Samuel

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Por razones familiares, este establecimiento permanecerá cerrado por tiempo indefinido”.

Así decía el cartel que me encontré aquella tarde en la puerta de la peluquería adonde siempre había llevado a mi madre.

-“¿Y ahora qué hacemos?”, exclamé, más preguntándome a mí mismo que preguntándole a ella.

-“Ir a otra”, dijo; “¡lo que faltan son peluquerías en el pueblo!”

-“Sí, pero, ¿a cuál? ¿Conoce usted alguna?”

-“No, pero qué más da una que otra; todas hacen lo mismo”.

-“¿Le parece bien ‘la Suiza’? Es a la que suele ir Rosa, y no hay que pedir vez”.

-“¿La Suiza? Pues, vamos; no he ido nunca, pero he oído hablar mucho de ella”.

Y por el camino me fue contando su historia.

-“Si es la que yo pienso, esa tal ‘suiza’ es la nieta de Samuel, el del Batán”.

-“Ni idea, dije yo; ni sé de quién es nieta, ni quién es ese tal Samuel, ni dónde está el Batán”.

-“¿Cómo no vas a saber, si del Batán era mi madre, tu abuela Juanita?”

-“Sí, pero yo nunca estuve en ese pueblo”.

Yo, no; pero ella, sí. De joven había pasado allí largas temporadas ayudando a los abuelos en las tareas de la casa y del campo.

-“Samuel era de mi edad, siguió diciendo. ¡Cuántas veces coincidimos juntos en el monte! Cuando mis padres decidieron que yo no volviese con los abuelos, pasé mucho tiempo sin saber de él. Después de la guerra se casó; tuvo un hijo y, cuando éste ya era grande, se fueron a Suiza. Allá su hijo se casó, pero, al quedarse él viudo, se vinieron todos, y la nuera montó aquí una peluquería, que mantuvo hasta que, hace poco, se jubiló y se la dejó a la hija, que es nieta de Samuel. Yo nunca fui a ella, porque tu padre decía que allí no había dónde parar el coche, pero creo que era buena peluquera”.

Hizo una larga pausa, y continuó:

-“Samuel se encerró sólo en el Batán y allí sigue viviendo. Creo que es la única persona que queda en el pueblo. Y, tras otra pausa, añadió: he oído decir que ya no le dejan quedar allí de noche, pero sigue yendo todos los días a cuidar un huerto y algunas gallinas que aún tiene. Mientras pudo, fue con su coche, y ahora, lo llevan por la mañana y, por la tarde, lo van a buscar”.

Mientras esperaba a que la peluquera le cortase el pelo tomé una revista para entretenerme, pero las palabras de mi madre, reapareciendo una y otra vez, me impedían centrarme en la lectura; y, como por ensalmo, mi fantasía se vio transportada en el tiempo, recreando las andanzas de aquellos dos jóvenes en aquel pueblo apartado; sus miradas furtivas; sus encuentros no siempre fortuitos; la soledad en el monte, el hervir de la sangre. Y, como una revelación, ante mis ojos apareció nítida la sospecha de que acababa de descubrir el primer amor de mi madre; un amor de adolescente, cuyo rescoldo, ochenta años después, aún se mantenía vivo, y que bien pudo haberme condenado a mí para siempre al silencio de la inexistencia y de la nada. Y en mi mente comenzó a surgir con fuerza el deseo de saber cuál había sido la circunstancia que, en su día, llevó a sus padres a no permitirle volver a casa de sus abuelos. Posiblemente, si el destino no hubiese propiciado aquella circunstancia, ni la nieta de Samuel estaría ahora cortándole a ella el pelo, ni yo escribiendo esta historia.

Vila Praia de Âncora, 6 de Agosto de 2017.

 

Comentarios

  1. LOUE

    11 enero, 2018

    Me encantó Germán, tiene una facilidad exquisita en transportar al lector. Es admirable como hace parecer sencillo escribir tan bien!
    Un cordial saludo,

    • GermánLage

      11 enero, 2018

      Gracias, Louise. Admirable es no solo tu poesía sino también tu prosa, que acabo de descubrir.
      Para ti mi cordial saludo.

  2. Sosias

    11 enero, 2018

    Un bonito recuerdo que en estos momentos emociona más. La naturalidad con que lo expresa lo hace tierno y muy amoroso.
    Me encanta el tratamiento ¿Conoce usted alguna?
    Seguramente mucha gente no sabrá que a los padres se les sigue tratando de usted en algunos sitios – muy pocos- de esta nuestra tierra.
    Un abrazo fraternal, y una oración.

    Saludos y mi voto.

    • GermánLage

      11 enero, 2018

      Gracias, Sosias; de tu comentario se desprende que estás al corriente del por qué de esta publicación hoy. Sí; es un homenaje a la que antes de ayer se fue.
      Un fuerte abrazo.

    • GermánLage

      11 enero, 2018

      Gracias, Tiento; es para mi un honor recibir tu comentario.
      Un cordial saludo.

    • GermánLage

      11 enero, 2018

      Gracias, Zayra, por tu comentario. Celebro que te haya gustado.
      Un cordial saludo.

  3. Estefania

    11 enero, 2018

    El primer amor que cala en las almas….evocaciones en la vejez de toda una vida. Me encantó este pasaje, Germán. Espero leerte más. Tan enternecedor….dicen eso de que el primero puede no ser el mejor, pero siempre será único, puesto que ninguno más podrá ser el primero. Pues eso.
    Un gran abrazo, amigo.

  4. Mabel

    11 enero, 2018

    ¡Maravillosa historia! Un abrazo Germán y mi voto desde Andalucía

  5. Esruza

    12 enero, 2018

    Me encanta la forma de contar las reminiscencias, y más si vienen de una madre.

    Saludos y mi voto.

    • GermánLage

      12 enero, 2018

      Gracias, Edruza? Por tu amable comentario.
      Un cordial saludo.

  6. Luis

    12 enero, 2018

    Un abrazo y mi voto, Germán, estupendo texto!

    • GermánLage

      12 enero, 2018

      Gracias, Luis, por leerme una vez más y por tu amable comentario.
      Un abrazo.

  7. veteporlasombra

    12 enero, 2018

    Me transmite nostalgia ajena: el paso del tiempo, los cruces de caminos que atravesamos en la vida, lo que pudo ser y lo que resultó siendo, lo íntimo de cada cual… Me ha gustado bastante. Un saludo, Germán, ya he amortizado la mañana 😉

    • GermánLage

      12 enero, 2018

      Hola, Miguel Ángel; gracias por haber leído esta pequeña historia y, sobre todo, por tan generoso comentario. Espero poder pronto ser yo quien amortiza mi tiempo leyendo tu novela.
      Un fuerte abrazo.

  8. Manger

    12 enero, 2018

    Este tipo de textos tan amablemente íntimos y analíticos son los que me causan mayor respeto; si a esto se le añaden un saber redactar ilustrado condensado en unas pocas y enjundiosas frases, pues… genial, querido tocayo. Un fuerte abrazo.

    • GermánLage

      12 enero, 2018

      Gracias, tocayo, por leerme una vez más y por tan elogioso comentario.
      Un fuerte abrazo.

    • GermánLage

      12 enero, 2018

      Hola, Terminus; celebro que te haya gustado mi pequeño relato, y gracias por leerme.
      Un cordial saludo.

  9. Sebastian Hoyos Zapata

    12 enero, 2018

    Muy buena historia. Se nota que llevas bastante tiempo en esto de la escritura. En cada linea se puede ver la experiencia. Un saludo desde Colombia, Germán.

    • GermánLage

      12 enero, 2018

      Gracias, Sebastián, por leer mi pequeña historia y por tu amable comentario.
      Un cordial saludo.

  10. Lourdes

    13 enero, 2018

    Querido Germán. Me ha encantado tu historia, como siempre. Me ha recordado a mi madre que de vez en cuando me sorprende con historias parecidas y personas que a las que conozco sólo de vista o que he cruzado alguna que otra frase con ellas, de repente se convierten en personajes principales de una novela. Hay historias increíbles que nunca saldrán a la luz y personas más increíbles aún pero que nunca sabremos que lo son o lo fueron porque nadie nos contó su historia. Ahora Samuel, la Suiza y tu propia madre se han convertido en protagonistas de una pequeña historia que muchos hemos tenido la suerte de conocer. No será una de esas historias calladas y es muy emocionante!!!
    Gracias por compartirla.
    Un abrazo

    • GermánLage

      20 enero, 2018

      Cierto, Lourdes; mientras alguien siga leyendo esta pequeña historia, sus protagonistas continuaron existiendo, incluso mi madre, a la que enterramos el pasado día nueve, y a la que, con esta publicación, he pretendido rendir mi homenaje póstumo.
      Un abrazo, Lourdes

  11. GermánLage

    14 enero, 2018

    Cierto, Lourdes; mientras alguien siga leyendo esta pequeña historia, sus protagonistas continuaron existiendo, incluso mi madre, a la que enterramos el pasado día nueve, y a la que, con esta publicación, he pretendido rendir mi homenaje póstumo.
    Un abrazo, Lourdes.

    • GermánLage

      17 enero, 2018

      Gracias, Patricia, por leerme y por tu amable comentario.
      Un cordial saludo.

    • GermánLage

      19 enero, 2018

      Así es, Ginimar; en realidad, cada uno de nosotros es fruto de una cadena infinita de casualidades.
      Un cordial saludo.

  12. Vladodivac

    20 enero, 2018

    Permíteme amigo @germanlr , sumarme a los amigos que han valorado tu micro, coincido en cada una de las razones que aportan al hacerlo, pero sobre todo esa amiga guapa de la tristeza que es la nostalgia.
    Un gran abrazo Germán.

    Semper Fidelis

    Joaquin.

    • GermánLage

      20 enero, 2018

      Gracias, Joaquín, por leerme una vez más y por tu amable comentario.
      Un abrazo.

  13. Lady Hawk

    23 enero, 2018

    Que breve y conmovedora historia. A mi madre también le gusta recordar y contar historias, varias veces le he dicho que las escriba, ya que muchos de los protagonistas han muerto y cuando ella muera esos relatos se irán con su memoria, un abrazo desde Puerto Rico!

    • GermánLage

      24 enero, 2018

      ¡Puerto Rico! Preciosa isla en la que he pasado excelentes momentos visitando a uno de mis hijos que vive ahí.
      Gracias, Lady Hawk, por leer mi pequeño relato y por tu amable comentario.
      Un cordial saludo.

  14. Ignorant.Walking

    1 marzo, 2018

    Muy elegante. Un detalle, sin más… y toda la nostalgia del mundo.
    Me ha encantado. ¡Qué gusto da leer lo que escribes!

    • GermánLage

      1 marzo, 2018

      Gracias, Ignorant.Walking (aunque creo que mejor te cuadraba Inteligent.Walking) por haber leído mi pequeño relato y por tu generoso comentario.
      Un cordial saludo.

  15. PBIEDMA

    14 marzo, 2018

    Genial, por unos instantes me he trasladado al lugar. Saludos

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