Revés de fábula

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En razón de mi aparente edad, sexagenario plus, me ofrecen por teléfono planes de jubilación y seguros médicos; tonificantes y vivificantes con Omega 3, Gingko y Piracetam para reforzar mi “neuro performance”. También me ofrecen seguro de vida, criptas de panteón con ritual de ida y crematorio de primera. Escucho las propuestas y encuentas con la resignación de quien sabe que la ventanilla es el sitio del “mercado” donde el banco te premia porque pagues a tiempo tu T/C y da tu número telefónico a intrusos que quieren succionarte el dinero antes de que visites el camposanto.

Como nadie me encuesta para algo útil, decidí pariicipar en una obsesión contemporánea transformando el formato de un sondeo sutil. No pretendo obtener un retrato confiable del futuro de mi país sino descubrir ciertas cosas de mis conocidos y vecinos. Por razones que van del azar al descuido, personas informadas y responsables dijeron cosas que no iban a poder respaldar en los hechos. Así resulto que un 15% de ellos hablaba con solvencia del proceso electoral en ciernes, pero no tenía credencial para votar: o sea, los actores de la elección pronuncian parlamentos que no se corresponden con sus actos. Igual los candidatos.

Después de 5 meses de análisis el TRIFE declaró gobernador electo de Coahuila al impresentable Riquelme. Los resultados de la contienda se volvieron virales y el tribunal tergiversó “legalisticamente” los cargos que los comites técnicos del INE habían considerado como violatorios de la norma electoral. Sin embargo, dictó el tribunal: “dicha violación no fue decisiva en el resultado,  ya que no afecto lo suficiente el ánimo de los votantes como para cambiar el sentido de la votación”.

¿Cómo lo midieron?  ¿Cómo concluyeron que fue perniciosa, sin sancionarla? Razón metafísica o de Estado suficiente para dar el triunfo al transgresor.

Una forma posible de establecer un criterio, un rasero, hubiera sido medir la intención del voto antes de los spots negativos y las triquiñuelas de compra de votos previa a los comicios, y compararla con la respuesta del conteo rápido de salida de urnas. Pero las encuestas, que aparentemente sirven para todo, ¡no sirvieron para éso!

Vaya un despilfarro millonario. Para qué los sobrados instrumentos, si el resultado –que debe ser en las urnas– es dictaminado judicialmente por el TRIFE.

El Tribunal se vio ante la resbaladiza necesidad de valorar el “änimo” de la población. A partir de eso, no dictó una sentencia, sino que pronunció una opinión. El Tribunal de marras puso en práctica el muy vago principio del “estrañamiento” por el cual le recuerda al infractor que tiene o debería tener una conciencia, pero como no afectó suficientemente el ánimo de los votantes, se le reconoce el malogrado triunfo.

La jurisprudencia del país de Clavillazo Pri, Reza un viacrucis para no comprometerse a condenar, y para no caer tampoco en pecado de indiferencia. Algo así como decir: te portante mal, pero allá tú. En su calidad de sanción, el “extrañamiento” tiene un valor subjetivo, pero se sobrepusó a las pruebas objetivas como un severo revés de fábula.

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    14 diciembre, 2017

    Muy buen relato. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía

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