Intimidados…

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1980

“La Esperanza”… mis primeros pasos, primera escuela, primer maestro, experiencias primeras, únicas, especiales. “La Esperanza”, mi barrio, mi familia, mi lugar…

Era aquella, para muchos, la época de una revolución consolidada. El auge fidelista se respiraba a cada paso. Los soldados en sus marchas sumamente organizadas. Los aviones de guerra que surcaban el cielo dejando caminos de nubes mientras practicaban sus acrobacias belicistas. Las noticias en la radio y la TV cargadas de programación rusa y cuasi inentendible para mi cultura. Y sobre todo las promesas…las interminables promesas de prosperidad e igualdad para todos.

Los niños asistíamos a la escuelita del barrio, ubicada al lado de las lineas del ferrocarril. En el recreo de las 10 de la mañana, una estampida de estudiantes vestidos de rojo, azul y blanco, corríamos hacia las máquinas en busca del mejor trozo de caña dulce, merienda exquisita al paladar poco entrenado de los pobres.

Recuerdo un día que en perfecta fila liderada por nuestro maestro, volvíamos de la clase de Eduación Física. Al compás de la marcha hacia el aula repetíamos consignas revolucionarias:

– ¡Viva Fidel! – Gritaba uno de los estudiantes.

– ¡Viva! – Repatíamos todos.

– ¡Abajo el imperialismo yankee!

– ¡Abajo! – Se escuchaba al grupo de pequeños “revolucionarios” (generalmente inconscientes de nuestros enardecidos gritos).

Y así muchas otras letanías que quedaron grabadas en mi memoria para siempre.

Entre consigna y consigna, Rubén, uno de mis compañeros, osó decir en voz muy baja pero audible.

– ¡Viva Reagan!

Creo que mi compañero ni siquiera comprendía, del todo, lo que él mismo acababa de decir. En ese entonces Ronald Reagan era el presidente de turno en los Estados Unidos de América, y para un estudiante cubano, este debía ser la personificación absoluta del mal.

El Maestro inmediatamente detuvo la fila, y habiendo reconocido la voz de su alumno volvió directamente hacia Rubén, quien con una sonrisa nerviosa no se animaba a levantar su cabeza. No recuerdo las palabras exactas del reproche, pero sí la actitus severa y convincente del Maestro. Luego todos recibimos una interminable clase de política y logros revolucionarios.

Nuna más escuché a alguno de mis compañeros hacer siquiera un chiste de elogio hacia el Presidente norteamericano. Al parecer, no era demasiado difícil convencer a aun alumno de primer grado, en la Cuba comunista de Fidel Castro.

 

(Nueva Edición: “La Esclavitud Mutante y el Silencio de la Fe” Y. García Corpas)

 

Comentarios

  1. Luis

    31 enero, 2018

    Muy buen texto, un abrazo y mi voto!

  2. Mabel

    31 enero, 2018

    ¡Excelente texto! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  3. Estefania

    31 enero, 2018

    Que bueno y que placer leerte de nuevo!!
    Mi voto y un saludo

  4. Sosias

    4 febrero, 2018

    Es muy bueno saber que se va a portada.Merecida,por cierto.

    Saludos y mi voto.

  5. Patricia A Galeano

    24 marzo, 2018

    Corpas, tenés esa peculiaridad de llevarme dentro de tus escritos y vivirlos; ni siquiera imaginarlos. Muchas Gracias!!! MI voto para vos!

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