Mis recuerdos. Una misiva al pasado

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21 de marzo, 2018

 

MIS RECUERDOS – UNA MISIVA AL PASADO

Sólo escribo por escribir, escritora y poeta no soy, lo he dicho muchas veces, y trabajo me da plasmar ideas que van y vienen, a veces repetitivas. Por lo tanto, hoy escribiré sobre los recuerdos, recuerdos importantes de mi pasar por este camino que se llama vida, en forma de misiva para quien originó mis recuerdos más entrañables, aunque no la lea.

No tengo recuerdos materiales de ti, sólo una vieja y arrugada carta que se desdibuja de tanto leerla y una tarjeta, bueno, también unos cuadros que adornan mi estancia, realizados por tu amigo el pintor, pero no fueron obsequios, simplemente yo los escogí y cada que los veo las memorias de otros tiempos vienen a mí. En ese tiempo me quedé, para mi mal no me moví. No me importa no tener recuerdos materiales porque tengo muchos recuerdos buenos del tiempo en que te conocí, muy diferente: afable, alegre, entusiasta, decidido y emprendedor, de carácter fuerte, poco tolerante, muy inteligente y…poco solemne, solías decir, también conquistador. Siempre te admiré y, dicen por ahí que de la admiración nace el amor, realmente no lo sé.

Tu paso por este sendero, que es la vida, te dejó pérdidas traumáticas que te hicieron solemne y hermético, yo también las sufrí y muy fuertes, pero me volví lo contrario; tenía que continuar con el sueño material logrado, era necesario y… me olvidé de vivir.

Te conocí por Los Campos Elíseos, en México, en asuntos de negocios. Curiosamente no me queda claro cómo y en qué circunstancias exactamente. Cuando te vi, no pasó nada, no llamaste mi atención, eso vino después, con el trato diario, en la lucha ardua por conseguir lo que teníamos qué conseguir, un caso casi perdido, fue como revivir un muerto, lo sabes.

Conjuntamente libramos la batalla por una meta, y digo meta porque el sueño no era nuestro, y lo logramos. Eso te dio las armas para lograr tu propio sueño material, que continúas con alguien más, no conmigo. Me gustaría pensar que no hubo “convenciones” en ello, me dolería. Yo seguí mi camino en el mismo sitio, que se convirtió en mi sueño material realizado, pero debido a la traición, la envidia, etc. y mi falta de visión y exceso de confianza, terminó intempestiva y catastróficamente, sin casi darme cuenta.

De ese tiempo guardo mis mejores recuerdos de emociones tan intensas que me tocó vivir y que llevaré siempre conmigo, aunque tú, no las recuerdes más. Te amé profundamente, como a nadie, no estoy segura de si me amaste tú, pero no importa, porque ese sentimiento lo llevo conmigo. Me estacioné, me congelé, como dicen por ahí y no culpo a la vida, me culpo a mí por no luchar, pero no quiero hablar de culpas, sino de recuerdos y esos recuerdos son lo mejor que me pudo suceder, lo mejor que me dejaste.

Ahora, estás tan lejos de mi vida, distancia emocional y territorial. Ya no tienes recuerdos, bueno, tal vez uno que también puede que sea más importante para mí que para ti, pero me hiciste conocer el verdadero amor que dejó una huella imborrable en mí, además de otras cosas. Tal vez éstas reacciones no sean muy comunes, no soy muy común. Lejos, muy lejos estás ya de mi vida y de tus emociones y sentimientos y, duele, duele de verdad. Hay rencor y resentimiento, ya no hay amor y, si lo hubiera, lo cual es imposible, nunca lo dirías, “la distancia lo difumina todo”.

Se dice que “el rencor es un veneno que das a otros, pero que te mata a ti” ¿por qué tiene que ser así? Haz cambiado mucho, eres más preparado, tu lucha fructificó y me congratulo por ello, eres un hombre de mundo, muy serio y solemne; yo también he cambiado, pero los sentimientos en mí no cambiaron, ni cambiarán. Si de algo soy dueña es de mis sentimientos, emociones y recuerdos, ésos nadie me los puede quitar, ni tú, ni la distancia. Sólo queda el dolor de no verte más, ni aquí ni “allá”, el sueño más deseado sin cumplir, aunque los años nos hayan dejado sus marcas físicas y morales. La lucha por lograr algo nos unió, el deseo cumplido de lograr tu propio sueño nos alejó, o tal vez fueron otras cosas. Ahora sólo quedan conmigo los recuerdos, apasionados y dulces recuerdos que no he de olvidar.

He aquí mi “relatoría”, GRACIAS POR LOS HERMOSOS RECUERDOS.

Comentarios

  1. Gian

    27 marzo, 2018

    Me fascino tu relato. A veces los recuerdos pueden ser tristes, pero, son esos “recuerdos” los que nos hacen fuertes. Otras veces esos recuerdos ahora tristes en un tiempo atras fueron hermosos aunque solo durara un corto tiempo. Y solo por eso ya vale la pena conservar esos recuerdos.
    En serio me ha gustado tu relato. saludos y mi voto.

    • Esruza

      30 marzo, 2018

      Gracias por leer Gian.

      Un abrazo

  2. Mabel

    27 marzo, 2018

    Todos escribimos por algo, algo que nos incentiva para poder llevar mejor la vida, una vida llena de complicaciones en las cuales estamos metidos. Por eso el recordar y plasmar los sentimientos te ayuda a moverte mejor a saber llevar las cosas y verlas desde un punto de vista diferente. Los recuerdos siguen ahí, no se van, están dentro de nosotros, por eso algunas veces esos recuerdos nos duelen tanto que no sabemos como calmarlos. Pero ahí está todo forma parte de nosotros y parte de algo. Un abrazo Estela y mi voto desde Andalucía.

    • Esruza

      30 marzo, 2018

      Sí, Mabel, en cada cosa que escribimos dejamos algo de nosotros mismos, aunque la historia no sea nuestra,
      todos tenemos recuerdos, recuerdos que nos hacen vivir.

      Un saludo y gracias por el voto

  3. LUIS_GONZALEZ

    28 marzo, 2018

    Los recuerdos son señaladores en ciertos capítulos de nuestras vidas. Mi voto

  4. Seba Briceño

    30 abril, 2018

    los recuerdos deberían ser siempre escritos, es nuestro libro que dejamos
    un gran espejo del tiempo que solo nosotros sabemos
    muy bonito tu texto
    saludos

  5. GermánLage

    30 abril, 2018

    Si es verdad que uno no muere del todo mientras haya alguienalguien que le recuerde, también lo es que el pasado propio sigue vivo mientras perdure en nuestro recuerdo. Muy entrañable tu relato, Esruza; tal vez el mejor que he leído tuyo.
    Un cordial saludo.

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