Ave en la sombra

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No esperaba algo sorprendente en un día tan tranquilo, pero creo que la vida tienes esa forma de sorprenderte.

No hubo nada de especial al comienzo del día, tampoco había nada planeado para que fuera especial. Pero igual suceden cosas que no planeas, consecuencia inesperada a las acciones que uno toma. En mi caso esa sorpresa vino en la forma de un pequeño pajarito.

Ya había terminado los mandados de la mañana. Ahora solo debía volver y descansar en casa hasta el tiempo donde tuviera que salir en la tarde/noche. Y estaba emocionado por eso. Pero algo apareció. No fue un sonido, ni si quiera un movimiento, ni si quiera un llamado, solo fue una pequeña forma, fácilmente ignorada, en el suelo caliente que llamo mi atención. Un pájaro, uno pequeño que no debía tener edad adulta. Estaba en el suelo. Al principio pensé que estaba muero. Luego me di cuenta de su respiración. No podía moverse. Lo único que hacía era respirar cada vez más rápido, siempre con más fuerza.

No tarde mucho en darme cuenta. Aquel pájaro se estaba muriendo. Quizás había caído del nido o quizás, volando, choco contra algo y cayó al suelo. Sea lo que sea que había pasado ahora estaba ahí tomando sus últimos bocados de aire.

Yo lo vi en ese estado. Curioso me acerque más, dejando de lado, solo por un segundo, mi interés de volver a casa. Apenas y tenía fuerza para abrir los ojos. Recuerdo que su cuerpo era un frenesí mientras hacia el esfuerzo de respirar. En aquel momento mi mundo se detuvo. Vi al alrededor buscando alguna respuesta a esta situación pero no la conseguí. Estaba yo solo con aquella criaturita.

Al principio no sabía qué hacer. Quería volver, quería disfrutar de aquel día que me había imagino en mi cabeza. Pero aquel pequeño cuerpo no me lo permitía. Admito que al principio sentía asco, quería tocarlo pero a la vez un sentimiento raro no me lo permitía. No duro mucho. Primero lo empuje suavemente. No hubo reacción. De inmediato lo levante con la mayor suavidad posible. Me imagino que aquella criatura se daba cuenta de que pasaba algo, de que la estaban moviendo porque abrió un poco los ojos para ver su entorno. No quiero imaginar que podría estar sintiendo o pensando en ese momento. Y ahora, mientras escribo esto, tengo miedo de lo que pueda sentir al respecto.

Con todo lo único que podía pensar era “¿Qué puedo hacer?”.  Aquella criaturita necesitaba ayuda. Pero yo tenía cosas que quería hacer. Yo quería ayudarla pero también quería aquel día que estaba esperando. Entonces, me enfrente a una decisión. En aquel momento no tenía nada para ayudar aquella ave, solo podía llevármela a casa y esperar que, con ayuda de mis padres, se pondría mejor. Pero en mi mente entro la duda. ¿Qué pasará si me lo llevo? ¿Acaso ellos querrán ayudar? ¿Acaso podremos salvar a este pajarito? ¿Si la salvamos, que tendríamos que hacer? ¿Cuánto tiempo estaría ayudándola? ¿Qué tanto tendría que cambiar y aguantar yo para proteger aquella criatura? No paraba de pensar en estas preguntas mientras lo segundos pasaban con aquella ave en mis manos. Era mucho para mí. Entonces, lamentándolo mucho, tome una decisión.

El ave estaba cansada y adolorida. Yo no tenía nada para ofrecerle en aquel momento. Solo pude dejarla ahí. Pero eso no era lo que quería. Pero ya había hecho mi decisión. La coloque cómodamente sobre el pasto cercano, debajo de una sombra enorme de un árbol. Por un momento pensé que de verdad estaba cómoda. Pase un tiempo reconfortarla, acariciando su pequeña cabeza y hablándole de forma cariñosa

–          todo está bien…

Le dije.

–          No durara mucho más.

Pero ahí la deje mientras caminaba de vuelta. No hubo cambio, no hubo un gran esfuerzo por ayudarla. Solo camine siempre mirando hacia atrás como si algo mágico fuera a suceder.

Mi llegada a casa no fue lo que yo esperaba. No era la felicidad de volver a un lugar cómodo y desayunar los bizcochos que había comprado para esa ocasión. Estos fueron simple masa sin sabor. Pase un rato solo pensando antes de que algo en mí, quizás mi propia mente desesperada por volver a lo normal, me dijo que me pusiera en la computadora para volver a la rutina. Eso hice, pero yo ya sabía que no era lo mismo. Y aun así, en mi desesperación por mantener lo normal, seguí adelante buscando la rutina que tanto aenlaba.

Cuando llego mi madre de la calle le había comente al respecto. Su respuesta no fue lo que yo me espere. Ella me miro con ojos sorprendido esperando de mi alguna razón por la que no ayude aquel pajarito. En mi mente solo podía contestar que tenía miedo, miedo a consecuencia o cambios que podrían ser malos para mi familia, miedo a arruinar lo que ya tenía planeado. Para mi madre esas cosas no existían y tenía razón.

De inmediato salí de vuelta a la calle. Corrí tan rápido como pude, cruzando carros y personas de por medio. Había salido con una botella de agua, lo necesario para ayudar aquella criatura llegar a casa y descansar. Corrí, corrí y corrí, con la esperanza de aun conseguirla bien, de aun conseguirla cómodamente sobre el pasto bajo la sombra. Cuando al fin llegue al árbol que la había dejado me detuve de inmediato.

Ya era tarde. Hace solo media hora atrás debajo de ese árbol estaba una pequeña ave, herida y con miedo, tratado de mantenerse con vida. Ahora solo estaba un cadáver boca arriba con hormigas sobre ella. Había llegado tarde.

Al principio no lo podía creer. Luego la ira se apodero de mí. Pero pude mantenerme en calma. Ya no había nada más que hacer. Lo único que pude hacer en ese momento fue darle un entierro improvisado. Está ahora debajo de ese árbol, tan cómoda como la había dejado en vida, escondida debajo de una hoja grande del mismo árbol.

Después de eso no sé qué hice. Sé que estuve bajo aquel sol de verano por un tiempo. Cuando volví a casa estaba cansado. Solo pensaba en lo que hice y en lo que pude haber hecho. De inmediato me arrepentí de todo lo que había pasado en aquel entonces. Pareciera que hubiera sido hace días atrás pero solo fue hace unas horas. Sabía que si las cosas hubieran sido distintas ahora estaría más feliz. Si hubiera hecho las cosas distinto esa ave quizás seguiría con vida.

Escribo esto no esperando la disculpa de aquella ave, ya eso es tarde. Tampoco espero que aquellos que lo lean me perdonen por tomar una acción tan egoísta y cobarde. Escribo esto por aquella ave, ya que solo tuvo un momento de vida y merece la pena ser recordad. Aunque sea de una manera tan pequeña.

Mi madre me comento, una vez volví, que el miedo no debe detenerte de hacer las cosas que quieres hacer. Yo intente ayudar, pero no fue suficiente. Tenía miedo y por eso aquella criatura murió.  Nadie es perfecto. Solo espero que nunca llegue a tener aquel miedo, de dudar de tal manera, nunca más.

Comentarios

  1. Mabel

    14 enero, 2018

    Muy buena historia. Un abrazo Jonathan y mi voto desde Andalucía

  2. Chuma

    11 mayo, 2019

    Muy buen cuento, donde el mérito reside en hacer de una historia sencilla un cuento con muchos temas importantes subyacentes y algunos simbolismos de la misma característica. Raro que no tenga más votos, pero eso no hace a un cuento bueno o no.
    Saludos.

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