Ourense, a 23 de Abril de 2018
Esto es una carta que hará viajar en el tiempo. Sí, no te pongas así. Has oído bien. Cuando la leas dentro de diez o veinte años te transportarás a mis veinte nueve que ahora tengo. Y sin máquinas ni pamplinas. Simplemente a través de la lectura. Con el mismo poder con que una foto nos lleva hacia atrás o una película futurista hacia delante. Entonces, me gustaría dejar por escrito qué es lo que pasa hoy por mi cabeza, qué me mueve y me preocupa un 23 de Abril de 2018 (Llevo cambiando la fecha varios días). Evidentemente, voy a jugar al despiste un poco. En estos tiempos que corren no es sabio dejarse conocer mucho, y menos por las redes sociales. Yo, de hecho, soy un rara avis. No tengo más que un correo electrónico y un teléfono que a veces me dan ganas de lanzar por la ventana. A veces bromeo con mis amigos sobre los rusos, bromeo, sí, ya. Y es que soy relativamente joven pero soy un poco suspicaz con la tecnología. No creo que hayamos mejorado los humanos como para saber utilizarla. Es como si a un chimpancé se le da un Ferrari en vez de un Twingo, con todos mis respetos por nuestros hermanos los primates (y los Twingo).
Ya he metido la pata mencionando marcas. Y eso que empezaba bien sin mencionar ningún nombre de red social, pero he caído. Quizás ya es difícil no hacerlo, con toda la publicidad que nos meten entre pecho y espalda. Soy un producto más de mis tiempos. Un producto del capital. Solo me falta un código de barras en el pescuezo, como he visto que algunos se tatúan en una crítica interesante. Una característica que quizás me defina es que trato de ir a contracorriente. A veces, me descubro manteniendo una posición que detesto solo por el placer de discutir algo. Otras veces doy la razón a todo quisque para que me dejen en paz, pues parte de mí también detesta a aquellos que discuten por discutir. Recuerdo en especial una noche en Edimburgo en que, con unos amigos, salí a dar una vuelta por la preciosa zona vieja de la capital escocesa. Resulta que uno de ellos, uno de mis mejores amigos de adolescencia, se puso a despotricar contra la iglesia. Por unos momentos le dejé ir pero luego me vi defendiendo que la iglesia nos ha modelado de tal forma que nos es imposible sacarnos esa influencia, ya es parte inherente de lo que somos y seremos. No solo hay ciudades que viven de catedrales e iglesias sino que también los paisajes reflejan esa realidad. Se ve también en las fiestas, en el calendario, en nuestros hábitos, etcétera. Y eso que yo nunca fui religioso ni estoy de acuerdo con la iglesia. Por llevar la contraria, ya tú sabes. De vez en cuando viene bien. Creo que la originalidad nace de eso, de pensar de modo diferente. Gracias al pensamiento original es que hemos evolucionado hasta ser los dueños del universo palpable (por los humanos).
Soy ciertamente menos impulsivo que antes. He dejado de fumar y beber como un loco ya hace unos años por un motivo u otro. Dejé de fumar por un neumotórax que me dio al levantarme de la silla en una biblioteca. Qué dolor. Lo importante es que ya no bebo ni fumo y es maravilloso. Es una maravilla no sentirse atado por las cadenas de esos hábitos. Recuerdo que a veces me desvelaba por las noches y me echaba un cigarrillo. Y lo de beber mejor ni hablar, tantas tonterías hechas, tanto riesgos y de herencia una memoria que no recuerda más que lo necesario para ir tirando. Dicen por ahí que la inteligencia es memoria, si esto es así, soy muy tonto.
¿Trabajo? Precario y preparando oposiciones mientras me planteo que lo mejor es hacer las maletas de nuevo, como tantos otros. Me corrijo, la maleta. No caeré en el error de viajar con más de una maleta. Lo necesario de verdad cabe en una mochila o una maleta pequeña. Soy poco materialista, la verdad. Volviendo a lo de la emigración, cada vez que paso delante de una biblioteca y veo a los chavales estudiando me pregunto si saben ya para quién están estudiando y me dan punzadas en el corazón. Ojalá encuentren trabajo de lo que les gusta cerca de sus mamas, así, a la italiana, o sus novias y novios. De verdad les deseo que no tengan que irse lejos para salir adelante. Pero la realidad es que uno estudia y estudia para pelearse por un puesto de camarero o hacer malabarismos con un sueldo. Sí, sin duda haré las maletas cuando esté en condiciones. Una vez pasen las oposiciones en dos mesecillos me plantearé en serio irme de este país. Movilidad internacional, dirá algún hijo de puta en vez de llamarlo emigración obligada. No me gustan los eufemismos. Tampoco el mal gusto. Supongo que lo mejor es la mesura. La virtud no está en los extremos.
En cuanto al amor. Llevo cuatro meses con una chica que viene del otro lado del mundo, como quien dice. Es simpática, inteligente, y todo eso que busca un hombre en una mujer. Aquí hay que tener cuidado porque estoy hablando de mujeres y no quiero que me echen a la hoguera por menos de nada. Hoy parece que somos más libres que nunca y es un error. Cada vez nos vemos más inhibidos. ¿Dónde quedó el humor negro? Hoy en día uno hace un chistecico y se le lincha públicamente. Hoy uno habla de las mujeres de cierto modo y a la hoguera. Todos los hombres a la hoguera, venga. Qué hipocresía. Veo, veo…¡mamoneo! Y que quede escrito en mármol que estoy de acuerdo en la igualdad entre hombres y mujeres. Pero en fin, no quiero meterme muy a fondo en esto. Quizás en otra epístola a los mamones y mamonas. Yo creo que dentro de cien años habrán censurado la mitad de las películas y canciones que hoy escuchamos y vemos (y en el caso del reggaetón guarro estoy de acuerdo). Será la era del puritanismo y la gente estará más tiempo callada por miedo a que se le tache de esto o lo otro. Bueno, no sé si me he explicado. Estoy seguro de que si alguien más lee mi carta me tachará de lo peor. En parte es por esto que no tengo redes sociales. En parte. Tal vez sea un poco de cobardía pero estoy muy cómodo, también hay que decirlo. Y aunque uno no las tenga, no está a salvo. Total, que quede claro que estoy favor de la libertad de expresión, que uno pueda decir abajo la monarquía y también que una mujer puede ser una zorra y un hombre un puto y el presidente de un país un inepto y yo mismo un cabrón contradiciéndose varias veces al día. Estamos con las sensibilidades muy altas, coño. Con lo bonito que es respetar varios puntos de vista…Pero basta.
Como puedes ver, me como la cabeza bastante. Y eso que he bajado el ritmo unas marchiñas. Otra cosa que he aprendido es que los problemas son relativos. Todo es relativo, en verdad. Un día leí que un famoso tenía un problema. Y es que ahora no podía hacer el amor en un coche. Y yo pensé, joder, vaya problemas que se gastan algunos. No sé cómo no tienen vergüenza de decir estas cosas en la televisión mientras se bombardean a niños en ciudades al otro lado del mismo mar que baña este país. No sé, me produce algo de repelús. Por eso me tomo las cosas con más calma. A veces me olvido las llaves en casa y pienso que es un desastre. Pero luego trato de contrarrestar ese pensamiento con el agradecimiento de tener un tejado bajo el que comer dormir tranquilo y se me pasa.
Otro tema que me preocupa es tener veintinueve años y aún no haber publicado más que un par de relatos en alguna revista. A veces estudio a románticos, esos que llevaron vidas de libro y murieron jóvenes. Ahora se vive más pero me dan envidia esos tipos. Ya sabes, viviendo al límite, escribiendo y muriendo jóvenes. Lo de morir joven lo tenía más encumbrado antes, ahora me apetece cumplir años. Cumplir años es aditivo y adictivo. Eso sí, quiero llegar bien a la tercera edad. Si he de llegar achacoso y dolorido por todos lados pues casi que prefiero irme antes, como cualquiera. Pero cumpliendo años seguramente cambie mi perspectiva. No lo sé. Ya me contarás. Y eso, con veintinueve años me gustaría vivir de la escritura. Me gustaría publicar algo de calidad, conjuntamente o no. Pasar un día por una librería y ver mi nombre en la solapa de un libro. Si a eso se le llama vanidad, que así sea. Simplemente quiero compartir lo que se me pasa por esta cabecita y mejorar la vida de algún despistado (y la mía, especialmente monetariamente). Que uno tiene que vivir de algo.
Nada más, de momento.
Cuídate,
Andrés Varela de 2018





GermánLage
¡Como que te sientes en una encrucijada y te gusta comerte el coco! ¿He, Andrés? No te preocupes tanto, que el camino se hace andando, y sólo al final puede uno reconocerlo.
¿Emigración forzada, dices? ¿Y por qué crees que los fenicios, los griegos o los romanos recorrieron todo el mediterráneo? ¿Por qué Marco Polo recorrió Asia? ¿Por qué yo salí de casa de mis padres con diez años y aún no he regresado a ella? ¿Por qué mis hijos viven uno en Bruselas, otro en Puerto Rico y el tercero en Alaska? ¡Coño, Andrés, que vivimos en la era de la globalización! ¡Que el mundo es una aldea muy chiquita, y tu yo del futuro va a pensar que eres un provinciano! Que, como dijo Pío Baroja, “la enfermedad del patriotismo (es decir, la morriña) se cura viajando”.
Un abrazo, Andrés; y, a ver si el mes que viene podemos tomarnos un cafelito juntos en Orense.
AVM
Buenas Germán! Si yo estoy de acuerdo con que viajar abre puertas y a mí me gustaría mucho vivir de nuevo en el extranjero. Pero no estoy de acuerdo en que algunos se aprovechen de lo que dices y oculten sus responsibilidades. Los políticos, vamos. Yo no soy nada patriota! jejeje. Pues claro que sí, avísame con antelación y nos tomamos ese café, sin duda.
Un abrazo, amigo!
Mariel
Me encanta tu carta para tu yo del futuro. Creo que todos los que sentimos tener pensamientos originales nos sentimos como “rara avis”. No deja de ser un don… aunque se paguen algunos precios por ello. Espero que tu yo del futuro lea con satisfacción tus sueños y vea un precioso camino andado. Mi voto y saludos.
Edilberto Cauich
Buen relato amigo, y muy cierto, fue como transportarse en el tiempo a tu edad, para poder entender lo que viven los jóvenes de hoy y comprenderlos, especialmente a ti. Tienes una vida por delante y hay que aprovecharla; tu lo estás haciendo muy bien escribiendo para expresar tus problemas, tu sentir, tu cosmovisión y viendo el futuro por delante. Te felicito y tienes mi voto!
Endika
Muy buen relato. Enhorabuena! Todos deberíamos escribir una cada x años