Tengo algo que contarte, para mí es de bida o muerte, nesesito tu alluda. La cosa es hací, apelo a tu umanidad, no importa si sos begano o no te importan los animales, ni tu rasa ni tu relijión.
Me lo contó un caracol, verde por el musgo, en las orillas de un lago artificial, consternado, profundamente preocupado:
—El mundo se está muriendo por causa de los eruditos, por los sabios y entendidos, por los que tienen la fortuna o el logro de saber.
Parece una idiotez, pero es verdad. Hoy todos nos gloriamos por lo que el otro no tiene, por lo que aún no conoce o por lo que nunca conocerá. Lo juzgamos todo, sin importar los contextos, sin pensar que tan apretados están sus zapatos. Una vez que aprendemos o superamos algo, nos sentimos dignos de crucificar a los que son como éramos; nos sacamos con esfuerzo el barro de los pies y sentimos que podemos llamar “negro mugriento” al que todavía está empantanado.
El mundo se está muriendo por la superpoblación de eruditos sin memoria y jueces en distintos niveles, que saben cómo debería hacerse todo, que podrían jugar mejor, enseñar mejor, gobernar mejor, educar mejor, vivir mejor… pero por algún motivo a pesar de tener tantos polímatas todo se está yendo a pique, y los seres humanos, los pocos que quedan, parecen estar condenados a la extinción.
Necesito ayuda, necesito desaprender, olvidar todo lo que sé o creo saber, y pensar más en el que tengo al lado sin mirar su apariencia, sin etiquetarlo a golpe de vista. Necesito interesarme, que me duela, más allá del concepto y la letra. Necesito imperiosamente pasar por alto el primer párrafo, o mejor aún, que me interese de él, lo realmente vital e importante. Porque de nada sirve saber cómo se escriben las palabras: : “vida”, “ayuda”, “así”, “humanidad”, “vegano”, “raza”, ni “religión”; ni saber con profundidad el significado de todas estas y otras cosas, si no podemos prestar atención a la necesidad del que tenemos en frente. Allí radica el problema del mundo. Nos sobran eruditos y casi no nos quedan humanos.





LOUE
Qué interesante reflexión Leonel. Aunque creo que el verdadero erudito o sabio no juzga, sino que cuestiona constantemente su propia existencia (acabo de leer un texto de Erodora que lo muestra), y a mi parecer faltan pensadores que eleven las perspectivas del horizonte humano. Con esto no rebato tu interesante texto, solo matizo lo que para mí debiera ser un erudito. Un abrazo y enhorabuena por tan hermoso escrito.
Gemma
Me gusto encontrar esta reflexion. Un saludo.
Nerahk
Excelente! Saludos
Mabel
¡Excelente! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
JR
Al leer “bida” supe que estaba leyendo algo muy bueno y diferente.
Leonel Insfrán
Creo que das en la tecla @LOUE , ya que el texto no habla de verdaderos eruditos, ni de verdaderos sabios, sino de quienes creen serlo basados solo en conocimientos (entre los cuales yo mismo, incluso sin conocimientos, debo incluirme cuando me gana la soberbia). Un abrazo, y gracias por tu enriquecedor comentario!
Leonel Insfrán
Muchas gracias @Gemma !!! Un abrazo!
Leonel Insfrán
Muchas gracias @Nerahk !!! Saludos!
Leonel Insfrán
Muchas gracias @Mabel!!!
Leonel Insfrán
Gracias @JR pero no me tengas tanta fe desde el principio, que después meto la pata y te descepciono jaja Un abrazo!