Deja Vu

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Entonces, súbitamente su alma se elevó y abandono ese cuerpo.  Con alegría y esperanza viajo al tan soñado hermoso lugar donde las almas descansan en paz eternamente.  Almas de Hombres.  Almas de Mujeres.  Almas de Niños.  Almas de Niñas.  Así leían los cuatro letreros perfectamente colocados, uno en cada una de las cuatro puertas, de aquel ya no tan hermoso lugar. Dos puertas estaban pintadas de color azul.  Dos puertas estaban pintadas color de rosa.  Indecisa, desorientada y atormentada por los pocos recuerdos que aun torturaban su memoria, el alma de aquel joven homosexual no sabía cuál puerta tocar, nuevamente sentía miedo de preguntar y suspirar.  Se desplomo en el infinito pasillo y contemplando sus muñecas, con la memoria fresca de la sangre espesa derramada para su liberación, aquella alma en pena recién acabada de llegar a ese desagradable lugar, deseo volver a habitar aquel cuerpo que le acompañaba y apoyaba siempre.  Acostumbrada al prejuicio infernal que una vez pensó abandonaría para siempre, se unió a las miles de almas que por pasillo errantes volaban, buscando en ese lugar aunque sea algún rincón donde cerrar sus ojos, y aunque sin paz, descansar.

Comentarios

  1. Mabel

    22 abril, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo Leo y mi voto desde Andalucía

  2. Edilberto Cauich

    28 abril, 2018

    Buen relato, me gustó. Aunque no apruebo ciertas cosas, no somos nadie para juzgar a los demás,porque puede ser que yo sea peor que otros, por eso considero que sólo debemos amar a todos por igual. Tienes mi voto!

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