El Marte olvidado: La diosa roja

Escrito por
| 110 | 6 Comentarios

¿Qué ves, Illa?

¿Qué debería ver? ¿Qué significa «ver» realmente?

Lo que tú desees, mi señora. Hágase de tus caprichos la voluntad de esta estela de polvo cósmico, de estas gélidas llanuras con brizna a carbono y nieve a borbotones.

No, no lo creo así. ¿Qué sería acaso? ¿Una deidad que puede cambiar la realidad que inhalan los entes vivientes? Absurdo.

¿Es que no lo recuerda, mi señora? Ill-A Ank-Vl. La última de su especie y la primera de su divina estirpe. La Diosa Roja de los marcianos.

Oh, ya… recuerdo Annuk. Tú me almacenaste en tu vientre hecho hielo y nanotecnología ancestral, me gestaste en el hálito de mis antepasados y en el néctar de la creación. Recuerdo, debo recordar bien, pues ellos me proveyeron de la bendición mnemo-genética. Hicieron de mí el milagro de la evolución.

No obstante, ¿hace cuánto que no veo el mundo a través del blanco? ¿Los ojos de los humanos? Infiero entonces que es menester mío aprender a ver… rojo, como el estandarte de mi primera estirpe.

 

……….. ………… ………… ……….

 

Mi nombre era Isolde, el cuál rememoraba la gallardearía germana de los antiguos pueblos del hombre; fui adoptada por la familia Kähler, Anna, la matriarca, tan sabia como maternal me trataría como a una hija más, ¿cómo no podría confabularme con la gentileza de los primeros humanos? Mi madre era una coloni, representante del Consejo Popular de Baes, periferia de Maereland de la nación de Æ-Ring. Ella era quien mantenía el balance y la unión de la siempre tan endeble institución de los antiguos humanos, de la cual partían las bases del Consejo Colonorum, el siguiente escalafón hacia la Federación clandestina de los colones.

Yo… solo era una mensajera muy querida para la comunidad de criaturas que habían buscado refugio en mis tierras, para solo hallar el martirio a través de su propio linaje. De los humanos que colonizaron mi tierra una vez nos hallamos «extintos», surgió una casta adaptada para los templados infiernos de este mundo, los heredes.

Los colonizadores, los primeros humanos arraigados en el agua y el oxigeno, pasaron a ser llamados colones por su raza primogénita y opresora, los heredes, de piel lustrosa y cabellos casi níveos.

Y yo solo era una mensajera que andaba en trenes geotérmicos entre las Cinco Grandes Naciones, entre Æring y Kai-en, o la Alianza de Nostroy-me. Nada más.

No tenía porqué sucederle. A ella no, a mi dulce madre no.

Ah, pero los deseos de los dóciles y débiles es tan fácil de pisotear. ¿Me equivoco?

¿Y si la ira me consumía?

Illa, ellos se reirían de tu humanidad.

Desafortunados ellos entonces, que creyeron perturbar a un mortal y en cambio hicieron arder en furia a un dios.

Sus grotescos y repulsivos cuerpos caían alrededor de mí, como muñecos de granito que se quebraban al caer, manchando el impoluto blanco con la ferocidad carmesí. «¡Oh! ¡Tal ofensa!» Bastardos, su ínfimo instante de alienante triunfo estaría por llegar a su fin. Ustedes que se atrevieron a escupir el nombre de los míos, contemplarán mis manos hacer escarcha de su soberbia y traer el infierno frío a sus míseras vidas. «¿Una mortal?»

Que me conozcan entonces como la Diosa Roja.

 

…….. …………. ……….

 

Penumbras, el abismo de las tinieblas se expande ante mí hasta confundirse con el horizonte blanco, en un atardecer de matices grises. Y yo allí me encontraba surcando un limbo entre la claridad del apremiante presente y la calma desconcertante, renuente de todo fervor, de la oscuridad del pasado.

Entre símbolos y letanías olvidadas deambulaba. Un sinfín de memorias y querencias azotaban mi mortal cordura.

—Recuérdame en tus vidas después, Illa —profirió como otra promesa, solo que más preciosa. Era la misma voz masculina de cuando a penas había despertado en este mundo surreal.

¿Podría yo acaso deleitarme con tu nombre?

Hace muchos, muchos años mi señora, incluso antes de que las criaturas de la Tierra emergieran de sus mares, se desató una gran guerra que acabó con vuestras razas. Los marcianos rojos habían alcanzado tal desarrollo tecnológico y cultural, mas los marcianos negros eran carcomidos por su envidia. Se enfrentaron hasta liquidarse, dejando apenas atisbo alguno de vida culturizada en el planeta.

Sin embargo, los grandes sabios que en sosiego atendían la discordia de vuestras razas lo comprendieron. Crearon dos seres divinos que traerían la gloria de nuestra especie a Marte, una marciana roja y un marciano negro. De su seno nacerá la nueva casta prometida.

Búscalo.

Traer la gloria a nuestra raza.

Búscalo.

Brindar esperanza a los verdaderos humanos.

 

………… ………… …………

El bloque de Eida, lugar de la sede del Consejo Federativo, aguardaba por mí.

Creo que mi destino ya había sido trazado.

Comentarios

  1. Manger

    19 diciembre, 2017

    Ya veo, amiga Emma, que esta temática se te da mucho mejor que a mí. Muy buen trabajo. Me gustó. Te mando mis saludos más cordiales.

    • Emma Black

      19 diciembre, 2017

      Difícil saber que tanto resulta ser alguien mejor que otro en alguna temática; a veces es cuestión de tener las ideas claras y un poco de locura. Eso sí, aprecio tu comentario y tu voto, amigo Manger.

      Saludos

  2. Mabel

    19 diciembre, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo Emma y mi voto desde Andalucía

  3. AVM

    20 diciembre, 2017

    Excelente historia de ciencia ficción. Un abrazo grande compi! Por cierto, te animo a participar en un grupo de Falsaria que se llama Banco de ideas, técnicas y cuestiones sobre la vida, el universo y todo lo demás. Creo que podríamos hacer buenas migas. Saludos!

    • Emma Black

      20 diciembre, 2017

      Gracias por tu apoyo amigo Andrés. Lo que ves aquí es un ensayo de lo que estoy pensando desarrollar como una novela; veremos cómo me sale. Y gracias por la info, me parece interesante el grupo.

      ¡Nos leemos!

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas