Riendas del porvenir

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Manejando el carro que compró al mayoreo, se detuvo en un semáforo. Una pequeña vista al retrovisor para observar si la corbata está bien ajustada al cuello de la camisa, pasó su mano por su cabellera repleta de gel y examinó esa sonrisa pícara que combina perfectamente con sus ojos claros. La luz cambia. El auto avanza. No importa el tráfico agobiante de la ciudad, está dispuesto a esperar lo que sea necesario porque salió temprano de casa, alza la mano sacándola por la ventana para saludar a alguien que le grita desde la acera. El tráfico disminuye. El auto avanza. No hay espacio dónde parquearlo, al parecer hay más carros de la normal en el edificio, decide esperar la salida de alguno, se lleva la mano al bolsillo y saca un cigarro y lo enciende. Desocupan un lugar. El auto avanza.

Sale de la oficina, un día atareado como todos, ahora el estacionamiento se encuentra libre. No hay necesidad de perder tiempo en las vías porque se encuentran vacías, los semáforos se pintan de amarillo y nadie espera un cambio de luz. El carro avanza.

Se mira al espejo, trata con dificultad de ajustar su corbata, saca una mano del volante y se la pasa por su cabellera, ahora necesita esforzarse más para hacerlo, ve su sonrisa reflejada en el espejo y nota que esta desentona con sus ojos claros, al mirar el tinte natural grisáceo de sus cabellos cree encontrar una explicación. El auto avanza con dificultad.

¿Cuántas veces decidí quedarme en mi zona de confort, dejando de lado mis sueños por complacer a otros, fingiendo ser feliz con una vida monótona caracterizada por el falto de color y emociones nuevas, engañándome con tener una vida dichosa donde el personaje principal pudo haber sido fácilmente cualquier otra persona menos yo?¿Estuve programado para alimentar y embriagarme de rutinas que consumieron gran parte de mí?¿Pude escapar de este laberinto de felicidad maquillada , o mejor dicho, en algún momento fui tan valiente de tomar la decisión de quererme escapar de él? No lo creo, siempre huí, jamás tuve el coraje suficiente para tomar las riendas de mi porvenir. Ahora lamento el tiempo perdido y entiendo que debí hacerle caso a la voz que escuchaba cuando el silencio enmudecía el lugar. El auto dejó de avanzar.

Comentarios

  1. Mabel

    14 diciembre, 2017

    No se pueden dejar escapar las ilusiones porque luego no hay vuelta atrás. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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