tenéis que disculpar, me la tengo que llevar, todos los chicos quieren conocerla —les comenta divertida.

—No les hagáis sufrir mucho, tienen que cuidar de todos los ciudadanos y con el corazón roto es más difícil —las avisa Javier con una sonrisa.

— ¡De eso nada, hacerles sufrir! —le contradice la gaditana, animándolas a divertirse.

Las chicas se van a divertir y conocer gente, normalmente no tienen muchas oportunidades.

Claudia afronta la vida con naturalidad, quizá con un punto de impaciencia, no le gusta la gente que va de lo que no es y los envidiosos. Es tímida y reservada con los chicos, quizá por tener que aguantar desde niña el pijerío clasista de algunos esquiadores que se creen por encima del resto. Se ha hecho más abierta, gracias a la alegría contagiosa de su amiga y el trato diario con la gente.

A Diana su nobleza y espontaneidad le han jugado alguna mala experiencia, con niñatos mal criados de egos enfermizos. Su corazón alegre y valiente, el trabajo y el apoyo incondicional de su amiga le han permitido salir adelante.

Luis y Rubén ya duchados y liberados de todo compromiso, se acercan al grupo donde está la familia Pelayo con Javier. Comentan lo divertido de los partidos, lo contentos que están los niños y lo bien que va todo.

El futbolista frustrado, en su papel de observador, critica su actuación deportiva, lo que no es más que envidia por no haber estado con ellos en el campo.

El matrimonio comenta a los dos amigos que se tienen que ir, para las niñas es tarde y están muy nerviosas. Se despiden cariñosamente, animándoles la gaditana a buscar ellos también alguna amiga, porque se les está pasando el arroz.

Los dos amigos se incorporan a la fiesta para tomar unas cervezas y charlar con los compañeros, acercándose un momento a las madrinas que les saludan divertidas.

Tras una breve conversación en la que las jóvenes les vuelven a agradecer que las hubieran invitado, al verlas tan bien acompañadas, los veteranos se despiden.

El teniente cuenta a la magistrada que el lunes quiere pasar por el juzgado para comentarle unas actuaciones, ella asiente sin prestar mucha atención.

Ha pensado en avanzar en la investigación y piensa pedirle que autorice la intervención del teléfono de Albert y alguno más de los responsables de la obra.

Fue un día inolvidable para todos los asistentes, muy especial para el grupo de amigos, entre los que se crean lazos de una amistad sincera.

Luis todavía emocionado por el evento, del que se siente un poco responsable, lleva a su amigo al hotel. Por el camino recuerdan muchos de los momentos observados por uno y vividos por el otro.

Al llegar, bajan los dos y se dan un fuerte abrazo, por la jornada vivida.

Luis, antes de irse, se disculpa porque mañana va con su grupo a realizar una ruta ciclista y tiene que prepararlo todo.

— ¡Vente con nosotros, no es muy dura! —le insiste, aunque ya le ha dicho que no.

—Estoy fatal de forma, estropearía la marcha si me tenéis que esperar todo el rato.

— ¡Me rindo!, así descansas el domingo y das una vuelta por la ciudad.

— Pásalo bien y no te lesiones, hablamos el lunes. >>

 

Nota: El artículo se integra es un capítulo del libro

“OPERACIÓN CAIPIRIÑA”

Autor: J. L: Rodríguez

http://editorialcirculorojo.com/operacion-caipirina/

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    13 noviembre, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo José Luis y mi voto desde Andalucía

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