Doble o nada

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Hoy vino Satanás a verme, a ofrecerme las posibilidades de una vida de vicios y desenfreno hasta el día que me muera, lujo y mujeres cuantas quiera, banquetes, viajes, exquisiteces, una vida de dios griego, a cambio de una minucia, mi alma inmortal, ser dueño de mi espíritu cuando este abandone mi cuerpo. Estaba a punto de aceptar pero…

La oferta era muy tentadora, mas yo pensé. Si llevo el tipo de vida que me propone este demonio pronto estaré acabado, enseguida mi cuerpo pedirá tierra arruinado por el alcohol, las drogas, las mujeres, el fornicio, la vida nocturna, el jet-lag y las demás ventajas de la buena vida. Tengo un alma de tahúr que enseguida encontró un retorcido camino para salir del dilema.

Lucifer, como buen tratante de almas perdidas, también era un jugador y yo estaba a punto de proponerle una apuesta que no iba poder rechazar.

Doble o nada.

Si era capaz de sacar tres veces seguidas figuras dobles con los dados, él me daría la vida prometida sin nada a cambio, y si no lo conseguía, entonces le entregaba mi alma allí mismo, total, si no podía vivir a tope, tampoco me servía para nada.

Fui a buscar mis dados de la suerte, esos que uso cuando vienen mis compañeros a jugar a mi casa, los mismos que llevo en el bolsillo cuando voy a las casas de otros, para que me den “suerte”.

La partida comenzó. Primero un seis doble. El Diablo parecía contrariado. Luego otro.

Satanás sonrió y me dijo.

-Sabe más el Diablo por viejo que por diablo. Eso dados son más falsos que las promesas que yo hice a Jesús de Nazaret al pie de la cruz cuando le pedía que me adorase. La última jugada la vamos a hacer con una baraja, a ver quién saca la carta más alta.

Y dicho esto, puso una baraja encima de la mesa y me indicó que las comprobase y las barajase. Las examiné con cuidado, no puede uno fiarse de los demonios, son muy tramposos. Luego las baraje al estilo de los profesionales, como si estuviese haciendo un casting para una película de vaqueros, los años de casinos por el país y el extranjero habían dejado una honda huella en mí. Las puse de nuevo en la mesa, Lucifer corto y me indicó que levantase yo primero. Independientemente de mis dados de la suerte, yo siempre he sido un hombre afortunado en el juego y cabrón en amores, así que no tuve dudas y levanté la primera carta del montón, sin miedo, con decisión. ¡La reina de corazones!

Tendría que sacar un rey o un as para ganarme. Belcebú me miró de soslayo y rio maliciosamente mientras levantaba pausadamente la siguiente carta del montón, la siguiente a la que yo había cogido.

¡Que el diablo me lleve! Como es posible que siendo una baraja francesa este ángel caído consiga sacar… ¡un as de bastos!

 

 

Comentarios

  1. GermánLage

    30 marzo, 2018

    ¡Y te llevó, claro! Eso te pasa por “jugar con el diablo”.
    Un cordial saludo, Marco.

  2. Mabel

    30 marzo, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo Marco Anton y mi voto desde Andalucía

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