El espejismo

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La fotografía en su mano, hablaba de una historia que desconocía. Sabía quién era él, nadie se lo había dicho, pero lo sabía. Esa foto, era como un rompecabezas, el de su propia vida. Sus ojos buscaban pistas que no encontraban, motivos que la imagen no le entregaba. Era un enigma difícil de descifrar. Existió un momento de coincidencia, una noche de tres, única e irrepetible. Lo qué pasó después… ¿Cómo saberlo? Eran “cosas de mayores”. No se animaba a preguntar. El resto de las fotografías contaban una historia diferente, con solo dos protagonistas: mamá y él. Aquel hombre no estaba incluido, y cualquiera fuese el motivo de que no hubiera más fotos como esa en la casa, era demasiado difícil de entender para un niño de ocho años con miedo a las respuestas.

 

 

 

 

 

Con la vuelta de la democracia, Misiones se transformó en una de las provincias con bipartidismo más marcado en la república Argentina. La elección de gobernador del 87 encontraba a la Unión Cívica Radical con el mandato provincial a manos de Ricardo Barrios Arrechea, ganador de las primeras elecciones después de la dictadura; pero el partido Justicialista había ganado adeptos en los últimos tiempos, fortaleciéndose para la pulseada política y apostando sus ilusiones al medico apostoleño Julio Cesar Humada.

La noche del 5 de septiembre, día anterior al señalado para la elección, el pequeño pueblo de Wanda se encontraba revolucionado. Todos sus habitantes estaban en las calles, y la preferencia política era el tema principal en todas las conversaciones. Entre todas esas personas que se paseaban por las calles del centro, o lo que funcionaba como tal, se la podía ver a ella; sin desvelarse por el contexto político que la rodeaba, viviendo una realidad distinta. En su mundo Arrechea no influía, ni era Humada una posible solución, pero les estaba agradecida por haber facilitado sus mini vacaciones. Si bien su decisión de asentarse en Buenos Aires, tomada meses atrás, seguía siendo firme, eso no se había traspasado aún al domicilio que acusaba el documento, por lo que debía cumplir sus obligaciones como ciudadana misionera. Sin dudas, apoyar al justicialismo (herencia familiar), no fue el motivo principal para aceptar la propuesta del concejal, sino el simple hecho de estar unos días en la tierra que amaba, junto a su gente. El viaje en micro de larga distancia facilitado por el político, para ella y David, valía la pena, aunque su permanencia solo fuera por unos días. Con trabajo esperando en la capital, no podía extenderse en su visita.

De ser por ella se hubiese quedado en la casa de su hermana, pero cuando la caravana se hizo sentir a solo unas cuadras, cedió ante la insistencia de Sofía. Cargó a David en su cochecito, y los tres salieron a mezclarse entre la gente. La caminata fue lenta y pausada, digna de quien está disfrutando cada paso. Era una de esas noches donde no dominaba ni el frío ni el calor, ideal para caminar. Distraídas, entre risas y saludos, se dirigieron involuntariamente, hacia el acto no oficial que la caravana realizaba en el centro. Ella miraba a David, que se notaba sorprendido de ver tantas personas a su alrededor (muchas de las cuales de a ratos lo pedían prestado, lo sostenían en sus brazos y lo devolvían a su trono con ruedas), cuando notó que también estaba siendo observada. Al levantar la vista y seguir las huellas que deja esa sensación que se siente cuando alguien te mira, se encontró con los ojos de José, parado a escasos metros de ella, incrédulo de verla allí con el niño, su hijo. Fue como si el encuentro hubiese sido pactado de antemano, aunque ellos nada supieran el uno del otro. Aquella noche el destino decidió hacer de Cupido, pero no entre él y ella, sino entre un padre y su hijo lejano.

José se acercó a ellos con una sonrisa, saludando primero a Patricia y luego al gurí. Después pidió a la madre permiso para sostenerlo en brazos, mientras iniciaba la conversación acerca del viaje, y las elecciones del día siguiente. Para David solo era otra persona que lo levantaba, él, cercano al año de vida, solo reconocía a Mamá y algunas personas de Buenos Aires, pero de todas formas sus ojos estaban más grandes que nunca, y por cordialidad infantil, le regalaba una sonrisa de vez en cuando. De haber sabido que era su papá, de haber entendido lo que eso significaba, hubiese escuchado atentamente las palabras que aquel hombre le decía mientras lo sostenía y seguramente le hubiese hecho muchas preguntas. Pero todavía no sabía preguntar, solo se guardaba de no perder de vista a mamá, quien le daba seguridad, y de regalar miradas de asombro o sonrisas de bebé, cuando alguno de esos seres similares a él pero de mayor tamaño se acercaba.

Muchos ojos estaban puestos sobre aquel encuentro. Todos conocían a José y muchos a Patricia, pero el sujeto del cochecito era nuevo en el pueblo. Sin embargo nadie se asombraba al saber su procedencia; después de todo, José estaba implicado y ya sabían cómo era; aunque algunos solo para sacarse las dudas sometían al niño a una prueba elemental e irrefutable: se acercaban y utilizando el borde de la mano, levantaban el cabello del niño para apoyar la palma en su frente. Una vez hecho esto se retiraban.

—Si… es hijo de José —decían riéndose mientras se marchaban, por la alusión a las entradas del padre.

Mientras José y Patricia hablaban, el joven observó que estaba cerca de ellos un fotógrafo amigo, y por medio de señas le pidió que les sacara una fotografía. Él accedió, corrió a la gente, e inmortalizó aquel momento con su cámara. Después se fue, dando por descontado que José sabría donde recoger la fotografía.

Cuando el acto terminó, una gran parte de la gente siguió a la caravana rumbo a Iguazú, entre ellos, su hermana Sofía, que no quería perderse el festejo. Patricia, mucho más cansada y con el muchachito del trono azul notablemente agotado, emprendió el regreso a la casa de Nola, la hermana que la alojaba en esta ocasión. José se ofreció a acompañarla y ella aceptó. En el camino él volvió a ofrecer darle al niño el apellido, y ella volvió a negarse, aludiendo que las cosas estaban bien así, David ya tenía su apellido, y con eso bastaba. Como segunda opción, el pidió los datos del pequeño para abrirle una caja de ahorro, pero tampoco esto fue aceptado.”No es necesario por ahora”, replicó ella. Cuando faltaba poco para llegar, la madre oyó una voz que la llamaba a sus espaldas. Al voltear vio a Pinaco, el joven hermano de José, venir de prisa tras ellos. Cuando los alcanzo le dijo:

—Mi mamá quiere que la esperes… porque quiere conocer a su nieto.

—Sí… está bien —respondió ella.

Este gesto de la madre de José la lleno de alegría y agradecimiento, porque ellas no se conocían, pero sin embargo había aceptado que David era su nieto, sin poner algún manto de dudas, ni pedir pruebas, solo confiando en su palabra. Si alguien quería a su hijo, era poseedor de su aprecio. Cuando la abuela llego hasta la joven madre y su niño, no le alcanzaron las palabras para disculparse por no haberle dado a la situación otro trato.

— ¡Es que nosotros no sabíamos hija! ¡Nos enteramos después de que te fuiste! — Le repetía apresuradamente —Tu hijo y vos van a ser siempre bien recibidos en mi casa… cada vez que vengas quiero que me lo lleves para que lo pueda ver —le dijo y le pidió.

Patricia no cabía en su asombro por la forma en que aquella mujer la trataba, y asentía a casi todo lo que le decía. También le causó gracia las veces que trató a José de “chanta” e “irresponsable”. Luego de aclararle que no importaba lo que pasara entre ella y su hijo, siempre sería recibida como parte de su familia, la abuela de David beso a su nuevo nieto y todos se separaron. Cada uno hacia un destino diferente, a convertirse en los protagonistas de álbumes distintos.

Finalmente, el 6 de septiembre, Patricia se presento a votar como estaba previsto. El P.J. comandado por Humada ganó las elecciones por un 47.5 % a 46.5% de la U.C.R, aunque el triunfo no le alcanzó para controlar el poder legislativo, que continuó en manos del radicalismo, que con pericia partidocrática intentaba impedirle gobernar. Sin embargo, este fue un triunfo de mucha importancia, ya que desde aquella elección del año 1987, comenzó una hegemonía del partido justicialista, que ganó todas las elecciones en la provincia de allí en adelante, delegando al radicalismo a un segundo lugar.

Los resultados alegraron tanto a Patricia, cómo a José, en otra de esas esporádicas coincidencias a lo largo de sus vidas.

 

 

Ante la falta de respuestas el niño dejó la fotografía entre las otras decidido a condenar al silencio sus dudas, a continuar con su abstinencia de preguntas. Esa foto, representaba un espejismo: se veía como una familia real, uno podía estar seguro de su existencia, pero cuando él quería abrazarla, simplemente desaparecía… como el falso oasis que engaña al peregrino en el desierto cuando la sed lo agobia.

Comentarios

  1. Mabel

    23 mayo, 2018

    Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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