El barco, la flor y la niña

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Quién sabe de dónde vengo. Carezco de equipajes, solo cuento con unos pocos sentires bastante confusos. Las personas me reconocen e incluso me han dado nombre. Han ido a inscribirme al lugar donde inscriben gente y un documento rojo dice lo que soy.

No sé cómo llegué aquí, cuando miré hacia fuera me encontraba dentro de un cuerpo. Es el cuerpo de una niña. Tampoco sé cómo llegó ella aquí. La veo desde dentro, a veces la siento también: ella ansía salir fuera para comprobar si las flores que ve desde aquí tienen la textura que aparentan y poner un barco de papel sobre el agua que corre por la zanja de la acera para ver qué tan lejos llega, pero esa vez no la han dejado, ni la próxima. Luego le hacen esos rizos horribles y se sienta a esperar a una mujer que no siempre llega.

Como el exterior no es seguro, el papel es toda la libertad que necesita y hace casas y puentes y ciudades. Le han construido una hamaca con una tabla naranja, últimamente es su lugar preferido. Hoy vienen a traerle jugo, pero ella sabe que es medicina. Está cansada de tomar medicina, hace que le tiemblen las manos. Anoche no estuvo bien, hubo que cambiarle las sábanas y guardarle los muñecos. La han llevado al médico, pero el olor a mar en el viaje ha sanado sus pulmones y un poco el corazón. Sabe que no le queda mucho y quiere tocar la flor y soltar el barco, hoy tampoco la han dejado.

Le gusta pasar tiempo sobre la tabla naranja. Ahora son mucho más interesantes sus días. Escondida, sobre una silla, sin que nadie la vea, ha bajado un libro grande sin carátula y con polvo. Está en otro idioma, pero repleto de pinturas; su preferida es la de las tres niñas en el bosque con coronas de flores. Sin duda ese es uno de sus libros preferidos. Pero hay otro, uno muy especial, el más especial de todos porque hay un hombre que habla diferente a los demás y le enseña lo que quiere ver y le pide un favor. Ella cree que el hombre de ese libro es su amigo, su único amigo.

Ya casi no puedo ver hacia fuera, solo percibo algunas cosas. La niña se siente mal, sus pulmones suenan como la desesperación. Busca la mano de la mujer que no siempre llega y queda poco tiempo, lo sé.

Solo estoy yo, la niña se ha ido, también la tabla naranja y el libro de pinturas. Lo siento por ella, nunca le dieron permiso para tocar la flor ni arrojar el barco. Quizá debí hacer algo por ella, decirle que estaba aquí dentro, que la flor es tan suave como se la imaginaba y el barco de papel puede durar en el agua de la zanja el tiempo suficiente como para creer que es un barco de verdad.

Comentarios

  1. Mabel

    25 mayo, 2018

    ¡Qué maravilla! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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