El caos de la bibliotecaria

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La anciana caminaba despacio por la calle yendo a la biblioteca caminando tranquilamente por la calle, se chocó con un hombre que iba con gabardina, sombrero y fumaba en una pipa mientras sujetaba un lupa con la otra mano. El hombre se disculpo pues estaba absorto en sus pensamientos y no la vio.

Llegando a la biblioteca vio a tres hombres con una túnica en la que se veía la flor de lis y un adolescente a su lado vestido como un pobre pueblerino, todos ellos cruzaban sus espadas antes de enfrentarse a la policía que a ellos se les acercaba.

Cuando llego al edificio en el que se encontraba la biblioteca vio como la ventana que se encontraba al lado de la puerta estaba abierta. Mientras metía la llave en la cerradura abriendo la puerta y rezaba porque nadie se hubiera colado por la noche vio, salir por la ventana a un niño muy ágil que salió dando una voltereta, el chico iba vestido con unos ropajes todos verdes y un gorro del mismo color. Se quedó atónita mirando al chico que casi la arroya un hombre con túnica roja y un gran sobrero negro con plumas en este, que tenía un extravagante bigote y un garfio en una mano y en la otra una espada. El hombre salió corriendo gritando detrás del chico.

La mujer abrió grandes los ojos pues tenía una sospecha de lo que había pasado.

Paso el mostrador que había justo al entrar, que detrás tenía una puerta la cual estaba entreabierta. Cuando abrió por completo la puerta, vió la sala con estantes en las paredes, con miles de libros en estos, aunque muchos estaban en el suelo. Y en la sala había muchas personas creando un caos, había tres niños uno pelirrojo, una rubia y el otro moreno con gafas, los tres con varitas; también había dos enamorados en una esquina intentando pasar desapercibido para que sus familias no les viesen; había un profesor que llevaba un criptex de Leonardo Da Vinci que hablaba con un detective belga que llevaba bigote, sombrero y bastón. Pero la mujer centro la mirada en un hombre que estaba aterrado en una esquina que llevaba un pasamontañas y estaba atado mientras varios niños gritaban a su alrededor.

La mujer le dijo que aquí no hacía falta robar, pues el conocimiento de un libro es gratis para todo aquel que quiera sumergirse en él.

Comentarios

  1. Mabel

    24 mayo, 2018

    Muy buen relato. Un abrazo Julio y mi voto desde Andalucía

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