La angustia, el dolor, la euforia, el clímax. Algunas de las sensaciones que nos vuelven visibles. La intensidad, esa que nos empuja a expresarnos en instantes, impregnando momentos con nuestra presencia. Emociones que nos deparan estampas en el flujo del Tiempo, que almacenamos a buen recaudo en la consciencia. Y a menudo las aderezamos con percepciones sutiles de los sentidos secundarios.
Tan solo somos presencias manifiestas durante cortos periodos de apogeo, y que sucumben a la serenidad de la ínfima excitación rutinaria. Pues la calma cede al silencio existencial, diluyéndonos en el olvido.
Y así es como nuestras vidas pueden condensarse en un compendio de álgidas instantáneas que divagan entre pensamientos. Momentos relevantes que a menudo decantan decisiones, basándose en la irracionalidad de su origen.
Aquella relación especial, aquél día perfecto en la playa o el acecho de un evento traumático. Pilares sobre los que se elevan juicios superiores a los que atenernos, y que a su vez inspiran y generan ideas recicladas. Pues quizá, el principal objetivo de nuestra conciencia es reutilizar momentos importantes que hemos vivido, en mayor o menor medida.
Y nos maravillamos, cuando de forma inesperada, gracias a una evocación perceptiva secundaria que funciona a modo de interruptor, se desata todo un torrente de sensaciones rememoradas. Sensaciones que agitan nuestro ser, reavivando principios que hemos construido encima del recuerdo original, infundando planteamientos novedosos y sueños que alcanzar.
Frágil ilusión la de nuestro profundo mundo interior, que algunos atribuyen a entes superiores. Yo solo veo un compendio de recepciones químicas procesadas por organismos, seres que luchamos por interpretarnos a nosotros mismos de éste modo, que nos proporcionamos objetivos que perseguir.
Aún así, perseguir sueños elaborados a raíz de vivencias tampoco está tan mal. Aunque, tampoco conozco una alternativa.





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Viajero en el Tiempo
Gracias por pasarte Mabel.
Un abrazo.
Luis
Hermoso texto, con una retórica casi de ciencia ficción, en el lenguaje, un abrazo Viajero, y el voto diez!
Viajero en el Tiempo
¡Muchas gracias Luis!
Un honor tenerte como lector, un abrazo.
angrey
genial relato.