VENUS
El robot, con unas sensuales formas femeninas, bellos rasgos en el rostro y melena rubia de película antigua, respondía al nombre de VN-969. En realidad era la abreviatura de Venus 90-60-90, pero excepto el informático que eligió el nombre, según él, aleatoriamente, nadie la conocía por otra denominación. O quizás sí que había quien lo sospechaba , Susan Calvin, la intuitiva según sus jefes, la loca de los robots, según sus compañeros, la bruja, según sus subordinados, o simplemente, una mujer más inteligente que los hombres, según ella misma.
-¿Cómo te llamas?
-VN-969, señorita.
-No soy una jovenzuela, prefiero que me trates de señora y desde ahora para ti, soy la doctora Calvin.
-Pero no está usted casada.
-¿Cómo sabes eso? –Replicó molesta la robopsicóloga.
-Aparte de la falta de adornos o elementos identificativos de los casados, es absolutamente evidente por su posición y su comportamiento.
Dada la labor para la que había sido programada resultaba normal que reconociese a los casados por sus marcas externas, anillos o colgantes pero aquello de la posición y el comportamiento no era propio de robots.
-¡Ósea, que me ves como una solterona!
Susan Calvin nunca se había casado, ni siquiera se le conocían relaciones con hombres. Había quien opinaba que era lesbiana, pero la mayoría pensaba que simplemente odiaba a los hombres porque los consideraba inferiores, y eso es lo que más se acercaba a la verdad.
La robot, de desde ahora llamaremos Venus a secas, contestó rápido y con voz afable.
-Por supuesto que no. Es usted una mujer liberal que sólo depende de sí misma, una mujer inteligente que no necesita un hombre que la guíe, es usted una mujer con mayúsculas. Me encantaría tutearla, pero creo que eso no le agradaría…
-Y estás en lo cierto…
Contestó Calvin cortando la adulación de Venus bajando la mirada como un adolescente ruborizado y casi con vergüenza. Lo que le habían contado era verdad, aquello… aquella robot era diferente, tenía lo que andaban buscando desde hacía un año, en lo que habían invertido miles de millones, pero no lo tenía en la línea en la que la dirección de la empresa pretendía.
En la reunión con la dirección estaba presente Peter Bogert. Saludó a Susan Calvin como en los viejos tiempos, de modo frío y áspero. Desde el incidente de “Mentiroso”* no se habían vuelto a relacionar demasiado, todos salieron mal parados del asunto. Lenning, director desde la fundación de la empresa se había retirado, Bogert fue ninguneado y Susan se resintió en el plano sentimental, el más problemático para ella, dominaba muy bien la ciencia y la tecnología, pero muy mal los sentimientos.
*”Liar” Isaac Asimov (1941)
-Hola Susan, te veo bien.
-Hola Peter, te veo igual.
Este fue el saludo formal del uno con el otro.
El primero en hablar fue el presidente del consejo de administración, Scott Robertson.
-Nos hemos reunido de forma excepcional para tratar de hallar una solución al “problema” al que nos enfrentamos. Estamos a punto de conseguir lo que pretendíamos después de tanto tiempo, esfuerzo y dinero. Como supongo que habrán ya leído los informes que acompañaban la cita a esta reunión no me extenderé mucho sobre el caso. Tenemos un robot denominado VN-969, fruto de la nueva política de la empresa que empezamos hace casi dos años, que está muy cerca de las pretensiones originales con las que se inició ese proyecto.
Hubo algunas risitas entre los asistentes que fueron rápidamente sofocadas por la mirada inquisitoria del presidente.
-¡Señores! Un poco de seiedad. Esto es una empresa puntera en tecnología que obtiene grandes beneficios en el mercado, que genera muchas plusvalías. Todas las inversiones se hacen pensando en el futuro, la empresa y los beneficios, tanto los económicos como los sociales. No es para tomárselo a broma.
La aseveración era muy cierta y estaba en total consonancia con lo que era U. S. Robots and Mechanical Men Corporation, pero si algo de sarcasmo, por decirlo de alguna manera, tenía la situación. Todos los esfuerzos y gastos se habían encaminado en su mayor parte en lograr complacer las expectativas de los seres humanos varones, ya que el rechazo de los seres humanos mujeres había quedado patente desde el principio. Tanto que algún directivo que luego tuvo que dimitir, se atrevió a declarar que era normal que las feministas se opusieran, “quien quiere competir algo que tiene todos sus virtudes pero ninguno de sus defectos” en clara referencia a la competencia que un robot femenino podía hacer a sus imitadas.
Y cuando por fin consiguen un robot que tiene tendencia sexual, que realmente le gusta el sexo y que resulta humano desde ese punto de vista, les sale “tortillera”, como jocosamente la apodaron los técnicos que la estudiaron justo después de salir de la cadena de montaje. Nada más entrar en el laboratorio de matemáticas, donde se hacen las primeras pruebas y se descartan los modelos defectuosos o que no se ajustan a los parámetros de fabricación. Nada más entrar VN-969 se insinuó a la matemática más cachonda del grupo de estudio que la examinaba y de la cual estaban enamorados todos los matemáticos varones. Sus tendencias sexuales resultaron muy evidentes, los robots no pueden mentir ni falsear sus emociones, que en ellos son más bien reacciones producidas por su programación, en virtud de la segunda ley de la robótica, con lo cual, la matemática cachonda se puso roja de vergüenza al ver como aquel curvilíneo robot de seductora voz, que para ella sólo era una máquina, le acariciaba el culo y le decía palabras obscenas al oído, rodeada de la envidia de sus compañeros, alguno de los cuales seguramente era el responsable de introducir las palabras en la memoria del robot mientras pensaba en su compañera. Aunque en ese momento Venus no sabía el significado real de esas palabras, ni en que ambientes reales se utilizaban, pronto aprendería a distinguir los contextos, ya que una de las virtudes de los cerebros positrónicos es su flexibilidad y su capacidad para el aprendizaje, se les programa con todos los datos necesarios para la función para la que han sido creados, pero la forma de utilizarlos es fruto de una “educación” posterior, que dura muy poco tiempo habida cuenta de la capacidad de sus mentes para la asimilación de datos. Algunos de los modelos que se hacían para las grandes corporaciones, eran “educados” en la empresa receptora según sus propias necesidades.
-Que asquerosidad. -Pensó Susan Calvin mientras leía el informe que le había llegado con la cita a una reunión urgente y extraordinaria –Para una mujer inteligente de verdad que hay en medio de esa panda de superdotados infantiles y salidos, tenía que ser ella, la que experimente el “éxito” del proyecto.
El presidente del consejo seguía hablando.
-Como pueden ver, los estudios preliminares del caso que nos ocupa indican que una las muchas variables que se han ido introduciendo en el proceso de creación de este modelo de cerebro positrónico ha tenido un relativo éxito, ya que si bien el robot en cuestión tiene las características que veníamos buscando, tendencia sexual y sensibilidad para la relación carnal, desgraciadamente, no se ha conseguido que sea en la dirección que los esfuerzos y las inversiones requerían. Pero lejos de desanimarnos, esto nos apremia a seguir por ese camino. Claro que ahora que hemos tocado la tecla adecuada debemos afinarla. Y para el trabajo de afinación, desde la dirección de la compañía, creemos que nadie mejor preparado ni más adecuado que la doctora Calvin, que a lo largo de su dilatada carrera en nuestra empresa ha dado siempre muestra más que suficientes de saber cómo resolver estos conflictos.
Acto seguido, fijó su mirada en la robopsicóloga mientras un rumor se extendía entre los presentes, acostumbrados ya a que les convocasen a consulta cuando las decisiones estaban tomadas. Aun así, nadie osaría oponerse a tal decisión, primero porque era una decisión de arriba, y segundo, porque nadie dudaba que Calvin era la persona más cualificada para tratar el problema. Otra cosa es lo que cada uno de ellos opinaba sobre la doctora, única mujer en aquel conclave.
Robertson esperaba que Susan hablase al ser señalada, pero como siempre, a ella le gustaba crear ambientes tensos y molestos. Quedó callada unos interminables segundos, hasta que el murmullo cesó. Se puso en pie lentamente, sin prisa, le gustaba el nerviosismo que provocaba en sus compañeros y también el dirigirse a ellos por encima de sus cabezas, como demostrando su superioridad sobre ellos.
-Estoy de acuerdo en que soy la más preparada de los presentes, o puede que la única con conocimientos e experiencia suficientes, para discernir qué le pasa a un cerebro positrónico que se sale de la norma. Pero también soy consciente que estos casos suelen ocurrir cuando se varían los procesos de fabricación de estos sofisticados cerebros, ya sea de manera fortuita o por motivos empresariales, como es el caso. Supongo que están ustedes al corriente que yo nunca estuve de acuerdo con las variables que se introdujeron en el proceso de fabricación, que no modificaban la parte fundamental, lo que representan las tres leyes, pero que producían alteraciones de difícil previsión en el futuro. Como bien ha dicho el presidente, he tenido que enfrentarme en múltiples ocasiones a cosos como este, así que acepto el reto. Aun no tengo formada una opinión de que funciones de ese cerebro provocan las “desviaciones” que presenta, pero tengan por seguro que lo averiguaré.
Durante un segundo Scott y Bogert intercambiaron una mirada cómplice.
La sesión se cerró con el compromiso de mandar el prototipo VN-969 al laboratorio de la doctora y con el eco de la palabra “desviaciones” que había pronunciado Susan Calvin retumbando dentro de las cabezas de los presentes.
Peter Bogert se acercó a ella en la puerta de salida y le susurró al oído con todo el cinismo que pudo.
-Estoy seguro que este caso te va como anillo al dedo.
Susan sonrió y le contestó en voz alta, para que la oyese todo el mundo.
-No te preocupes, Peter, en cuanto descubra como aplicar esta anomalía a la construcción de meretrices robóticas, tú serás el primero en recibir una, con un programa especial de acicalado de cabello aceitoso.
Instintivamente, Peter Bogert no pudo evitar pasar su mano por su cabeza para cerciorarse que su cabellera seguía intacta y alisada.





Mabel
Muy buen Cuento. Un abrazo Marco Anton y mi voto desde Andalucía