Después de una avalancha de criaturas resplandecientes cayendo sobre mi cabeza, cerré el cuaderno.
La ciudad tiene la piel áspera y quemada. Me quito los zapatos, despacio, para sentir el pulso del pavimento en mi cuerpo cansado. Llego hasta la avenida 53. Me detengo frente a la vitrina llena de instrumentos musicales. Mis ojos los acarician, desbocados. Tomo una larga bocanada de aire que me atraviesa violentamente el pecho, canta dentro mío. El saxofón plateado finalmente llegó. Entro…




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Luis
Hay que tomar tierra para adentrarse en las ilusiones personales, muy buen relato, Dreyer. Un abrazo y mi voto!
LOUISE
Me encantó, un excelente relato
Saludos!
Nelo
Un micro para apasionados de la música. Bien expresado.