Este es mi pequeño homenaje a uno de mis escritores preferidos.
Las tres leyes de la robótica:
1ª- Un robot no hará daño a un ser humano o permitirá por inanición que un ser humano sufra daño.
2ª- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto cuando estas órdenes entren en conflicto con la primera ley.
3ª- Un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando no contradiga la primera y segunda ley.
(Isaac Asimov)
1-POLÍTICA DE EMPRESA
La doctora Susan Calvin, robopsicóloga de “U.S. robots and mechanical men corporation” observaba el prototipo que le habían traído a su laboratorio, de pie, estática, frente a ella, al tiempo que ojeaba la documentación que la acompañaba, más por costumbre que por necesidad, pues ya había sido informada en una reunión anterior de los detalles del caso, y de la historia que rodeaba todo el asunto, así como de los antecedentes que motivan esta situación, y de la política que la empresa está llevando a cabo en el terreno comercial que es el verdadero motivo por el cual le han enviado ese robot. No muy diferente, por otro lado de otras experiencias ya vividas en el pasado como robopsicóloga de “U.S.R.M.”. En este caso la particularidad estriba en que el cambio de modelo productivo también conlleva nuevos problemas con los prototipos que se pretenden vender.
Hacía ya un par de años que la empresa, después de la jubilación del director de toda la vida Alfred Lanning y la caída en desgracia del matemático Peter Bogert, al que todos veían como su substituto, había decidido explorar otro nicho de negocio. Para ello contrató una amplia campaña de publicidad y relaciones públicas con la intención de revertir la animadversión que los seres humanos sentían por los robots. Al mismo tiempo invirtió ingentes cantidades de dinero en desarrollar una nueva línea de investigación con el objetivo de dar una semejanza más humana a sus prototipos, piel, rostro, complexión, formas, texturas. Se pretendía vender robots para uso doméstico, con la mirada puesta en el ocio y en los servicios sociales, o así se dejaba entrever en la publicidad. Las ventas a las grandes corporaciones que operaban en el espacio, la luna y los otros planetas estaban estancadas y empezaban a plantear problemas a la hora de los beneficios, pues los contratos estaban siendo de difícil negociación y con márgenes ajustados, además de la ya evidente saturación de unidades robóticas, con lo cual los pedidos casi siempre eran de substitución y muy pocos por ampliación de negocio.
La idea del nuevo modelo productivo iba encaminada a la creación de acompañantes, cuidadores, mascotas, pero enseguida se dieron cuenta que el segmento más demandado en una sociedad tan tecnificada y aislante, era el de acompañante, concretamente chicas o mujeres de compañía. Pronto empezaron a fabricarlas a la carta, según la demanda de los clientes. Existían una serie de modelos estándar, pero la gente proponía variaciones, además, esos caprichos se podían presupuestar con un alto valor añadido ya que con lo poco que llevaba en el mercado esa línea de producción, no había historial ni competencia con quien comparar los resultados.
Al principio todo fue como una seda, la demanda superaba con mucho a la producción, sobre todo en lo que se refiere a robots con apariencia femenina. Lo que no tuvo éxito, ya desde el principio, fue la línea de robots masculinos para damas, aunque si entre la comunidad homosexual. Parece ser que a las mujeres no les agradaba tener un compañero al que es imposible sacar de quicio. Tampoco funcionó la línea “Dominatrix”, a pesar de la demanda existente, a los prototipos que se probaron les resultaba imposible hacer daño a sus dueños, algo lógico, ya que sería preciso anular la primera ley de la robótica para cambiar esa actitud y eso estaba prohibido por el gobierno, nunca se permitiría un robot en la tierra sin esas tres leyes implantadas en su cerebro positrónico. Tampoco en el espacio, pero ahí los contratos con las grandes corporaciones se hacían de espaldas al gobierno de la tierra, aunque con la premisa de destruirlos después de un uso específico y con la seguridad de que nunca uno de ellos llegase al planeta.
Pero a los pocos meses los clientes empezaron a devolver los robots o a poner reclamaciones, incluso aquellos que habían sido muy específicos y exigentes, que además eran los que más dinero se habían gastado. Rápidamente se creó una comisión de estudio del problema pues los beneficios estaban siendo muy suculentos y no se quería perder semejante oportunidad, y menos con un segmento de la sociedad de alto poder adquisitivo y en franco crecimiento, los solteros talluditos. Después de valorar las reclamaciones se llegó a una conclusión. Aunque físicamente los modelos femeninos cumplían todas las exigencias del género, en el plano emocional, personal, o si se prefiere, íntimo, resultaban frías. Se las podía dotar de muchas cualidades o preferencias sexuales, voz sensual, labios carnosos de poderosa succión, grandes pechos, agujeros autolubricados, tendencias sado, temperatura interna controlable e incluso que tuviesen sus orgasmo al detectar el de su partener o que gritasen de dolor si su dueño se lo pedía. Pero aun así, nada era suficiente, faltaba “algo”. No había forma de conseguir que tuviesen humanidad, todas las reacciones íntimas o sexuales eran correctas, demasiado correctas, en el momento justo, ni antes ni después, sin errores pero sin emoción, hacían todo aquello para lo que estaban programadas sin disfrutar del sexo ni de la relación puesto que eran máquinas, extremadamente sofisticadas y de apariencia humana inigualable, pero máquinas al fin y al cabo.
Se decidió hacer una serie de pequeños cambios de tipo lógico y matemático en la cadena de montaje del cerebro positrónico que se compone de más de setenta y cinco mil doscientas operaciones, ya que era imposible añadir de forma algorítmica sentimientos o emociones, se optó por reacciones impresas en la memoria mediante una ecuación, esperando que alguna de ellas produjese un cambio, se sabía sobre qué parte del proceso actuar, pero no se tenía la seguridad de que fuese lo acertado, la sofisticación del actual cerebro positrónico era el resultado de muchos intentos fallidos. Además que era un modelo nuevo y diferente, sin antecedentes con quien comparar los cambios. Los números y la lógica son exactos, pero fríos, y las matemáticas que desarrollan estos cerebros tan sofisticados, también…
En la comisión de estudio del problema alguien sugirió eliminar varios cientos de operaciones del proceso cerebral, lo que nos llevaría a crear cerebros “tontos”, a ver si así eran más femeninos. No fue buena idea, a pesar de las risitas de aprobación de algunos compañeros, pues generó un intenso debate sobre el concepto de mujer y sexo, la superación del machismo y la guerra de sexos, por un momento aquello en vez de una comisión científica de empresa parecía un campo de batalla donde reprochase mutuamente valores sociales no superados por ninguna civilización, por avanzada que fuese esta. Se desechó la idea, no por su carga social, sino por razones meramente técnicas, puesto que influiría en otros procesos vitales de la unidad robótica, ya que el cerebro positrónico constituye el 95% de valor y la calidad del producto final, el resto es pura mecánica. Por supuesto también se sugirió la posibilidad de moderar las tres leyes de la robótica con vistas a hacer más intuitivo el cerebro. Pero esto ni siquiera se debatió, sería un desastre que los humanos se enterasen que algún robot de los que vivía con ellos no se regía enteramente por esas leyes. Al final lo único que se aprobó fue introducir variables diferentes en cada uno siguientes prototipos, a la espera de ver los resultados, todo esto en contra del criterio de los matemáticos, incluso del otrora influyente Peter Bogert, que permaneció callado, sabiendo por experiencia, que se impondría el criterio de empresa. No dejaba de ser una tirada de dados intentado sacar un seis doble dos veces seguidas… y casi lo consiguen, salió un cinco doble.





Marco-Antón
Este relato consta de cuatro partes más y está publicado para libro digital Kindle en Amazon. No deja a nadie indiferente y tiene muchas lecturas. A veces los humanos somos más retorcidos que nuestras creaciones más pelligrosas.
Marco-Antón
https://www.amazon.ca/PULSI%C3%93N-ROB%C3%93TICA-Spanish-MARCO-ANT%C3%93N-ebook/dp/B01MT1R8CA
GermánLage
Lo leí entero hace algún tiempo (creo que era éste), y me pareció extraordinario. Trataré de encontrar tiempo para volver a leerlo entero.
Un abrazo, Marco.
Marco-Antón
El único lugar donde se ha publicado entero aparte de Kindle es en un grupo de facebook llamado “Relatos y microrelatos”
GermánLage
Cierto; ahí fue donde lo leí; al pricipio de nuestro contacto, tú me proporcionaste el enlace y, no solo leí el cuento, sino también los excelentes comenterios de tus amigos.
Un abrazo, Marco.
Guillermo Llorentinus
Me ha gustado. Soy aficionado a la ciencia ficción y se nota la buena calidad del relato. Un saludo
Marco-Antón
No es habitual que escriba ciencia-ficción, tengo otro que escribí hace años sobre el aislamiento que produce la tecnología, y ahora casi estoy asustado porque se está cumpliendo.
VIMON
Muy buen texto de ciencia ficción, Marco. Saludos con mi voto