La noticia se había difundido a las ocho en punto del ocho de marzo. Solo una cadena de televisión permanecía en activo, y se confirmó oficialmente la hora exacta del fin del mundo, previsto para el cabo de doce horas. Detrás del compungido locutor, la imágen del gigante meteorito en camino era más que suficiente, y solo quedaba por informar de que el impacto sería similar a una bomba atómica, por lo cual quedaba el consuelo de que la muerte de los seres vivos sería rápida, quizás instantánea.
Alberto apagó el televisor y abrió la ventana, quedando inmóvil observando la mañana azul que parecía ajena a la catástrofe que se avecinaba. LLamaron a la puerta, como temía era su amigo y vecino Víctor. Se abrazaron sin mediar palabra y Alberto sirvió dos whiskies con hielo, mientras Víctor se sentaba pesadamente en el sillón.
-¿Sabes que voy a hacer amigo Alberto? tomó un breve sorbo, mientras agarraba con firmeza el vaso – voy al puerto y parto con el velero, no quiero que el final me pille sentado llorando en casa, ¿y tu? – lo miró con la mirada perdida, sin que pareciera importarle en demasía una respuesta.
-No sé, ahora mismo compartir contigo esta copa, después ya veremos.
Recordaron entre sonrisas, mientras apuraban sus vasos, los episodios de juventud que les unieron en una sincera y valiosa amistad. Alberto le preguntó por sus hijos mayores, y Víctor le comentó que el día anterior ya se habían despedido por teléfono. Víctor se levantó, debía preparar su bolsa para no demorar su partida en velero. Se abrazaron profunda y largamente, sintiendo ambos hombres el valor de la amistad en el silencio, el peso de un cruel vacío en su última despedida.
Alberto respiró hondamente, era extraño y apabullante saber que su amigo era el último en verle con vida. El día anterior había hablado con su padre, que entre sollozos se negaba a aceptar el abandono de su esposa. La madre de Javier decidió marcharse a vivir los últimos días con su mejor amiga Inés. Su padre se refugió en el dolor del repentino e inexplicable abandono, y Javier prefirió no consolarle; seguramente le era menos doloroso maldecir la sorprendente y velada infidelidad de su mujer que enfrentarse a su cercana e irremediable muerte.
La soledad, a quien debía una vida dedicada a la poesía, era ese día irónicamente distinta, tenía el sabor profundo y amargo de un café, el aroma de miles de recuerdos atrapados en un enigmático instante. En los últimos días había dejado apartadas sus cuartillas en blanco para intentar hacer balance de su existencia. A pesar de que sus poesías eran admiradas, y gozaban de un público muy selecto que valoraba su extensa obra, y su capacidad para plasmar los sentimientos humanos con gran talento, él siempre dudaba.
Temía que su vasta cultura literaria y su habilidad en la composición de versos, solo hubiera sido un medio de vida. En ocasiones sus poesías superaban sus expectativas y creía no verse reflejado en ellas, lo cual imprimía un gesto triste y amargo en su mirada. Tenía tal devoción por la buena literatura que en ocasiones creía insultante su innata facilidad, que atribuía a su imaginativo y atribulado juicio; enmascarando con genialidad un oficio, sin que hubiera llegado nunca a ser verdadero arte.
Ahora su amigo partía a bordo de su estimado velero. Su madre se liberaba de sus miedos, y emprendía un viaje sin vuelta. Y él seguía en su apartamento, como si nada fuera a suceder, y le sorprendía no sentir como ellos algo diferente; que le empujara a huir, a revelarse o simplemente a enojarse como su padre.
Normalmente no le era difícil escrutar en sus sentimientos, desgranarlos y abordarlos con precisión a veces de cirujano. Pero ahora estaba confuso. Se forzaba en recordar su apego por la vida, su pasión vertida en forma de versos, pero las lágrimas no querían brotar.
Al fin y al cabo, pensó, ¿cuántos humanos habrán podido presenciar el fin del mundo?. Era un hecho excepcional y extraordinario. Tan único podía ser presenciar el fin, como haber presenciado el inicio. Y ¡ay del inicio! todo lo que se ha escrito, reflexionado, filosofado…
Se sintió embargado por un sinfín de emociones, y una extraña sonrisa se dibujó en su cansado rostro. Se dirigió a su escritorio y se sentó, encendiendo un cigarrillo. Tomó una cuartilla, y sus ojos reflejaron el blanco insondable de lo que había sido siempre su mundo, aquello que le impelía. Y como si de una amante se tratara, acarició con la palma de la mano su superficie, la inmensidad que aquella le ofrecía a cambio de su total entrega.
Fué en ese momento que comprendió. Las dudas que siempre le habían perseguido en cuánto a su vocación, habían desaparecido ante esta última hoja en blanco. Entendió que su voluntad era inequívocamente escribir el final de los finales, el fin de su existencia y de su amado mundo.
Con lágrimas de auténtica dicha, como nunca había antes vertido, empezó su último poema, aquel que relataría la existencia de un poeta, aquel que sería testigo del fin del mundo, el que respiraría el inicio de otros formas, de nuevas existencias. Estuvo escribiendo versos sin descanso, llevado por una mágica y poderosa energía, en lo que sería su poesía más extensa y bella; en la que cabía toda la naturaleza, todo el esplendor de una vida plena, toda la fuerza de su corazón enamorado de su tierra. Y así se acercó al final, tras horas de catarsis con su pluma, y su mirada enamorada de su infinita hoja en blanco….
… y el cielo azul estalló
en blanco furor,
y el mar se hizo ola
en abrazo eterno de la vida,
y de la tierra brotó
el espíritu de la poesía,
fundiéndose con las estrellas,
despertando en nuevos amaneceres.
LOUE





Gemma
Un fin del mundo abierto a la esperanza. Saludos pasados por agua Louise
LOUE
Muchas gracias Gemma por tu lectura y bella interpretación. Otro saludo entre burbujas !
Penélope
¡Precioso! Me ha encantado esa forma de narrar integrando el poema y dando sentido y cerrando la historia de una forma bellísima. Enhorabuena, Loue. Un abrazo.
LOUE
Muchas gracias Penélope por tu lectura, y tan halagador y motivador comentario. Un fuerte abrazo!
Quin
Me encantó. Contar mucho pero con una narración simple es un acto de generosidad para quien te lee.
LOUE
Muchas gracias Quin, quien es generoso eres tu por leerme y por tan amable comentario. Un saludo y nos leemos!
Mabel
Muy buen Cuento. Un abrazo Louise y mi voto desde Andalucía
LOUE
Muchas gracias Mabel por leerme y tu generoso comentario. Un abrazo!
GermánLage
Formidable, Louise; sólo la poesía, es decir, la belleza de la palabra, sobrevivirá al fin del mundo. Hermoso.
Un cordial saludo.
LOUE
Muchas gracias Germán por tu lectura. Siempre es un privilegio contar con tu apoyo, y mejor aún gozar de una síntesis tan hermosa. Un sincero saludo,
Terminus
Precioso
LOUE
Muchas gracias Charli, me alegra que te gustara ! Un abrazo,
Patricia A Galeano
Hermoso, Loue!!!
LOUE
Muchas gracias Patricia por la lectura, y tu estupendo y amable comentario. Un abrazo!
Klodo
El universo un buen día puede acabar, pero el saber decir y narrar como tú
tan bien lo haces perdurará.
Te leo con el placer estético de siempre, LOUE.
No te detengas
Saludos
Sergio
LOUE
Muchas gracias @sergiorodriguez por leer también mis relatos, y por tu generoso y bello comentario.
Un abrazo!