Resúmenes mudos

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De todos los matices del silencio, era quizás su manera de no hablarme el que más me apaciguaba. Solíamos mirarnos mucho, y casi podría atreverme a asegurar, que ambos creíamos entender, lo que sea que creyésemos que le estaba sucediendo al otro.

Por lo general, nos veíamos por la tarde a la salida del curro, cuando por alguna razón, ambos teníamos la tendencia de ir a disfrutar del atardecer, en el parque costero.

La primera vez que la vi, estaba sentado en el mismo banco donde siempre (o casi siempre) suelo sentarme, leyendo el periódico como acostumbro, y no pude evitar deleitarme con lo bello de su aparente simpleza. Tenía un andar tan seguro…de esos que no precisan de alardes, de los que se atreven a ser discretos sin timideces, de esos que tan siquiera piensan en que exista algo que deban ir demostrando. Mis ojos hipnotizados se pegaron en los suyos, y casi con certeza, desperté en ella la sospecha de mi atracción; me miró ella también, y respondió a la involuntaria intromisión de mis ojos con una sonrisa simpática de aires burlescos, y esta vez sí, dejó escapar como si nada, un leve dejo de timidez.

Nos acostumbramos ambos a mirarnos a los ojos durante los cruces de su andar, repitiendo ahora intencional, la rutina de mi reverencia invitadora y sus cortesías que aprobaban con sonrojo, mi evidente pero respetuoso cortejo.

Al cabo de un tiempo, se atrevió a sentarse en el banco frente al mío. Me dio a conocer su agrado con un gesto amable, sacó un libro del bolso y leyó durante casi una hora y media. Quise decirle algo, no sé qué, lo que fuese que diera paso a una conversación, pero de alguna manera deduje que había marcado el limite al sacar rápidamente el libro, porque aunque me llamaba mucho la atención y sentía una evidente atracción hacia ella, era mayor mi temor a invadirle.

Así fue pasando el tiempo, y si bien, habíamos mediado palabra, tal vez tres o cuatro veces durante esos nueve años, estaba muy práctica en eso de andar levantando muros de silencios. Nos teníamos cariño, estoy seguro. Nos conocíamos de algún modo abstracto, pero lo más importante, nos respetábamos. Las tardes en el parque eran ahora algo más que pasar el tiempo, era una rutina que sobrepasaba por lejos lo agradable, algo tal vez extraño, pero sin duda especial; y aunque al cabo de poco tiempo, mi interés romántico por ella se fue desvaneciendo, siempre esperaba ansioso la hora de nuestro encuentro.

Sé que ella también se sentía a gusto con mi compañía. Lo puse a prueba una de tantas tardes; cambié repentinamente de banco… y sé que me buscó. Apareció de pronto como si nada hubiese cambiado, se sentó en el nuevo banco frente al mío. Como cada tarde, sacó un libro de su bolso. La quedé mirando esta vez con mis ojos encimados con picardía sobre el periódico abierto, ella levantó también su mirada para enfrentarla a la mía, y sacudiendo apenas la cabeza, hizo notar su reclamo con esa mueca burlesca que la caracterizaba. Nos quedamos mirando desafiantes y sonrientes por un momento y luego, cada cual a lo suyo.

  El día que encontré aquél libro abandonado en el banco frente al que suelo sentarme, cuando lo abrí y vi esa carita sonriente dibujada a lápiz como una dedicatoria en la primera página en blanco, enseguida comprendí que jamás la vería de nuevo.
  De vez en vez, la recuerdo con nostalgia. Repaso por partes nuestra amistad silenciosa cuando me dejo caer en la cama, y no siento que faltaran palabras, creo incluso que sobraron algunas, y aunque tengo la certeza de que nunca, nunca, nunca, volveré a vivir algo tan especial, el recuerdo de ese algo en su mirada, logra llenar mi pequeño vacío.

Comentarios

  1. LOUE

    4 abril, 2018

    Me ha gustado mucho tu relato Santiago, muy romántico !. Un cordial saludo,

    • Santiago Etcheverry

      4 abril, 2018

      Gracias LOUE. Me alegra mucho que te guste. La verdad es que me cuesta soltarme con lo romántico y me estoy practicando a medida que puedo.

  2. Mabel

    4 abril, 2018

    ¡Qué hermoso! Un abrazo Santiago y mi voto desde Andalucía

  3. Fiz Portugal

    5 abril, 2018

    Es puro romanticismo. He disfrutado leyendo tu relato. Felicidades. Tiened mi voto y te sigo.

  4. Lautadg

    6 abril, 2018

    Muy bueno Santiago, te dejo mi voto y te sigo, abrazo grande!!

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