Cumbres

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C U M B R E S

 

Cumbres…Cada una tan elevada que ha dejado abajo, abandonada en la tierra que ya no es de esta realidad, la montaña que era suya y sobre la que se ha ido irguiendo hasta aparecer en este otro mundo.

Hay tantas, separadas casi desde la tierra pero unidas en esta aparición; que semejan de lejos un bosque encantado, pétreo y erizado hacia el cielo; aunque las cimas de las más cercanas parecen llanuras. Y éstas, aparentemente, yermas; hacen saltar, extrañamente, un deseo de vivir en lo que hay aquí –aunque, todavía, permanece oculto- a un hombre que ya parece tenerlo…

…Deseos de vivir, algo oculto en el lugar, gozo de lo que hay: pero, ahora, sólo se están realizando el anhelo y su música;… una melodía que lo ha despertado o un querer que la ha cantado. Aunque el hombre que ve esta realidad –sintiendo su cuerpo, su alma y su mente embelesados en este vivir- y la canción –desgranando sus notas- continúan en lo que brotó como un ensueño…

Pero, nada cierto está llegando: el sueño no dice más que antes, esta realidad no se abre, el anhelo y la melodía solamente parecen jugar y jugar; y, así, pronto vendrá el cansancio para el hombre y el desaparecer para la música…

…Y ahora, ahora llegan…Un último acorde se ha deshecho en sus sonidos y éstos se han unido al sonar del silencio; y, el hombre se ha quedado vacío de sentires que no encuentran lo que buscan.

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Todo, ya, parece haber desaparecido; aunque no, en la realidad ensoñada. El lugar está, al menos, en la mente del hombre; la música solamente ha dispersado sus notas rompiendo su cantar; y un sentir que no busca mas que consuelo sigue estando. Pero, ahora, cada uno permanece aislado; en su quietud, en su mudez, o en su recogimiento.

…Es el hombre, algo suyo que no desiste, quien hace renacer la música, en una melodía que, ahora, no embriaga de alegría o gozo…Y se rompe la soledad de todo…: del querer, del canto y del lugar, aún en él.

…Las notas se dejan llevar por el deseo del hombre –que no se ha extinguido o aquietado-; y se engranan en una armonía que juega con el anhelo;   y lo sigue en su engaño de gozo, en sus búsquedas frustradas, en sus esperas inútiles; porque, ahora, la música no es sino lo que crea el querer del hombre; en tanto que el lugar sólo sigue en su mente.

…Otro último acorde –aunque vuelve una y otra vez a empezar la melodía- sin ningún encuentro; otra y otra reinsistencia del vivir del deseo; notas que se rompen en una disonancia; y…

…De pronto, el anhelo y la música dejan de estar en el hombre y delante suya –como si sus propios ojos la estuvieran viendo- aparece la imagen de una de las cumbres.

Las otras y el resto del paraje han desaparecido o se han ocultado; pero, la más cercana es tan real que todo su ser la siente cerca.

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La cima es una llanura –tal como fue su visión- extensa, mesetaria y fondeada de bosques; pero lo que busca, sobrecoge y tira del hombre; está en un paraje que no deja ver mas que eso, y, al que –extrañamente- se está acercando.

Está desierto; aunque ni la tierra es un suelo arenoso, ni el aire está sembrado de polvo; sino dura, compacta y húmeda, como si fuera de piedra, una; y limpio, claro y ligero, otro. Y, ahora, lo que podía recordar bosques, ladera y cumbre, no parece existir; solamente, un hombre y una inmensidad, y, algo que los une…

Pero lo que antes vió como un paraje, un lugar preciso en la meseta, no es sino el sitio al que llegó; porque todo es la misma tierra, el mismo aire, la misma claridad desnuda de luz alcanzando a todo el horizonte…

El hombre está solo y perdido, pero llamado –o alucinado- por algo. Y esto es lo que hace que eche a andar, sin saber hacia dónde. El hombre se mueve…

…Sólo ha sido un movimiento; y el hombre, de pronto, se queda quieto…;porque su mente lo detiene.

Son pensamientos, que nunca había tenido, los que lo hacen; y, sin entenderlos claramente, comprende que no necesita moverse o esperar más, aunque hasta ahora es lo que ha hecho.

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…El lugar, empieza a abrirse en su torno como si desapareciera este espacio; y su vacío avanza en sí mismo. Y en el hombre, la sensación –también, nunca sentida- de que toda su vida está aquí, emerge de su conciencia.

Y ya, ni espacio, ni tiempo, ni melodía, ni anhelo…

Sólo, su conciencia –todavía –presente que va llegando a otra de siempre; y un sentir sobresaltado por ello;…dejando de sentir sus cuitas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Sosias

    1 marzo, 2018

    Es verdad,para mi tienen un sortilegio las cumbres. Aunque por esta parte no son muy altas, si lo suficiente para sentir esa comunión con Dios. Cuando estás allá arriba sientes ese engranaje de armonía y libertad, esa sensación de que cuanto más subes,mas extenso es tu conocimiento como persona,y cuan pequeño eres como ser humano.
    Saludos y mi voto.

  2. Mabel

    2 marzo, 2018

    Muy buen Cuento. Un abrazo Jose Luis y mi voto desde Andalucía

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