Apuntes para un ensayo sobre el irracionalismo vital y la racionalidad práctica

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El rechazo de la Razón filosófica occidental solo tiene sentido y es posible desde la reivindicación del sentimiento y las pasiones. Si no es posible asignar a la irracionalidad psicológica emocional el descubrimiento de una Verdad inalcanzable para la Razón filosófica, sí es posible asignarle una función de autoafirmación expresiva que haya abandonado la compulsión filosófica a la obtención de una Verdad universal normativa.

Después de la bancarrota de las instancias racionales fundamentadoras de una Verdad universal, solo queda el individuo sin fundamento con su pulsión de autoafirmación expresiva más allá de toda pretensión de aseguramiento de la validez intersubjetiva de las certezas subjetivas de su creencia y su sentimiento. Esas certezas subjetivas ya no pueden pretender una validez práctica, ética y política, pero se convierten en un valor absoluto para su vida psicológica privada.

Dándole vueltas y más vueltas a las razones del relativismo y el contextualismo no se supera la filosofía. Esta solo se supera cuando lo subjetivo infundado se presenta como dotado de validez absoluta para el individuo y su vida de existente concreto. La consciencia de que no es posible la Verdad universal fundamentada solo debe manifestarse en la reserva política sobre el carácter no vinculante intersubjetivamente de lo presentado como verdad subjetiva del existente, pero, aparte de esto, lo creído y sentido debe presentarse como válido absolutamente en la vida individual del existente con toda la concreción psicológica del sujeto desentendido de la coacción intersubjetiva hacia una Verdad universal consensuada.

Los autores que sacaron las consecuencias reales de la pérdida de la posibilidad de fundamentación de una Verdad universal fueron Kierkegaard y Stirner, que pusieron en el individuo aislado y reducido a concreción psicológica el lugar de la soberanía de una Verdad no universal absolutamente válida para la vida de ese individuo retirado de la obligación social de probar su verdad como válida según criterios de fundamentación universalista. Ambos autores abrieron un campo de la verdad subjetiva desvinculado del terreno ético-político de la verdad necesitada de acuerdo intersubjetivo. Pero no se trataría de negar la necesidad de ese terreno ético-político, que es exigido por la base de convivencia de las condiciones materiales de la existencia humana, sino de que sobre esa base convivencial, necesitada de principios que posibiliten la existencia material de los hombres en un estado de la máxima libertad compatible con la seguridad, se levante un campo psicológico donde pueden imperar, como producto de esa libertad garantizada por el orden de la seguridad en la convivencia, contenidos vitales de validez individualista, contenidos creídos y sentidos como la verdad subjetiva de la identidad suprasocial del individuo, no principios universalistas con pretensión de validez basada en una evidencia accesible para todos en tanto puros seres racionales desvinculados de su idiosincrasia psicológica o basada en un consenso donde todos puedan intervenir como puros seres dotados de lenguaje también sin idiosincrasia psicológica contingente.

En el sentido de este individualismo de la verdad subjetiva psicológica desactivada de lo social entendido como exigencia de universalidad práctica, hay que entender también el inmoralismo de Nietzsche: como la validez subjetiva psicológica de valores que se hayan más allá de los principios formales universalistas de convivencia y comunicación justas. El problema del pensamiento ético contemporáneo centrado en la búsqueda de un aseguramiento racional de los principios de convivencia y comunicación justas está en que ha olvidado que esos principios solo sirven para conformar un marco justo de la vida pero no para proporcionar a esta contenidos que la realicen a la medida de las exigencias y necesidades individuales psicológicas. No tiene claro este pensamiento que los individuos tienen que actuar en un marco donde imperen políticamente principios de justicia, pero dentro de él no tienen más remedio, y ello pertenece a su necesidad vital de individuos, que actuar motivados por la aspiración a su forma de vida peculiar, cuya justificación solo puede estar en su contingencia psicológica ajena a cualquier tipo de racionalidad práctica orientada exclusivamente al sostenimiento de la convivencia y la comunicación justas. Los contenidos vitales concretos, cuya búsqueda individualista es precisamente lo que se trata de hacer posible por la convivencia y la comunicación justas garantizadoras de la libertad y seguridad de todos y cada uno, solo pueden ser dados en la afirmación de la verdad subjetiva de la propia identidad entendida en términos de privacidad psicológica ajena a toda compulsión a la validez práctica intersubjetiva. Los contenidos vitales solo pueden ser buscados “más allá del bien y del mal” de la validez intersubjetiva, en una privacidad psicológica que no destruya la convivencia y que sea posibilitada por ella, pero que remita a la subjetividad despegada de la Razón práctica.

Comentarios

  1. LOUE

    14 diciembre, 2017

    Lo he leído varias veces y creo haber comprendido parte de lo que expones (no porqué no lo expliques bien, sino por mi falta de conocimiento de los términos filosóficos). Pero porqué crees que la privacidad psicológica deba estar «posibilitada» por la convivencia? Gracias por tu tiempo y un saludo!

    • Alberich

      14 diciembre, 2017

      El texto es solo un esbozo. Tal vez debería haberlo pulido y más y, posiblemente también aligerarlo, sobre todo porque en algunos pasajes es un poco repetitivo. Con lo de la convivencia y la privacidad he querido solo recordar que si podemos gozar de un ámbito privado donde podemos elegir y realizar nuestra vida según nuestra psicología, nuestros gustos, creencias, valores, convicciones, etc., es porque existen unas normas legales y morales de convivencia que protegen ese ámbito frente a las posibles intromisiones no deseadas. Es el mantenimiento de una convivencia regulada por normas lo que permite que tengamos nuestra privacidad. Muchas gracias por tu interés y por tu voto.

      • LOUE

        14 diciembre, 2017

        Muchas gracias Juan por tu respuesta que me ayuda a la interpretación de tu reflexión. Aunque quizás desde mi humilde punto de vista, la privacidad psicológica podría en algunos casos excepcionales no estar ligada a las normas legales y morales de su entorno. Al menos en lo que respecta a personajes singulares y sabios.
        Gracias de nuevo, y no «pulas ni aligeres» el texto, está muy elaborado y es admirable su desarrollo.
        Un saludo,

        • Alberich

          15 diciembre, 2017

          Creo que llevas razón en un sentido: todos tenemos reconocido legalmente el derecho a la privacidad, pero son pocas las personas que logran convertir ese derecho en una realidad valiosa y eminente desde el punto de vista humano,es decir, son pocas las personas que usan su privacidad para hacer con ella algo realmente interesante. Y por supuesto, eso depende de su especial sabiduría y sensibilidad. Saludos Louise y muchas gracias por tu interés.

  2. Luis

    14 diciembre, 2017

    Bueno, amigo Juan, nombras, con palabras mayores, el meollo de la gran cuestión que nos acecha en estas sociedades, pienso, humildemente. La cuestión de lo subjetivo a vivir, y de lo objetivo a regular. Me encanta que lo trates desde una perspectiva tan universalmente válida. Un abrazo y mi voto!

    • Alberich

      15 diciembre, 2017

      Amigo Luis, creo que has dado en el meollo del asunto. Se trata de buscar esa complementariedad entre la búsqueda subjetiva de lo bueno y la regulación objetiva de lo justo. Muchas gracias y saludos!

  3. Sosias

    15 diciembre, 2017

    Desde el punto de vista de la privacidad y la convivencia el filósofo reconoce que tienen que existir unas normas legales morales y reguladas,sería imposible si así no fuera.
    Todas las imposiciones de verdades absolutas hechas por el ser humano fracasaron, como también fracasó la no imposición de normas.
    Cada persona debe escoger para su propia privacidad lo más acorde con su forma de ser y de sentirse bien como individuo, siempre que no perturbe a la masa que se siente feliz de otra manera.
    Si un día el individuo quiere formar parte tendrá que aceptar sus reglas,y si la masa decide ser como el individuo ¿Donde está el problema?
    Mal que nos pese, la política dicta las normas,pero dentro de ellas hay un amplio abanico de posibilidades ¿O no?
    Saludos y mi voto.

    • Alberich

      15 diciembre, 2017

      Ha resumido perfectamente lo que yo quería decir. Y con palabras más claras que las mías. Muchas gracias por el interés.

  4. Diana Yuste

    21 enero, 2019

    No es fácil tanta profundidad, pero muy hermosa.
    Felicidades y mi voto.

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