Una vez tuve un hermano, Juan Valera, que murió a los veinticuatro años por la acción de unos barbitúricos que consumió tras una noche en que las cosas se le fueron de las manos. Con motivo de su muerte escribí este poema. Yo estaba fregando en casa de mi madre en Monforte cuando nos llamaron de un hospital de Vigo anunciándonos con tacto que Juan había fallecido. Mi madre comenzó a llorar y se vino abajo de repente. Acto seguido tomamos café y empezamos a organizar lo que teníamos que hacer.
Mi hermano era una persona extremadamente sensible, una especie de marciano en este mundo. Muchas veces me dijo en momentos de complicidad que sentía la belleza del mundo en todo su esplendor pero que sentía también sus más oscuras dimensiones, y cuando esto ocurría, recurría a las drogas para calmarse. Empezó por el tabaco y el alcohol los fines de semana. Luego vinieron los porros. Según me confesó un día, probó la coca con quince años por primera vez. Fue una noche con algunos amigos. Y se enganchó, claro. Fue por probar, nada más. Al principio se metía una raya los fines de semana pero luego el hábito incrementó y se dedicó al trapicheo para costear sus vicios. Juan encontraría siempre en la muerte de nuestro padre en un accidente de tráfico una buena excusa para justificar su consumo. Sus cambios de humor se hicieron evidentes y gracias a la ayuda de algunos familiares conseguimos que le ingresasen en una clínica por unas semanas.
Sé por amigos de él, que nada más salir de este primer internamiento se emborrachó como si no hubiese mañana. Era obvio que las cosas no iban bien. Se hizo más taciturno, él que siempre había sido un chico feliz y sociable, ahora decidía encerrarse interminables horas en su habitación o en su piso sin que nadie supiese de él hasta que él decidía contactar con nosotros. Adelgazó una barbaridad y empezó a manifestar desórdenes mentales severos. El segundo internamiento fue más largo, en Barcelona. Los ahorros de mi familia fueron el blanco pero decidimos que había que darle una oportunidad o nos arrepentiríamos toda la vida. Por unas semanas parecía que se recuperaba pero de nuevo nos llegaba información de que tenía problemas de convivencia en el trabajo y que la novia de toda la vida le había dejado. Cuando murió el abuelo, al que estuvo siempre tan unido, empezó a consumir de manera desaforada. Hizo amistades que no le convenían y se le veía deambular por las calles de Vigo buscando fumar cualquier mierda que le ofreciesen. Mi madre estaba ya de los nervios y bajo tratamiento psiquiátrico. Justo una semana antes de lo que sería su tercer internamiento, apareció muerto en su piso con una caja de pastillas a su lado. El piso estaba desordenado, lleno de papelinas, ceniceros y ropa. Los platos del fregadero llevaban sin lavar unos cuantos días, la basura se amontonaba en la cocina y las cartas llenaban el buzón. Recoger el piso fue, quizás, uno de los momentos más duros para mi madre. Tiramos casi todo a pesar de que ella se empeñaba en conservarlo todo. El poema siguiente nace de este contexto:
Recuerdo que fregaba los platos
Cuando recibí la mala noticia:
Una ingesta masiva de pastillas
Te habían dejado en el suelo como un trapo.
Recuerdo que acabé de secar la loza
Y solo entonces me di cuenta
De que jamás nos volveríamos a ver las caras,
La última etapa
Había sido cruenta,
Mamá llorando devastada en la cocina,
Tus idas y venidas a la clínica,
El mono cuando no tenías cocaína,
Hasta la polla estaba
De tus excusas malogradas
Y promesas incumplidas.
Cerraste los ojos y mamá abrió los suyos
Tanta preocupación no valió la pena
Pensamos al unísono mudos.
Nos encontraremos con otras formas
En otras vidas
Pero jamás volverás a ser mi hermano
Ni yo el tuyo.
Mientras, fluyo.





Mabel
¡Qué te puedo decir, me dejas sin palabras! Una historia muy emotiva y sentimental, te deja sin reaccionar. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía
Luis
Duro, triste, doloroso, hiriente, un abrazo y mi voto querido Andrés!
GermánLage
Literariamente, excelente; emocionalmente, duro; muy duro; con un durísimo final. No se me ocurre otra cosa.
Un fuerte abrazo, Andrés.
gonzalez
Se hace difícil comentar algo a veces, Andrés. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.
LOUISE
Es muy triste Andrés, realmente una experiencia muy dura.
Un fuerte abrazo,
Emma Black
Se me estrujó el corazón. Resulta admirable que puedas contar historias tan tristes y dolorosas de una manera tan pulcra. Te felicito nuevamente Andrés, tanto por tu talento como por tu coraje.
Saludos y un abrazo.
Alberich
Duro y conmovedor, pero con un estilo elegante, oportuno y adecuado. Saludos Andrés, mi voto y Felices Fiestas
AVM
Gracias de corazón a todos los que os habéis tomado la molestia de leer este texto. Un abrazo, felices fiestas!