Al primero lo encontré en la ventana de la cocina, entre el cristal y el mosquitero, y me pareció que estaba herido o muerto porque no se movía. Aunque me producía cierta repugnancia, me dio lástima verlo en ese aprieto y levanté el vidrio de la ventana para ver si podía hacer algo por él. Siempre he sido muy afecto a los animales, porque me parecen más fieles y nobles que cualquier ser humano.
El murciélago, gris y ligeramente peludo, de unos 25 centímetros de envergadura, al sentirse liberado lanzó un agudo chillido y entró volando a la cocina moviendo las alas con gran escándalo. Intenté ayudarlo para que saliera al exterior y recobrara su libertad, pero a cada paso el intruso se adentraba más en mi departamento. Lo perseguí por todos lados, haciendo ruido con un periódico para ahuyentarlo, pero solo logré que se escondiera. Como se hacía tarde tuve que salir de prisa a la oficina, pero cuando regresé por la noche lo encontré colgado, patas arriba, de los flecos del cortinaje de la sala.
Luego vi que estaba acompañado, y que no eran dos sino tres los murciélagos que habían tomado posesión de mi departamento. Volví al ensayo de espantarlos con un periódico y tan solo conseguí que volaran enloquecidos por toda la habitación, produciendo ese chillido horrible que me taladraba los nervios y haciendo gran ruido con su escandaloso aleteo. Aquello parecía un verdadero aquelarre de pequeños demonios voladores. Después de un par de horas de corretearlos y lanzarles periódicos y revistas quedé completamente exhausto y me di por vencido. Me fui a dormir sin cenar y con la incógnita de cómo habían logrado entrar los otros dos murciélagos, porque yo había tenido la precaución de cerrar todas las ventanas de manera muy hermética.
Temprano busqué al día siguiente, en la guía telefónica, un experto en esta clase de menesteres, después de comprobar que los murciélagos ya eran ocho. Habían entrado otros cinco durante la noche y estaban todos colgados de la misma cuerda de la cortina: parecían una guirnalda navideña, sólo que gris y peluda. Los exterminadores de plagas que logré contactar me contestaron todos que no manejaban este tipo de invasiones caseras, porque sus especialidades se restringían a insectos o pequeños animales rastreros, como hormigas y cucarachas, o máximo ratones comunes, pero nada que ver con los ratones voladores.
Por Internet pude investigar que hay una enorme variedad de murciélagos, desde herbívoros hasta insectívoros, y en cuanto al tamaño, los hay desde diminutos, que no miden más de diez centímetros con las alas extendidas, hasta los llamados “zorros voladores”, que llegan a tener el tamaño de un perro pequeño y cuyas alas desplegadas alcanzan una envergadura de dos metros de largo. Sin embargo, los más temidos por el hombre son los hematófagos o sanguívoros, mejor conocidos como vampiros, cuyos largos y puntiagudos colmillos causan verdadero pánico. Me fui a la oficina seriamente preocupado, pero no quise comentar nada, por temor a la burla de los compañeros.
Al regresar por la tarde, como ya estaba oscureciendo, los murciélagos habían tomado total posesión de mi hábitat: ya no podía contarlos, pero sumaban más de ochenta. Estaba claro que era una gavilla completa la que había decidido mudarse a mi departamento, y a mí no se me ocurría qué otra cosa hacer para sacarlos de mi aposento, que ya olía peor que una caballeriza.
Aquí debo confesar que los murciélagos no me producen temor alguno. Desde niño soy muy aficionado a los cuentos y las películas de vampiros, que desde el siglo XIX –con Bram Stoker a la cabeza– florecieron en la literatura y el cine universales; pero su creciente presencia en mi casa, en mi refugio privado, no dejaba de preocuparme.
Esa misma noche me retiré a dormir pensando en que seguramente habrían entrado por la chimenea, cuyo tiro dejé abierto por descuido durante todo el verano. Un poco burlándome de mi situación, al abandonar la sala les solté un “Buenas noches”, sin reparar en que estos animalitos duermen todo el día y cazan de noche. Su reacción fue tan ruidosa como inesperada: todos empezaron a chillar como enloquecidos, tal como si mi despedida les hubiera resultado inoportuna u ofensiva. Por fortuna pronto se callaron.
Al poco rato volví a escuchar ruidos en la sala y pretendí ignorarlos para no perder el sueño. Logré hacerlo hasta que me pareció escuchar gritos humanos pidiendo auxilio en forma desesperada. Me levanté presuroso y lo que vi en aquella habitación es algo que la misma policía no me creyó y que el juez y los jurados consideraron una fantasía de mi parte: dos sujetos que habían entrado con el claro propósito de cometer alguna fechoría estaban siendo fieramente atacados por la parvada de murciélagos.
Aunque traté de defenderlos espantando a los bichos voladores con gritos y aspavientos, en cuestión de segundos concretaron su ataque dejando a aquellos pobres sujetos sin una gota de sangre en el cuerpo.
Invocada por los vecinos, a raíz del escandaloso ruido, la policía se presentó muy pronto, pero cuando quise señalar a los murciélagos como los verdaderos responsables de aquella masacre caí en cuenta de que ya no estaban. Ni uno. Todos habían desaparecido, de la misma sigilosa manera como antes llegaron…





Mabel
¡Impactante! Un abrazo Vicente y mi voto desde Andalucía
VIMON
Muchas gracias, Mabel. Un abrazo.
Patricia A Galeano
Muy buen relato, Vimon. Espero no encontrarme con alguno!!! Abrazo!
VIMON
Me alegra que te haya gustado, Patty. Gracias por leer y comentar. Un abrazo. .
Esruza
¡Qué relato tan bueno Vimón, qué imaginación la tuya!
Mis felicitaciones y mi voto
VIMON
Mil gracias por esos comentarios tan estimulantes, amiga. Un abrazo.
Penélope
Inquietante…Me ha encantado tu micro, Vimon. Un abrazo.
VIMON
Que bueno que te gustó el relato, Penélope. Muchas gracias por pasar y dejar tus amables comentarios.
GermánLage
“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Ni Hitchcock, en “Los Pajeros”, lo hizo mejor. Enhorabuena.
Un cordial saludo, amigo Vimon.
VIMON
Muchas gracias, Germán, por esos comentarios tan estimulantes como inmerecidos. Un gran abrazo.
Sosias
Gran relato, Vimon.
saludos y mi voto
VIMON
Muchas gracias, Sosias. Saludos.
Lady Hawk
Tus relatos me causan ansiedad, pero de la buena, en la medida que leo, me intriga mas y mas el desenlace, un abrazo y mi voto.
VIMON
Pues esa es la idea, Lady Hawk, mil gracias por detenerte a leer y comentar. Un abrazo.
Gemma
Me siento identificada con tu relato, también me encuentro de vez en cuando espantando murciélagos por la casa. Me ha gustado la historia de tus intrusos alados. Un saludo
VIMON
Gracias, Gemma, por tus comentarios, pero te diré que el relato es pura ficción. En la realidad yo nunca he visto a esos animalitos. Saludos.
Beatriz-Alvarez-Tostado
Muy buen relato VIMON, de inicio al impactante y terrorífico final. Mi voto aunado a un regio abrazo.