La muerte del «Huay pec»

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Actualmente, en Yucatán existen personas que practican el espiritismo, a quienes se les llama comúnmente “brujos”. Éstos por tener contacto con fuerzas infernales y demoniacas, se dice que tienen la capacidad de convertirse en animales para asustar a la gente, hacer maldad, o simplemente para molestar a los enemigos. A aquellos que se convierten en perros, se les conoce como “Huay pec” (en lengua maya perro se dice “pec”, y “huay”, “way” o “uay” es un vocablo maya, sinónimo de encantamiento, para designar un animal real o quimérico).

Se cuenta que en una comunidad llamada Petz Holbox, enclavada en la zona henequenera de Yucatán, en el centro de la Península, todos los martes y viernes, a las 24:00 horas o media noche, cuando todos los vecinos dormían tranquilos en sus casas, se escuchaba el aullar de todos los perros, ladrar desesperados y se les notaba muy asustados, como si vieran a algún extraño, o si percibieran la presencia de algo sobrenatural. Sea como fuere, el ambiente nocturno se tornaba aterrador.

Al escuchar los ladridos de sus animales, los vecinos, por miedo, no salían de sus viviendas de paja; al contrario, reforzaban las puertas y ventanas, porque sabían que algo diabólico ocurría afuera con el bullicio. Nadie se atrevía a salir a mirar lo que pasaba. Los más pequeños, acostados en sus hamacas y temblando, se cubrían la cara con sus sábanas, como para no ver ni escuchar nada.

Al amanecer, se contaban innumerables historias: algunos decían haber oído aullidos siniestros; otros, haber visto a un perro, color negro, mucho más grande de tamaño que los demás, que suponía a un animal venido del inframundo; y algunas personas decían encontrar excremento por las calles y en los patios de sus casas, donde supuestamente había cruzado el infernal ser. Nadie se ponía de acuerdo en lo que realmente pasaba esas noches; en lo que sí coincidían todos, es que se trataba del “Huay pec”.

Una de esas noches, Atanasio Ek, un vecino cansado del miedo que generaba el “huay pec” en su comunidad, se dispuso a acabar con él. Un martes cuando había luna llena, no durmió; esperó que dieran las 12 de la noche (24:00 horas), y cuando escuchó el ladrido desesperado de los perros, salió a la calle, armado con una escopeta calibre 16, que había preparado durante la mañana, limpiándolo minuciosamente, y poniéndole las balas suficientes, y en todo el día estuvo pensando que iba a salvar a su pueblo del terror de una vez por todas.

Cuando abrió la puerta de su casa y miró a la calle, pudo observar lo que ocurría, ya que gracias a la luna llena, había un poco de luz y no estaba completamente a oscuras, pero no daba crédito a lo que veían sus ojos: en frente de él se encontraba un perro de casi un metro y medio de altura, aproximadamente, parado en sus cuatro patas, que terminaban con largas uñas sucias, y caminando exactamente en medio de la vía pública, que en aquel entonces, era sólo de tierra, con muchas piedras, algunos charcos de agua y maleza por las lluvias. El aterrador ser era color negro, algo flaco, pero con mucho pelaje, y su mirada parecía fija, siempre de frente, viendo sólo su camino, con esos ojos muy brillosos por los reflejos de luz. Al paso del “huay pec”, los demás perros se retiraban, corriendo asustados y aullando, refugiándose en las casas de sus dueños.

Antes que el diabólico animal se alejara, el vecino enfundó su escopeta y disparó, siendo certero en su único tiro. Sin embargo, el “huay pec”, aunque cayó al suelo herido, se levantó inmediatamente, y emprendió frenético la huida, hasta perderse por las calles, en penumbras.

Al día siguiente, con pavor, todos los demás habitantes contaban lo sucedido la noche anterior y cómo, valientemente, Atanasio Ek, había disparado al perro infernal. También, en la comunidad les llegó la noticia de que en el pueblo vecino, llamado Chenché, amaneció muerto el señor Filiberto Uitz, conocido brujo y curandero, quien estaba desnudo y con huellas que llegó arrastrándose hasta su casa, ya que tenía tierra y raspaduras por todo su cuerpo y las manos muy dañadas. Al parecer había recibido un disparo de arma de fuego en el pulmón derecho, muriendo desangrado en el interior de su vivienda de paja, donde, al parecer, había podido subir a su hamaca antes de morir. Su muerte fue misteriosa, porque nunca se supo quién le disparó y porqué.

Después de estos hechos, en la comunidad de Petz Holbox no volvieron a saber del “Huay pec” y vivieron más tranquilos. Sin embargo, tiempo después, en este pueblo, como en otros del Estado de Yucatán, la gente sigue contando haber visto de nuevo al “Huay pec”, y siguen contándose miles de historias aterradoras.

Así se quedó la creencia de que los martes y viernes son días de “mala suerte” o cabalísticos, en los cuales los brujos hacen sus hechicerías, en contubernio con las fuerzas diabólicas.

Comentarios

  1. Mabel

    9 abril, 2018

    ¡Impresionante! Un abrazo Edilberto y mi voto desde Andalucía

  2. Mariano Azur

    21 abril, 2018

    Me gusto el relato. ¿Es real el mito del huay pec? Mi voto y saludo desde Mar del Plata

    • Edilberto Cauich

      21 abril, 2018

      Que bueno que te haya gustado. Es real el mito. En Yucatán muchas personas aseguran ver al «huay pec» todavía, por eso el relato se puede catalogar como leyenda. Gracias por tu comentario Mariano Azur.

  3. AVM

    29 abril, 2018

    Hola, Edilberto, amigo! Me ha enganchado tu narración. Me ha parecido una leyenda muy interesante, perfecta para contar una noche.

    Seguiré leyéndote. Un abrazo!

  4. veteporlasombra

    11 agosto, 2018

    Me gustó el viaje por los pueblos del Yucatán que nos ofreciste. Un saludo.

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